FICHA TÉCNICA



Título obra Viaje de un largo día hacia la noche

Autoría Eugene O’Neill

Dirección Carlos Ancira

Elenco María Eugenia Ríos, Claudio Brook, Oscar Morelli, Miguel Ángel Ferriz, Graciela Bernardo

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Viaje de un largo día hacia la noche ”, en El Día,24 junio 1977, p. 28.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Viaje de un largo día hacia la noche

Malkah Rabell

Nos hemos olvidado de O'Neill desde un tiempo excesivo. Lo hemos abandonado en la sombra, opacado por Miller y Williams, por Ionesco y Beckett, desde muchos años. Hoy vuelve en una reposición, en el Polyforum Siqueiros, más actual que nunca. El tiempo no ha dejado ni una mota de polvo sobre esta obra suya escrita por los 1941. Quizá al contrario. Hoy se nos hace más cercana que en los días de su estreno. En aquellos días el público miraba el drama de la drogadicción como algo lejano.

En aquellos días muy pocos espectadores lo han vivido en su propia carne o en su propio hogar. Hoy, de cada 5 espectadores, 2 lo han sufrido de una manera más o menos cercana. Para Eugene O' Neill fue su adolescencia despedazada por la entrega a la morfina de su madre; hoy, son los padres que sienten sus ánimos ensombrecidos por el constante peligro, tan cercano, que amenaza a sus hijos.

Pero el problema no sería suficiente; el tema autobiográfico, de los cuatro "atormentados Tyrone"; padre, que como el progenitor del mismo O'Neill es medio comediante y medio campesino irlandés; 2 hijos, uno escritor en formación, el otro vagabundo excesivamente inteligente para aceptar en silencio el naciente fulgor de un hermano menor, futuro genio y desde niño preferido por el padre y mimado por la madre; y por fin ésta, que busca el olvido de inventadas desdichas como excusa para usar la droga; ¡no!, tampoco el tema sería suficiente si el arte del dramaturgo desconociera el manejo de los elementos escénicos, Y Eugene O'Neill maneja a sus 4 protagonistas con mano maestra, con unos hilos imperceptibles, Les insufla una vida propia, como si ellos por voluntad propia hubiesen elegido sus palabras, sus caminos, su conducta y su destino.

Parece que los 20 ó 25 años desde su estreno en México bajo la dirección de Xavier Rojas en el Granero no hubiesen pasado. El texto sigue tan lozano como antaño. Y la dirección actual de Carlos Ancira no hace añorar la anterior –pese al éxito que entonces fue, y pese al dicho que asegura que nunca segundas partes fueron buenas. Tampoco la actuación de María Eugenia Ríos hace extrañar la anterior de Isabel Corona. En el papel de la morfinómana, mujer ya madura que sigue conservando el amor de su marido y el apego de sus hijos ya adultos, María Eugenia Ríos, resulta físicamente muy adecuada, con su hermoso rostro y sus actitudes de mucha femenidad. En cuanto a su arte de comediante, se muestra más actriz que nunca (infinitamente más actriz que en la Nora, de la Casa de muñecas), reflexiva y sensible a la vez, con una actuación muy contenida, muy por dentro, subjetiva, que nunca cae –como sería extremadamente fácil en semejante papel– en el melodramatismo. En el papel de James Tyrone, el marido Claudio Brook, tiene tal semejanza con Augusto Benedico –quien en la primera versión realizó el mismo papel–, tanto en su aspecto físico como en el uso de la voz, que a menudo me olvidaba de quién se hallaba en el escenario. Excelente creación, la de Brook en este personaje difícil, de múltiples facetas, que no se sabe nunca si es sincero o actúa. Oscar Morelli, en la interpretación del hijo mayor, Jamie, ha demostrado –para mí, sorpresivamente– que es un actor a carta cabal, con una gran naturalidad tanto en los momentos humorísticos, como en los dramáticos. En cuanto a Miguel Ángel Ferriz, pese a su juventud, es ya mucho más une realidad que una promesa. Aun cuando en un papel episódica, sin grandes posibilidades de lucirse, la joven Graciela Bernardo, resulta muy agradable y muy actriz.

Una puesta en escena que supo manejar el conjunto interpretativo con limpieza y disciplina, que supo darnos una imagen desgarradora de este drama familiar, que adquiere rasgos universales, sin que jamás se notara la mano directiva, ¿qué más se puede exigir de un director?

Y al salir oí una voz femenina que comentaba entre el público: "Que contenta estoy de haber venido" ¿Qué más halago se puede decir de una representación?

También yo me alegré de haber visto esta representación, aunque sea mucho después de su estreno.