FICHA TÉCNICA



Título obra El año próximo, a la misma hora

Autoría Bernard Slade

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Silvia Pinal, Héctor Bonilla

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El año próximo, a la misma hora en el Manolo Fábregas”, en El Día, 25 marzo 1977, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El año próximo, a la misma hora en el Manolo Fábregas

Malkah Rabell

Pese a su largo título, la comedia de Bernard Slade no es larga, y sobre todo no se nos hace larga. Es una comedia no sólo simpática y muy hábilmente estructurada para dar a dos actores la posibilidad de crear diversos tipos sin dejar de ser los mismos personajes –cambios que según el autor se deben a la edad, y también a las transformaciones políticas, sociales y económicas del país–, sino con un tema bastante original. Ya es bien conocida la amargura de la mujer soltera ligada a un hombre casado, que "ama" su hogar, "respeta" a su esposa legítima, y a la amante le consagra un viernes por semana, sus celos y sus complejos de culpa. También es bien conocida la fidelidad "moral" de los cónyuges anglosajones, aunque se pongan mutuamente una ornamentación en la cabeza. El año próximo a la misma hora, comedia muy norteamericana por la psicología de sus protagonistas, cambia en cierta forma la rutina de los amores extraconyugales: aquí los amantes sólo se ven una vez por año, siempre en el mismo lugar, a la misma fecha y hasta a la misma hora. Ambos son casados, padres de numerosa familia, y ninguno de ellos siente celos o amargura por la vida conyugal de su compañero de amores. Al contrario, cada uno de ellos siente ternura por el supuesto rival. Es, en realidad, una especie de intercambio de amores entre cuatro personajes, aunque dos de ellos ignoren su mutua existencia. En cierto modo nos recuerda la comedia de Noel Coward: Un proyecto para vivir. La gran diferencia entre ambas consiste en la ingenuidad de la norteamericana frente a la malicia de la inglesa; en la inmoralidad abierta y sincera de esta última, frente a la hipocresía sentimentaloide de la norteamericana. Pero cada público reacciona según su propia idiosincrasia. Y se me hace que en cuanto al público mexicano, éste quedó poco convencido tanto frente a una como a otra de esas obras.

Siempre resulta difícil mantener el interés del público con dos únicos actores en el escenario. Tal vez a ello se debió nuestra tardanza en sentirnos arrastrados al desarrollo de esta El año próximo a la misma hora, que por otra parte carece de acción. Los cambios de situaciones en cada uno de esos seis encuentros de los protagonistas a través de 20 años, son tremendamente locales. El hombre que envejece, en tanto la mujer rejuvenece cambiando de personalidad según las modas: ya hippie, ya rebelde sin causa, ya revolucionaria universitaria, ya mujer liberada o bussines lady, es bastante ajeno al temperamento latinoamericano, donde la mujer lo único que conserva es su maternidad. Pero la interpretación de dos actores de comedia, como Silvia Pinal, y sobre todo Héctor Bonilla, que parecía crecer como actor a medida que su personaje adquiría mayor edad, terminó por vencer todas las dificultades y convencernos tanto en su parte cómica como en la dramática.

Dirigida con mucho ritmo por el propio Manolo Fábregas, con una escenografía muy funcional del recientemente fallecido Julio Prieto, la comedia sin llegar a grandes alturas –con ciertos detalles bastante rutinarios, como esos anuncios políticos emitidos por los micrófonos entre una y otra escena, que es un elemento excesivamente usado– divierte y a veces hasta emociona. Y sobre todo señala la presencia de un gran actor joven: Héctor Bonilla.