FICHA TÉCNICA



Título obra Lucrecia Borgia

Autoría Alejandro Jodorowsky

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Alejandro Jodorowsy, Kitty de Hoyos, Valerie Jodorowsky

Música Rafael Elizondo

Espacios teatrales Teatro Lírico

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. De Zaratustra a Lucrecia Borgia”, en El Día, 25 febrero 1977, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

De Zaratustra a Lucrecia Borgia

Malkah Rabell

¿Habrá querido demostrar Alejandro Jodorowsky qué de la pornografía "mesiánica" vanguardista, a la pornografía comercial, no hay más que un paso? Pues el antiguo maestro del teatro experimental, que tantos triunfos logró, lo demostró, y lo dio este aso. Es muy peligroso jugar con fuego. Y este juego con fuego ya lo inició en su Así hablaba Zaratustra, con sus facilidades, sus desnudos, todo ello recubierto por el velo de las palabras altisonantes. Lo siguió con su El Juego que todos jugamos, donde volvía a las facilidades "filosóficas", a los supuestos "profundos conceptos". Y nada es tan grato a la clase media como sentirse muy "inteligente", tomada en serio, sin exprimirse demasiado los sesos. Fue el juego que jugó Jodorowsky inventar una "vanguardia para analfabetas". Y en ese juego le fue tan exitosamente que encontró patrocinadores estadunidenses que pagaron su "vanguardismo" fácil, al alcance de un público mayoritario, con dólares.

Esta vez se le fue la mano. Este maestro de una generación juvenil de directores inquietos, que en realidad despertó el ambiente, que trajo al escenario mexicano las mayores audacias y dio más de un espectáculo valioso y hasta espléndido, después de su Lucrecia Borgia será muy difícil que alguien lo vuelva a tomar en serio. Esta vez en lugar de la clase media trató de conquistar el público popular de El Lírico o de el Fru-Frú. Creyó que con lo escandaloso de un tema orgiástico y con lo pornográfico del espectáculo, tendrá la batalla ganada. ¡Error! Para el público "grueso", la representación resultaba demasiado "fina", y para los antiguos admiradores de Jodorowsky, demasiado "gruesa". Y aunque la sala de El Lírico rebozaba de público, pese a los $60 la entrada, los "telones" caían con mucha frialdad, ante un auditorio indiferente y extrañado.

¿Extrañado? Pues sí. Jodorowsky había encontrado la figura de Lucrecia Borgia para Irma Serrano, por tratarse de un personaje famoso en la historia por su desatada vida sexual y por sus desmanes en todos los órdenes de la conducta humana. Lo que daba a la "estrella" la oportunidad de exhibirse desnuda cuando y cuanto le viniera en ganas. Por razones de conocimiento público se separaron. La nueva Lucrecia Borgia que descubrió Alejandro fue la actriz Kitty de Hoyos, prematuramente marchitada pero que tuvo en su pasado reciente fama de belleza. Mas, ella no se ha presentado sin ropa ni una sola vez. Ni siquiera mostró al descubierto las piernas que las tiene muy hermosas. Como no sabe cantar, quiso ser actriz, y lo trató con toda seriedad, aunque con poco éxito. Su parte la cantó Valerie Jodorowsky, como la sombra de Lucrecia. Y en torno de ellas todo el conjunto, muy numeroso, desnudo o cubierto de algunos lunares simbólicos, evolucionaba, corría, cantaba, gritaba, se movía con frenesí. Se dijo que la música de Rafael Elizondo era bella, no lo sé, porque el ruido era tal que no había modo de darse cuenta.

Jodorowsky llamó su espectáculo "delirio musical". No era delirio, sino el caos. Alejandro mismo hacía el papel de César Borgia. Era la primera vez que lo veía actuar en un personaje que no fuera Alejandro Jodorowsky. Y por cierto, resulta un actor bastante flojo. O tal vez exageraba y hacía exagerar a todo su reparto, para dar a entender al auditorio que no se lo tomaba en serio; que todo esto era un espectáculo estúpido y de baja categoría. Lo que indudablemente resultaba cierto. Empero, tal vez intentará convencernos –los críticos somos tan tontos– de que tratábase de una demostración de arte expresionista. En resumen, a los antiguos admiradores del director chileno, les entraba una lánguida tristeza. Y para quien no entendía sus "guiñadas", el público que venía para divertirse, lo dominaba un terrible aburrimiento. Los espectadores de El Lírico no pagan $60 la entrada para ver "delirios" ni para escuchar discursos de un Maquiavelo rapado y crucificado. Ellos venían para admirar a Kitty de Hoyos sin ropa, después de haber visto en semejantes condiciones a la otra Lucrecia Borgia en el Fru-Frú, donde según parece la Sra. Irma Serrano anda desnuda todo el tiempo.

Semejante a un "delirio" de drogados, no obstante de tanto en tanto surgía un destello de talento, la garra de un artista que por más esfuerzos que hacía para destrozar lo mejor de sí mismo, no siempre lo lograba. ¡Ay, no se puede jugar con fuego sin caer en la hoguera! ¡Ay, cuando se quiere estar bien con Dios y con el Diablo, se pierde ambas batallas!