FICHA TÉCNICA



Título obra Hamlet

Autoría William Shakespeare

Dirección Tomás Ceballos

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Hamlet será siempre Hamlet”, en El Día, 9 febrero 1977, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Hamlet es siempre Hamlet

Malkah Rabell

Que le pongan un traje de hippie, que lo ubiquen bajo una sombrilla como a cualquier paseante burgués, o que le hagan bailar el danzón, todo será en vano. Hamlet mientras emplee el lenguaje de su creador, seguirá siendo Hamlet; "Un alma encargada de una gran acción, e incapaz de realizarla", tal como lo definió en una frase célebre, Goethe. Las modas pasarán y los experimentos seguirán unos a otros, mas Hamlet no dejará jamás de ser el hijo predilecto de Shakespeare, su hermano, o tal vez su propia sombra, Según dijo Saint-Victor: "Hamlet ha sido comentado e interpretado de modos tan diversos como el Apocalipsis", Mas, Hamlet no es sólo uno de los personajes literarios más difíciles de interpretar escénicamente, De ahí que numerosos han sido los actores de fama que han pasado sus mejores años, los más apropiados para dar vida al príncipe de Dinamarca, rehuyendo con pánico tan pesada responsabilidad. Hamlet es la prueba de fuego. Y que un joven director universitario, Tomás Ceballos, prácticamente desconocido fuera del marco de la UNAM, se atreva, con actores excesivamente principiantes, a montar esta bellísima tragedia isabelina, o es una valentía sin igual, o es... una inconciencia. Creo que hay algo de ambos elementos.

A través de los años, a fuerza de ver "experimentos", hemos perdido la noción de lo válido o de lo inoperante en un escenario. Bajo la máscara del "experimento" todo se vale. De Hamlet, han contado sus historiadores que en su primera aparición, el papel le fue confiado al director de la compañía de El Globo, hombre demasiado maduro y corpulento, lo que obligó a Shakespeare a poner en boca de la reina Gertrudis: "Es demasiado grueso y se cansa pronto..." Pero nunca supe de un Hamlet calvo. Ni tampoco de una reina Gertrudis comparable a una amazona cirquera que hace marchar a su nuevo marido a golpes de látigo, como a un león amaestrado. ¡Mas, qué importa! Son las originalidades de un experimento. Y Tomás Ceballos tiene imaginación de sobra, Y si suprimimos la necesidad de comediantes que son la sal y la pimienta de un espectáculo; si aceptamos olvidarnos de que Ofelia nos deja indiferente con su locura y su amor; que Hamlet se traga las palabras y se le traba la lengua; que Laertes aún desconoce el abecedario de la actuación, y así por el estilo con todos los demás, si estamos dispuestos a sacrificar muchos elementos válidos en nombre del "experimento" y de la "búsqueda", entonces Tomás Ceballos merece todos los aplausos: ¡ha triunfado!

¡Si ha triunfado! Ha vencido todas las dificultades. En una serie de escenas de mucha gracia, colocó a la reina, al rey y a toda la corte bajo un bosque de paraguas negros durante el sepelio de Ofelia; vistió a sus intérpretes, a unos de siglo XX y a otros de siglo XVI; creó una cabalgata fantasmagórica de Hamlet y de sus acompañantes, que era de gran belleza, y sobre todo logró un final apoteótico: todo el episodio del duelo entre Hamlet y Laertes, y el resto de la masacre colectiva, se desarrolló en forma de pantomima, que es un logro nada fácil, terminándose el último acto en una escena igual a la que inicia la representación: un cúmulo de cadáveres.

¿Estoy o no estoy de acuerdo con semejante estilo teatral, que sacrifica al actor por las demás posibilidades del espectáculo? Pues, francamente, aún no llegué a ponerme de acuerdo con mis propias dudas. Sólo sé que pasé las horas de la representación muy embebida con los sucesos del escenario, a veces entusiasmada con los inventos del director, sin darme cuenta del tiempo que transcurría. He aquí un espectáculo que no cambia una sola palabra al texto original, ni suprime escena alguna, ni siquiera las más difíciles. Nos hallábamos ante el Hamlet tradicional, con su texto y su desenvolvimiento dramático, igual a lo que siempre hemos conocido como la obra máxima de Shakespeare. Y sin embargo, era otra cosa. Para quien desconoce el texto original hasta pudo parecerle un mero invento del director de escenas. Mas, todas las transformaciones rozaban sólo lo formal, mezclando estilos y épocas sin miedo a los tabús. Tal mezcolanza llegaba a veces a embriagar como la mezcolanza de bebidas espirituosas.

Pero el espíritu, el alma y el lenguaje de Hamlet permanecían fieles a si mismos, Hamlet seguía siendo Hamlet.