FICHA TÉCNICA



Título obra Poemas y cantos de España y América

Elenco Nati Mistral

Espacios teatrales Teatro de la Universidad

Notas Premio Town Hall por el mejor espectáculo extranjero de 1976

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los catorce mantones de Nati Mistral”, en El Día, 17 enero 1977, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los catorce mantones de Nati Mistral

Malkah Rabell

Cuando la vi por vez primera, en El hombre de la Mancha, en el teatro Manolo Fábregas, sin conocerla ni jamás haber oído mencionar su nombre, me encantó: cantaba, bailaba y demostraba un desbordante temperamento dramático. Por segunda vez vi a Nati Mistral en La zapatera prodigiosa de Federico García Lorca. Y de pronto parecía otra actriz. La férrea disciplina de la anterior actuación había desaparecido. En la obra lorquiana, bajo la dirección da José Solé, la intérprete parecía hacer lo que le venía en gana. Todo el elenco se antojaba dirigido en una determinada dirección, y sólo la star seguía sus propios lineamientos, fuera de lugar y fuera del marco común a todo el conjunto. Para rematar el espectáculo dramático ofreció un recital de poesías lorquianas, donde se repitió el mismo fenómeno de vedetismo desatado. Aquel día renegué de mi anterior admiración. Y mi disgusto aumentó cuando la vi al lado de López Tarso en un recital de Corridos y romances que parecía realizado para el turismo. Así que a este nuevo espectáculo de Poemas y cantos de España y América, fui con muy poco entusiasmo y una buena cantidad de miedo, por más que se anunciaba que esta presentación de la actriz española ganó en Nueva York el premio Town Hall por el mejor espectáculo extranjero del año 1976.

Por fortuna, la primera parte del actual recital, dedicada a García Lorca –aunque no todo se debía a él, y algunos poemas y sus melodías han sido recopilados por el poeta de Granada de viejas fuentes dio de la Show-Woman una imagen más depurada más concentrada en los valores interiores. En particular me entusiasmó su interpretación de La casada infiel y Muerte de Antonio el Camborlo. Empero no pudo escapar del todo a ese exhibicionismo de estrella, que tanto encanta y atrae a un público sin muchas exigencias, y una prueba de ello fueron sus catorce mantones, a los cuales dio una importancia espectacular que ni tenían ni debían tener. Nadie puede negar lo agradable la presencia física de Nati Mistral, Sin llegar a ser bella, puede a menuda ser deliciosa, y nunca deja de ser atractiva, tanto en su figura menuda. como en su rostro. Los mantones no agregaron nada a su belleza ni a su arte. Y más le hubiera valido quedar expuestos en el foyer como una muestra folklórica. No creo que a García Lorca le importaban mucho los mantones o las castañuelas. Era la suya una búsqueda, mucho más honda, que se empeñaba en aunar el sabor y el drama de su tierra con los problemas y los sufrimientos de los hombres del mundo entero.

En la segunda parte, el reportero fue mucho más heterogéneo y no siempre de excesivo refinamiento. Algunos poemas de bardos célebres de América, como César Vallejo, o ese bello poema de Cabral y Yiso: Yo vi llorar a Dios –que la actriz española interpretó con especial dramatismo–, se mezclaban a canciones fáciles o sentimentales, algunas veces con disfraz folklórico, y otras veces con el simple rostro de Night-Club. Sin duda en los recitales, conciertos o revistas de una sola persona, el actor se ve obligado a mezclar su programa con los más divergentes elementos para mantener vivo el interés de los espectadores que en una sala grande pueden ser de gustos muy encontrados. En esta parte, Nati Mistral se muestra casi tan heterogénea como su programa. No le conocí una vis cómica tan especial, y el humorismo lo maneja con mucha gracia.

En resumidas cuentas, creo que Nati Mistral es sobre todo una típica actriz de opereta, que con la bella voz que tiene puede también caber en una ópera ligera. Dios le ha dado una infinidad de dones naturales, y si éstos se someten a una disciplina y voluntad directivos, darían excelentes resultados, ¡Qué lástima que Nati Mistral, o no encuentra siempre al director conveniente, o simplemente lo rehuye!