FICHA TÉCNICA



Título obra El atentado

Autoría Jorge Ibargüengoitia

Notas de autoría Juan José Gurrola / adaptación

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Salvador Garcini, Tina French, José Luis Castañedas

Escenografía Alejandro Luna

Coreografía Francesca Saldívar y Fernando Vinck

Música Hilario Sánchez

Grupos y compañías Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El atentado en comedia musical”, en El Día, 21 julio 1976, p. 28.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El atentado en comedia musical

Malkah Rabell

Tal vez si no hubiera presenciado la versión que de la obra de Jorge Ibargüengoitia: El atentado hizo el actor y director de escena Felio Eliel el año pasado en la IV Temporada Popular de Teatro, tal vez, digo, la puesta en escena de la misma obra por Gurrola me hubiese parecido pasable. Mas, este montaje en forma de comedia musical o mejor dicho de farsa-parodia musical, debido a nuestro genio vanguardista, Juan José Gurrola, viene después de la otra y se nos hace insoportable, con su música bastante pegajosa, de Hilario Sánchez, y su coreografía de Francesca Saldívar y Fernando Vinck, que ayuda a transformar en caos todo el montaje.

En la versión de Felio Eliel tuvimos un texto, las ideas del autor nos resultaban claras: lo que Vicente Leñero escribió en serio en su El juicio, Jorge Ibargüengoitia lo transformó en comedia –y más que comedia, farsa– en su El atentado. Y como presenta a los dos bandos con igual ironía feroz, no hay medio de saber contra quién y con quién está. Lo que es la mejor manera de hacer teatro: dejar que los hechos hablen por sí solos, En cambio, los hechos en la versión de Gurrola no hablan, ni representan nada, porque toda la representación es tan caótica y los actores se agitan sin cesar hasta impedir que nos demos cuenta de lo que persigue el dramaturgo. Muchas escenas que en la versión de Eliel resultaban fundamentales, como la de la bomba colocada en los excusados de un edificio público y que ofrece un típico humor de farsa, en la actual versión de Gurrola han sido suprimidas, y todo queda en el bla-bla-bla de las explicaciones. En cambio el director de escena encuentra útil representar una escena donde el "héroe" está sentado sobre un excusado para reflexionar en su futuro "atentado" para ejecutar al general Borges, El dramaturgo no pudo escapar a cierta piedad y hasta a cierta admiración ante las dos víctimas: el general Borges, el asesinado y su asesino, Pepe, el joven dibujante místico, en busca del martirio, a su vez asesinado, porque la pena de muerte no deja de ser un asesinato legal. El autor nos presenta a un general que es todo un carácter, una personalidad fuerte e interesante, en tanto "Pepe" el asesino es un muchacho algo trastornado por sus creencias religiosas, aprovechado y sacrificado por los dirigentes de su propio bando, que lo empujaban a un acto de violencia del cual después se lavan las manos. Gurrola no deja entrever ningún rasgo sicológico en los personajes de la comedia, estos personajes se diluyen, se transforman en monigotes. Pepe el asesino, es simplemente un idiota, y el general no lo es menos. La mejor escena en la anterior versión fue cuando sobre el cadáver del asesino los representantes de ambos bandos se estrechan las manos: dos hombres murieron y no pasó nada. Fue una escena estupendamente realizada con unos símbolos muy claros: los de arriba sacrifican a los de abajo sin el menor escrúpulo y sin el menor remordimiento. También esta escena fue suprimida, reemplazada por un número coreográfico que nada dice, ni nada significa.

No se puede mencionar en especial a ningún actor, todo y todos se pierden en el caos general. Salvador Garcini, que es un buen actor, se sometió a una dirección que le exigía "hacer el idiota", y lo hace, sin lograr despertar la hilaridad del público. Tina French en su papel de la abadesa, ha sido transformada en bataclana, igual que Fuensanta, que muestra todo lo que tiene, en tanto que como actriz nada tiene que mostrar. Tampoco José Luis Castañedas, en el papel del obispo, el padre Ramírez, destaca como actor. En realidad, todos los personajes han sido sacrificados en aras de la música y de la coreografía. El texto pierde su valor para dar paso a la comedia musical, y esta casi fue música sin comedia.