FICHA TÉCNICA



Título obra Un tirador franco

Autoría Francis Veber

Dirección Fernando Luján

Elenco Alejandro Ciangueroti, Alejandro Suárez, Fernando Luján, Roberto Dumont

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Eventos Temporada popular

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Teatro comercial: Un tirador franco”, en El Día, 18 septiembre 1976, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Teatro comercial:
Un tirador franco

Malkah Rabell

Un teatro comercial, que, como representación, nos interesa muy poco. Mas, si sentados en la sala cualquier día de la semana, empezamos a observar al público que nos rodea, éste no deja de tener su importancia. ¡Cosa extraña, entre los espectadores formados por pequeña burguesía, surgían acá y allá grupos proletarios! El Sullivan desde varios años se destaca por comedias de poca monta, semipornográficas, pero que no llega a las "audacias" desnudísticas de numerosos teatros "intelectuales" de vanguardia. Por lo tanto el Sullivan debe de tener ya sus habitués. En estos días este teatro estrena una obra de Francis Veber, autor desconocido fuera de su ambiente de los "bulevares" de París, pero que llama la atención por su "blancura". Este Tirador franco que seguramente significa franc-tireur, es decir tirador independiente que trabaja por su cuenta y no pertenece políticamente a ningún partido, es una comedia blanca, sin triángulos amorosos, sin desnudos (los teatros comerciales sólo se atreven a los paños menores), sin homosexualismos, ni lenguaje soez. Más aún, es una comedia que bien puesta podría ser bastante graciosa, con su "franco tirador" alquilado por una misteriosa agrupación política para matar a un primer ministro. Recuerdo del asesinato de John Kennedy y de El Chacal, también en este caso el chacal de Francis Veber apostado detrás de una ventana de habitación de hotel ha de tirar sobre el ministro un día determinado. Para desdicha del "héroe", la misma habitación ha sido alquilada con anterioridad por un agente viajero. El encuentro y la lucha por el cuarto, donde uno piensa matar y el otro piensa esperar a una mujer, crea una serie de situaciones de lo más cómicas, cuya finalidad es llevar al más ingenuo a humanizar al asesino.

Lamentablemente esta comedia carece de dirección. Como en los tiempos antiguos, el primer actor, Fernando Luján dirige. Y hace falta ver este espectáculo para darse cuenta lo que una dirección significa. Varios actores, que bien guiados pueden dar mucho más de sí mismos, aquí no se oyen y terminan por aburrir. Alejandro Ciangueroti, hijo, tiene una voz tan nasal que el 80 por ciento de sus parlamentos se pierden; Alejandro Suárez que en este mismo teatro Sullivan en La flaca obtuvo un premio de coactuación de la crítica, en el papel del franco tirador que le toca actualmente carece por completo de ritmo, por igual que toda la representación. Algo semejante le pasa a Fernando Luján que necesita él mismo a un director en lugar de serlo. Pero el caso más triste es el de Roberto Dumont, que hace una década fue la gran promesa de nuestro escenario nacional, que creó un estupendo Lorenzacio en el drama de Alfred Musset, y tantas veces actuó a las órdenes de Gurrola.

Como resumen, volvamos otra vez al público. Esta representación falta de ritmo y "decentemente" blanca, despertó aplausos y al final fue ovacionada. Lo que me dio mucho gusto. ¿Quién dice que el público mexicano no ama el teatro? Hemos podido notar cómo la "Temporada Popular" cada año aumenta de espectadores. Gente que a todas luces son de condiciones económicas modestas, pagan 50 pesos para asistir a una función como este Tirador franco y se divierten y se entusiasman y aplauden. ¿Qué no haría este mismo público si se le diera una función no excesivamente difícil pero bien montada, bien dirigida y bien interpretada? El presente año se ha señalado por un gran auge cuantitativo de teatro en México, que durante los primeros ocho meses ofreció una gran debilidad cualitativa, Por fortuna, en estas últimas semanas, la calidad de pronto empezó a crecer y adquirir sorprendentes formas. Ya tenemos varios espectáculos excelentes, tales como Casa de muñecas, Triángulo español, Electra, Equus, y hasta un modesto teatro comercial como este Sullivan nos da la sorpresa de una obra que pese a su pobre montaje, llama la atención por el recato y la gracia del texto.