FICHA TÉCNICA



Título obra Casa de muñecas

Autoría Henrik Ibsen

Dirección Dimitrios Sarras

Elenco Adriana Roel, María Eugenia Ríos, Graciela Doring, Ricardo Blume, Claudio Brook, Roberto Cañedo

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Polyforum Siqueiros

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Casa de muñecas de Ibsen”, en El Día, 14 agosto 1976, p. 26.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Casa de muñecas de Ibsen

Malkah Rabell

¿Problema envejecido él de Nora o Casa de muñecas de Ibsen? ¡Ni tanto! Las mujercitas bonitas y tontas, las muñequitas vacías, educadas por la madre y la abuela, y hasta por las numerosas revistas llamadas "femeninas", para gustar y obedecer a los maridos, aún existen, más aún, abundan, hoy como ayer. También existen aún, y hasta abundan hoy como ayer, sobre todo en determinados ambientes de la burguesía media y en determinados países —como el nuestro— los maridos que buscan y hasta exigen de la esposa la obediencia más absoluta y las "gracias femeninas" con su incomprensión frente a los problemas de la vida y del mundo. ¿Nunca han oído a la "graciosa mujercita" tan "deliciosamente infantil", esposa del médico, del abogado o del director de un banco, decir con un aire convencido: "mi marido me permite"? Como si tuviera necesidad del permiso de los mayores como una perfecta y eterna menor de edad. las "Noras" no sólo existen sino que abundan en nuestro propio ambiente —aunque, por fortuna, su número es cada vez menor en la nueva generación—. Y también abundan los maridos como Torvald. Desde luego éste tiene ciertos rasgos de puritanismo nórdico, frío y ascético, propio del país donde nacen los personajes del famoso dramaturgo noruego, Henrik Ibsen.

Y si bien el problema de la naciente rebeldía femenina de Nora puede antojarse envejecido a muchos, no lo es la estructura dramática ibseniana, que aún mantiene el interés del público desde el principio hasta el final con su lenguaje claro y lógico, con su agilidad de movimiento escénico con su tema perfecto y humanamente estructurado, y con la psicología veraz de sus personajes. No obstante uno se pregunta: ¿Por qué de pronto Casa de muñecas a estas alturas del teatro mundial y del teatro en México? Por una parte sabemos que en el teatro universal se vuelve a los grandes textos tradicionales, y los de Ibsen lo son. Y por otra parte, también sabemos que Dimitros Sarras, quien dirige este montaje en el Polyforum Siqueiros, suele buscar para sus actrices-alumnas más que una obra importante, un papel imponente. Después de haber colocado en primeras filas del teatro nacional a varias figuras femeninas como Mercedes Pascual y Adriana Roel, es natural que también una actriz como María Eugenia Ríos trate de correr la mima suerte. Lamentablemente el papel le queda grande, ni física ni histriónicamente se hallaba dentro de sus posibilidades. El director le ofrecía muchas triquiñuelas en que apoyarse, como el permanente desplazarse con "gracia" ayudada por esta sentadora vestimenta fin de siglo. Con tanta carrera por el escenario terminó por marear al espectador y ni una sola vez nos convenció cuando se hablaba de su belleza y lozanía. Nora sólo es admisible y comprensible en manos de una muy gran actriz y María Eugenia Ríos se encuentra muy lejos de serlo.

En cambio, en un papel puede decirse secundario, el de la amiga de Nora, una mujer que ha de enfrentar todas las dificultades de la vida y que lo hace con fuerza de carácter e inteligencia, en el papel de Kristina, Graciela Doring vuelve a demostrar que es una actriz excelente que ya merece ser compensada tanto por la crítica como por la opinión publica. También los actores que realizan las tres figuras masculinas dan vida a sus personajes con mucha sinceridad. Principalmente Ricardo Blume en un papel que algunos creen de "villano" inconsciente debido a su educación puritana e hipócrita—, que interpreta Claudio Brooks casi sin esfuerzo, ya que su personalidad y su físico de por sí se prestan para diseñar el carácter de Torvald Helmer. También Roberto Cañedo, en el papel del doctor Hand tiene una presencia tan apropiada para el personaje, tan "distinguida" que con toda facilidad da la imagen del profesional de alcurnia.

En rasgos generales, se trata de una representación limpia, bien montada y dignamente interpretada, que dispone además de un hermoso y muy convincente vestuario de la época debido a Julio Prieto. Lástima que el centro del espectáculo, Nora, no cuente con la protagonista adecuada.