FICHA TÉCNICA



Título obra Un pequeño día de ira

Autoría Emilio Carballido

Dirección Felio Eliel

Escenografía Benjamín Villanueva

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un pequeño día de ira”, en El Día, 15 junio 1976, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un pequeño día de ira

Malkah Rabell

Obra de Emilio Carballido que puede considerarse como documental, lo que para el autor veracruzano resulta un género novedoso, fuera de sus habituales producciones. No es precisamente una comedia, ni tampoco un drama sino como la vida, lo cómico y lo trágico se mezclan caminan al lado uno del otro, sin molestarse, según los numerosos personajes que desfilan por el escenarios introducen cada uno su pequeña historia, ya cómica, ya dramática. Por otra parte ese Pequeño día de ira, inspira en un hecho verídico y desde un principio emplea una técnica cinematográfica. Nos encontramos en una pequeña ciudad de provincia donde una señora de las buenas familias locales, ya entrada en años, se acaba de casar y está a punto de ser madre, lo que provoca en ella un estado de permanente neurosis. En un momento de furia, porque una pandilla de chamacos le roba la fruta del jardín, mata a uno de ellos, más bien por accidente que por intención. Descarga su fusil para asustar a los pequeños ladrones, y una de las balas alcanza a la víctima. Las autoridades, tratan de protegerla, en fin de cuentas es una dama socialmente de su mismo ambiente, pero el pueblo en el colmo de la ira obliga al presidente municipal y al "licenciado" del pueblo a detenerla y encerrarla en la cárcel.

La sensibilidad artística de Emilio Carballido impone una visión del conjunto que nunca cae en el maniqueísmo. Aunque su simpatía está al lado de los airados habitantes de la ciudad, nunca inclina la balanza de la razón de su lado. Hay dos víctimas, el muerto y la matadora, cuyo mano ha sido guiada por la histeria de su estado físico y psíquico. Allí nada fue calculado por anticipado todo fue consecuencia del azar, de la mala suerte, de un momento de rabia. La matadora es una persona desagradable, convencida de los derechos de su clase para defender la propiedad privada, aunque no se trate más de unos mangos de su jardín. Las autoridades son más que nada despreocupados, poco conscientes de sus deberes y dispuestos a dejarlo todo a la buena de Dios. Entre la gente del pueblo hay muchos que aprovechan este accidente —porque es un accidente, trágico pero involuntario, y el primero en admitir que tal es el caso es el mismo padre de la víctima, que se niega a aceptar una compensación económica— pues para muchos este es un pretexto para provocar una rebelión, y ni siquiera sabemos si es por conciencia revolucionaria o simplemente por el gusto de sentirse líderes. Mas, este rechazo de todo maniqueísmo, de pintar a unos blancos como la nieve y a otros negros como el carbón, esta manera instintiva de poner a cada uno bajo el enfoque de las debilidades humanas, lleva en sí el error de provocar la indiferencia del espectador. El teatro, a menudo exige cierta dosis de melodramatismo, y si el autor quiso convencer al espectador de la necesidad de transformar este "pequeño día de ira" en una violenta temporada de enojo justiciero, había que darle más armas para ello, más elementos dramáticos para despertar su lástima y su simpatía por los más débiles.

El director, Felio Eliel, el mismo que el año pasado puso en escena El atentado, y a quien conozco como excelente actor, ha llevado su montaje con un ritmo cinematográfico, que sin embargo se me hizo un poco lento. Los treinta intérpretes que forman el reparto han realizado cada uno su respectivo papel con toda corrección, aunque ninguno se destacó especialmente, probablemente por lo reducido de la parte de cada uno. El papel más importante le correspondió al narrador que interpretó el mismo Felio Eliel, quien más llamó la atención. Lo más atractivo del espectáculo fue la escenografía debida a Benjamín Villanueva que daba una sensación de Alameda donde paseaban los distintos personajes, cada uno con respectiva caracterización. Pero a la vez, este ambiente realista que nos transportaba a un ambiente tropical, se hacía ya casa particular ya prisión, ya municipalidad, sin cambiar nada a los elementos existentes, por la sola sugestión. En resumen, un espectáculo que interesa pero que desdichadamente en ningún momento emociona.