FICHA TÉCNICA



Título obra Los derechos de la mujer

Autoría Alfonso Paso

Elenco Julio Alemán, Celia Castro, Miguel Macías, Andrea Palma, Amparo Arozamena

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro de los Insurgentes

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los derechos de la mujer”, en El Día, 22 enero 1976, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los derechos de la mujer

Malkah Rabell

¡Otra vez Alfonso Paso! Da la impresión que los productores en México no conocen a otro comediógrafo español. En fin, con Paso, los empresarios piensan tener sus inversiones aseguradas. Y parece que no se equivocan. La amplia sala del teatro Insurgentes se hallaba llena un simple día de semana, un martes, cuando yo asistí a la presentación, y el público desde el principio hasta el final no dejaba de reír y divertirse. Y el propósito que persigue la mayoría los espectadores es pasar el rato y olvidarse de los problemas que los esperan en casa.

Desde hace varios años, el prolífico comediógrafo ibérico se muestra muy "audaz" y trata de ampliar las visiones de la anacrónica moral burguesa de su país. Habla de amor libre, del sexo, de los derechos de mantener lazos afectivos fuera del marco conyugal, protesta contra toda clase de perjuicios que mantiene a la burguesía española con un pie en la Edad Media. Pero cuando se trata de las mujeres y de sus "derechos", entonces el "audaz" Alfonso Paso retrocede a las posiciones de la retaguardia y exige los sacrosantos derechos de la masculinidad. Pero como todo ello está presentado en plan cómico, y la mujer "emancipada" es una marimacho, que se cree superior a su marido, y como este marido es el simpático Julio Alemán, todos los corazones del auditorio están dispuestos a latir al unísono con Él y no con Ella. Y son los corazones de las damas —que forman mayoría hasta en una de estas noches heladas como son las de este principio del año—, pues son los corazones femeninos los más dispuestos a hacer tic-tac como un reloj, en defensa del despreciado cónyuge.

Una comedia sin grandes pretensiones y sin excesiva gracia, que necesita bastantes cortes de escenas repetitivas. Pero el público tiene una especial simpatía por los medios comunes de hacerlos reír. Este marido que para castigar a la mujer se hace pasar la noche de boda por un homosexual, por más que sea un "truco" muy usado, y por más que Julio Alemán usa todas las actitudes archiconocidas de semejante personaje, el público se carcajea como si fuera la primera vez que presencia tal actuación. Igual le sucede con Olga Breeskin, que ni es actriz, ni tiene gracia. Mas, su atuendo de mariposilla nocturna, con su minifalda demasiado estrecha, su blusa de papagayo verde igualmente ajustada, que subrayan los excesos corporales y más bien la hacen parecer un gladiador femenino, causan un enorme regocijo entre el auditorio.

De la dirección no se puede hablar, porque no la hay. En cambio es muy elegante y sugestiva la escenografía de David Antón. Los dos actores estelares, Julio Alemán y Celia Castro, se las arreglan sin necesidades directivas. Conocen a la perfección la rutina del género. Julio Alemán es un buen actor y tiene ángel cómico, además su voz es muy clara y su dicción perfecta. Su texto llega a todos los oídos sin necesidad de hacer esfuerzos. No le pasa lo mismo a Celia Castro, que no tiene voz ni costumbre del escenario. En la pantalla chica con muy poca voz basta. En cambio, en un escenario grande y una sala amplia, su palabra no llega a las últimas filas y parte de su texto se pierde. Tanto Miguel Macías como Andrea Palma y Amparo Arozamena son actores que conocen su oficio y ayudándose con no pocas morcillas, sacaron la comedia adelante.

Y como dijo Héctor Mendoza: "Se necesita de todo en el jardín de Alá y toda clase de teatros en una metrópoli como México". La verdad sea dicha, yo también me divertí.