FICHA TÉCNICA



Título obra El sacrilegio; El esperpento de las galas del difunto; La rosa de papel

Autoría Ramón del Valle Inclán

Dirección Néstor López Aldeco

Espacios teatrales Escenario no. 2 de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (antiguo teatro Milán)

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Marionetas, sombras, y esperpentos”, en El Día, 12 febrero 1976, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Teatro Universitario

Malkah Rabell

Lo primero que me alegró en este espectáculo basado en textos de Ramón del Valle Inclán, que bajo el título: Marionetas, sombras y esperpentos ofrece la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en el Escenario No. 2 (antiguo teatro Milán), es el numerosísimo público juvenil que desbordaba la capacidad de la sala. ¡Aleluya! la juventud ama el teatro y se pone en contacto con éste cuando los espectáculos le llaman la atención. Pero, lo que de inmediato me entristeció es la incapacidad de mantener una actitud de gente culta de ese mismo público. Los gritos, los silbidos, la rechifla, los chistes groseros lanzados en la oscuridad de la sala cuando ya se inició el espectáculo, la permanente charla de grupitos diseminados entre el auditorio, que impedían prestar oído a los parlamentos de la escena, todo ella más bien parecía digno de ciertos cines de barrio donde los espectadores van en busca de "relajo". Semejante actitud del público obligó al director de escena de estos "esperpentos" valleinclanescos, a decirles algunas verdades poco agradables. Ante el telón cerrado, el maestro Néstor López Aldeco tuvo que amonestar " ... a los cobardes que aprovechan el anonimato para burlarse de un maestro". Palabras dolorosas, pero también valientes. Podemos comprender semejante actitud en chicos de primaria, o secundaria. Pero de parte de estudiantes universitarios es simplemente escandaloso.

En cuanto al espectáculo mismo, aquí interviene el viejo adagio, que sin actores no hay teatro. El mejor texto en boca de aficionados, sin tablas, o con muy pocas, se diluye, deja indiferente y escapa a cualquier emoción. Formada por tres obritas cortas: El sacrilegio (obra para sombras); El esperpento de las galas del difunto y La rosa de papel (obra para marionetas), la representación, pese al valor literario de la selección dramática, no resultaba muy convincente. Como texto el más de mi agrado fue el primero: El sacrilegio, que en un breve cuadro presenta las últimas horas de un bandolero condenado a muerte por la tropa regular, y quien recibe la absolución de un monje improvisado. Como dirección escénica la que más me gustó, y a la vez fue del gusta de la mayoría del público, fue La rosa de papel, donde el director escénico, Néstor López Aldeco, desplegó mucha imaginación al introducir en el escenario una multitud de "esperpentos" cubiertos el rostro de monstruosas máscaras. Esta multitud de monstruos que rodeaba a la moribunda y parecía surgir de la nada ocupando todo el escenario, daba una impresión de pesadilla y era de un gran impacto. Esta escena final salvaba la obra de la falta de habilidad histriónica de los dos protagonistas centrales: la "encamada" y su marido, el borracho Simeon Julepe. La tercera comedia, El esperpento de las galas del difunto, fue la más larga, la más floja y la menos comprensible. Lo más sugestiva de este espectáculo fue la escenografía y sobre todo las máscaras.

En el programa, Néstor López Aldeco nos asegura en su introducción que "la elección de estas tres obras nos han proporcionado la posibilidad de mostrar en forma objetiva un panorama de las calidades de su dramaturgia (la de Ramón del Valle Inclán), y el ejercicio y práctica de un numeroso grupo de jóvenes que se preparan para en un futuro próximo ser los hombres de teatro que tanto necesitamos".

En lo concerniente a la primera parte, estoy de acuerdo, la elección de estas tres obras de Valle Inclán introduce al joven espectador en una de las mejores muestras del arte dramático y lo familiariza con la literatura teatral. Mas, si bien los jóvenes actores se preparan para en un futuro próximo ser hombres de teatro, aún no lo son, y hasta están muy lejos de serlo. Ninguno de los actores que intervinieron en la representación, sabe matizar los parlamentos, no cambian de voz en todo lo largo del espectáculo, contentándose en gritar. Creo que aún es prematuro hablar de su porvenir en la escena.