FICHA TÉCNICA



Título obra La telaraña

Autoría Marcela del Río

Elenco Begoña Palacios, Milton Rodríguez, Fabiola Falcón

Espacios teatrales Teatro Independencia

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La telaraña”, en El Día, 24 enero 1976, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La telaraña

Malkah Rabell

Todo estreno de una obra de autor mexicano es esperada con expectación por todos los que amamos el teatro en México, y en especial por todos los que deseamos un teatro nacional. Con igual impaciente curiosidad fue esperada la obra de Marcela del Río, que ésta escribió durante su permanencia en Praga como Agregada Cultural de la Embajada de México. ¡Y ay, qué desencanto! La última obra de la misma autora: El pulpo, basada en la tragedia de los hermanos Kennedy y realizada como un collage con documentos políticos, resulto una creación muy sugestiva. En el caso de su nuevo drama: La telaraña se trata de dos hermanas, pero aquí la autora enfoca los destinos de dos vidas particulares, la rivalidad entre dos hermanas, que en el primer acto parecen luchar por el mismo hombre, mas, en el segundo, la dramaturga ahonda en el problema psicológico de estos dos seres que llegan a unos extremos que ya rozan el melodrama. En la hermana mayor, Nora, hay celos de lesbiana incestuosa, de maternidad frustrada, de madre posesiva que en general se observan en aquellas madres que tanto desean tener ligados al hijo o a la hija a su propia persona, que terminan por desearlos atados a una silla de ruedas, que les impiden cualquier contacto con el mundo exterior, con amigos e con amores. En los hermanos, lo que más se distingue son las rivalidades tanto en el campo sexual como en el campo profesional. Toda la complejidad de los problemas fraternales de esos odios-amores, ya les conocía la Biblia, que a los dos primeros hermanos que aparecieron fuera del Paraíso, los llevó al fratricidio. Son problemas que seguramente todo psiquiatra o psicoanalista tiene en abundancia entre las historias clínicas de sus pacientes...

Así que el tema de La telaraña no es inverosímil ni incoherente, muy al centrarlo, es excesivamente obvio y simple. Es una temática muy usual tanto en la literatura, en el teatro y en el cine, como en la misma vida. Su intriga cae en la telenovela, y no porque los autores de este género son muy inventivos. Muy al contrario, les falta imaginación y toman todo de la vida sin hacerlo pasar por el tamiz del arte. Son las obras muy hondas y poéticas que recurren a la imaginación. Son mucho menos verosímiles las tragedias clásicas y las de Shakespeare, que las historias de la telenovelas. Así que no es la inverosimilitud que le vamos a reprochar a Marcela del Río. Hasta esta espeluznante intriga de la hermana celosa puede suceder en la vida diaria, porque también las intrigantes en la vida son mucho más numerosas de lo que normalmente se supone. Precisamente corno se trata de una temática muy usual tanto en la vida como en el arte, se necesita un mundo de sutilezas para arrancarla de su obviedad y de lo común y corriente. Y esta sutileza faltó. El carácter de las dos hermanas está bien estudiado y bien delineado. Le sobra realismo y hasta está estudiado bajo una lupa naturalista: la locura. Lo que les falta es poesía, lo que extraña en una poeta como Marcela del Río. Esos largos diálogos y monólogos son de una pobreza desesperante. Le falta esa brillantez de parlamentos que a veces, sin decir nada, interesan y hasta apasionan al público por su agilidad, su belleza y su inteligencia. Son diálogos e intriga, de telenovela, lo que molesta en La telaraña.

Y si a ello agregamos una malísima dirección, y aún peor actuación, poco queda del espectáculo. Una dirección caótica que hasta la escenografía ayudaba a aumentar. En el foro se había construido todo un piso, un departamento con su rellano y su ascensor. El departamento era tan complicado que era menester dar vueltas y vueltas para llegar a la puerta de salida. Una de las actrices le decía a la otra, que yacía inconsciente en el piso: "No te muevas, no te me vayas..." ¿Cómo podía oír si estaba desmayada? ¿Dónde podía irse, la pobre, con tanto laberinto para llegar a la salida? Fabiola Falcón no posee la menor entonación, no tiene matices en la voz y todo el tiempo habla con el mismo tono. Begoña Palacios es un poco más actriz, pero no mucho. En cuanto a Milton Rodríguez, no lo entendíamos la mayor parte del tiempo por su acento brasileño, y la otra parte no la oíamos porque hablaba demasiado bajo.

¡Y para todo ello tuvimos que hacer un viaje hasta el teatro Independencia, en una noche helada!