FICHA TÉCNICA



Título obra Nada como el piso 16

Autoría Maruxa Vilalta

Dirección Maruxa Vilalta

Elenco Carlos Ancira, Octavio Galindo, Mabel Martín

Escenografía Guillermo Barclay

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Nada como el piso 16 ”, en El Día, 9 noviembre 1976, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Nada como el piso 16

Malkah Rabell

Creo que se trata de la mejor obra de Maruxa Vilalta, por lo menos la mejor de las que yo le conozco. Un solo reproche que hacerle. ¿Por qué la situó en los Estados Unidos en lugar de México? Tenemos tan pocos autores nacionales que no hay derecho –cuando la pieza es buena– de darle una nacionalidad falsa. Comprendo por qué la autora ha optado por semejante solución. Uno de los personajes es ex-soldado que hizo la guerra, y su pasado bélico influye mucho sobre su psicología y drama psíquico. Pero con un esfuerzo Maruxa pudo haber cambiado este detalle por otro análogo. Yo entiendo que esta clase de obras ya tienen s molde acostumbrado en el teatro norteamericano europeo. Precisamente le hubiésemos agradecido a Maruxa Vilalta, que es una autora inquieta, que siempre busca novedades, de haber creado un molde mexicano para un tema tan simbólico de la época nuestra.

Porque realmente se trata de una obra simbólica, donde los personajes son a la vez símbolos y entes perfectamente individualizados. Max, el viejo maniático, degenerado y sádico, que trata de encontrar en torno suyo la sumisión, para poder sentirse grande y único, para peder sentirse el "amo" que hace "favores" a su manera, favores que se pagan con sangre y humillaciones. Favores que son como "órdenes". Un viejo que simboliza todo un estado de cosas, un régimen, el capitalista, un régimen de "viejos" que dominan a la "juventud". Este es uta prototipo, y a la vez un tipo psicológicamente diferenciado, muy individualizado, a quien Carlos Ancira le ha dado vida con todos los tics del homosexual, del maniático y degenerado. El conocido actor en este personaje de Max ha creado una figura con un arte como hace mucho tiempo no se lo vi. A su vez Jerome, el joven interpretado por Octavio Galindo es símbolo y realidad individual, representa a muchos jóvenes de nuestro siglo, y a la vez a uno sólo: un muchacho traumatizado por la guerra, desesperado por el desempleo, que poco a poco cae en la anulación ante los "jueguitos" del viejo.

¿Cuál es el simbolismo de Stella, que es una joven prostituta dispuesta, e todas las iniquidades, a todas las bajezas con tal de gozar de una buena vida y sentirse una "dama"? Por de pronto es el eterno femenino que apoya a quien gana, al triunfador, y así es aliada ya de uno, ya del otro de "sus" hombres. Al final amenaza con un arma secreta que tiene a su disposición, pero no logré entender de qué se trata. Tanto Mabel Martín como Stella, como Octavio Galindo en el papel de Gerome, han sido excelentes. Maruxa Vilalta siempre tuvo el punto de vista justo, al pensar que un buen espectáculo sólo se puede llevar a cabo cuanto se cuenta con buenos actores.

El tercer acto en un principio se hacía superfluo, porque nos parecía que en el segundo ya se llegó al clímax y todo el público se sentía en tensión. Personalmente tenía deseos de matar a Max con un par de tijeras muy agudas, y así finalizar el acto y a la vez el drama. Pero ese tercer acto otra vez nos lleva al simbolismo, es la juventud que triunfa, es un poco como la "Nueva Izquierda" que se alza contra la dominación de la momiza y de un régimen. Y a la vez, este tercer acto, permite al público lanzar un largo suspiro de alivio. Es una especie de Happy End que castiga al malo y le da el triunfo a la joven pareja sin necesidad de matar a nadie. Pero, tampoco es esta la visión final de la autora. Inesperadamente los dos hombres se unen frente al peligro de la mujer. Cuando se trata de pelear contra un tercero, las dos partes masculinas en pugna, olvidan sus recíprocos agravios para aliarse. La autora prueba que los dos son "hijos de mala madre…” Y todo este tercer acto goza de una especie de alegría que salva de la tensión de los dos actos anteriores.

Como directora, Maruxa Vilalta le da a su comedia dramática: Nada como el piso 16 (que podría irónicamente llamarse: Nada como la democracia) un ritmo vivaz, muy rápido y ágil, que no permitía ni un momento de tedio. Si agregamos a esta obra y a esta dirección un estupendo elenco de tres actores, y una preciosa escenografía debida a Guillermo Barclay, que no sólo era funcional, sino que creaba el ambiente de la casa de un soltero muy extraño, y daba una profundidad al escenario, para lo cual el escenógrafo suprimió varias filas de butacas, todo ese conjunto de elementos nos daban un espectáculo de primera calidad.