FICHA TÉCNICA



Título obra Amor sin barreras

Notas de Título West Side Story / título original

Dirección Rubén Piña

Elenco Arturo González, Irene Gamboa, Ilayali Moncada

Grupos y compañías Teatro Estudiantil

Espacios teatrales Teatro en Ciudad Universitaria

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Amor sin barreras, espectáculo ambicioso”, en El Día, 27 abril 1976, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Amor sin barreras, espectáculo ambicioso

Malkah Rabell

Desde años se hizo hábito recurrir a grabaciones que dejar oír las voces de los cantantes mientras en el escenario el actor –o los actores– mueven los labios, y semejante "triquiñuela" ha llegado a cansar hasta provocar en el espectador el deseo de huir de tales representaciones. ¿Para qué desplazarse hasta cualquier teatro, cuando se puede escuchar un disco en su versión original en su propia casa, cómodamente acostados en un sofá? Fueron los teatros estudiantiles que más abusaron de esta "triquiñuela" por razones obvias. Así que fui a presenciar la West Side Story –que ha cambiado su precioso nombre inicial por el menos sugestivo de Amor sin barreras– con el temor de enfrentarme otra vez a esa especie de cantantes de "cine mudo". El detalle de la puesta en escena del joven director, Rubén Piña, que me conquistó de inmediato, fue oír las voces "vivas" de los actores desde el principio hasta el final. Las grabaciones tan sólo emitían la música de Leonard Bernstein, "músico que se ha movido con igual fortuna en los terrenos comerciales y clásicos", según lo señala en el programa de mano José Antonio Alcaraz. Las grabaciones musicales ya han sido adoptadas por numerosas empresas escénicas por la carestía que representa sostener una orquesta durante una temporada. Muchos ballets usan tales grabaciones y hasta óperas y operetas hacen lo mismo, sobre todo durante los desplazamiento de una gira.

Pues sí, la preciosa comedia musical norteamericana: West Side Story, uno de los arquetipos del género, que después de permanecer en la cartelera teatral de Nueva York durante seis años, pasó a la pantalla donde fue objeto de una apoteótica recreación en la mayoría de los países del mundo, hoy se presenta en la Ciudad Universitaria montada por el Teatro Estudiantil. Fui a verla con mucha desconfianza. Por anticipado me la imaginaba como un espectáculo de más audacia que posibilidades. Por anticipado acusaba la empresa inconciencia al llevar a la escena, con elementos no profesionales, una obra que tantas dificultades presenta y que tan estupendamente fue servida por actores, bailarines y cantantes en una película qué la mayor parte del público mexicano tuvo la oportunidad de presenciar. Y cuál no fue mi sorpresa y mi alegría cuando me encontré con un espectáculo muy ambicioso, en el más positivo de los términos, y que casi siempre vence las dificultades. La Universidad puede permitirse el lujo de usar muchos elementos humanos, sobre todo juveniles. En West Side Story participan como 40 actores, todos estudiantes y todos jóvenes, tal como lo exige el texto. Y todos bailan, cantan, actúan, con un entusiasmo que se trasmite a los espectadores, hasta formar una sola unidad sala y escenario.

Tema clásico, basado en la tragedia de Shakespeare: Romeo y Julieta, la obra no envejeció. Mas aún, hoy se antoja más de actualidad que nunca. La lucha racial entre pandillas de una gran ciudad enajenada, se hace hoy más vigente y contemporánea que en aquel estreno realizado en 1957 en el Winter Garden Jerome Robbins de Nueva York. El montaje estudiantil se mantuvo fiel a la coreografía de la pantalla, y las danzas debidas a Arcelia de la Peña, ejecutados con disciplina y entrega por los jóvenes intérpretes no profesionales, daba un aire de modernidad al espectáculo. Este contó con dos cantantes: Arturo González en el papel de Tony, e Irene Gamboa en el de María. Ambos tienen voz y sobre todo Irene Gamboa parece haber estudiado canto. Cada una de sus canciones fue recibida con entusiasmo delirante por el público. Ilayali Moncada como una de las jóvenes puertorriqueñas imita mucho a la actriz de la pantalla (cuyo nombre no recuerdo) y lo hace con gracia y temperamento. También baila, aunque no tenga mucha voz. El' montaje ha sido cuidado en todos sus detalles, hasta en el vestuario de la época. Son sobre todo las escenas colectivas de conjunto, que llamaban la atención daban al espectáculo su valor de una representación juvenil muy bien lograda que se me hace va a merecer algún premio de fin de año, como el mejor grupo no profesional, que en muchos detalles destaca mejor que numerosos conjunto que ostentan el título de "profesionales".