FICHA TÉCNICA



Título obra Dónde están los pantalones

Autoría A. Moock

Dirección Enrique Carreras

Elenco Luis Sandrini

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Sandrini en un Gutierritos a la argentina”, en El Día, 30 julio 1976, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Sandrini en un Gutierritos a la argentina

Malkah Rabell

Indudablemente buen actor, Luis Sandrini, que no volvió a México desde su última visita hace treinta años, según él mismo asegura, nos trajo con su presentación con su compañía argentina en Dónde están los pantalones, un teatro trasnochado, mediocre y lastimeramente comercial. Desde este horrible título, hasta los discursos al final de la obra, todo era de un especial mal gusto. Nunca he sido partidaria de las adaptaciones, por lo mismo no me pareció un rasgo exagerado dejar el acento porteño. Si las compañías españolas llegan con sus actores, sus temas y su peculiar manera de hablar, ¿por qué han de suprimirlos una compañía argentina, o cualquier otra latinoamericana? Pero he aquí que la dichosa obra de los pantalones escondidos ni siquiera es de un autor argentino, y donde fue adaptada es precisamente en Argentina. Si han de traer teatro local, por lo menos que lo sea auténticamente y con toda la barba. Ese señor A. Moock (?) que firma el original, no creo que jamás haya visto las tierras de las pampas, y su texto se me hace que ha sido por igual adaptado en México a la telenovela de triste memoria: Gutierritos. Es el mismo tema que no se adapta a la idiosincrasia especial ni de aquí ni de allí. El marido desdichado, dominado por una esposa mandona y venenosa que sueña con un antiguo novio triunfador en tanto que destroza las pocas seguridades de un esposo acomplejado por las constantes críticas, es en realidad un producto cosmopolita, si no se observan determinados rasgos de sicología específica, que en este Dónde están los pantalones, brillan por su ausencia y han sido reemplazados por elementos tan folclóricos como el acento y el léxico. Que por otra parte se me hacen muy exagerados. En la clase media argentina, con pretensiones aristocratizantes, acento es mucho menor y el habla es mucho menos populachero. Estos mismos actores al final del espectáculo ya hablaban casi sin acento.

Otro elemento que se opuso a nuestra sincera admiración de ese actor tragicómico, que es Luis Sandrini, fue el público excesivamente complaciente, con una claque voluntaria que desde la primera aparición del star se dedicó a aplaudirlo durante cinco minutos y luego lo siguió haciendo venga o no al caso, ante cualquier estúpido parlamento, como si se tratara de un monólogo shakesperiano. Tanta complacencia resultaba terriblemente molesta para los espectadores simplemente objetivos.

¿Qué es lo que en definitiva vimos en el escenario? Otra vez a Gutierritos. Mejor interpretado que en nuestra telenovela, con algunas escenas excelentes, como la de la borrachera, aunque demasiado larga. Estábamos frente a un actor y no a un "cómico". Pero esto ya lo sabíamos. Lo rodeaban actores con mucha rutina, con muchas tablas, pero ninguno con la capacidad histriónica de Sandrini. Tampoco el director, Enrique Carreras, que el actor trajo con su equipo, puede decirse que sea un realizador original. Todo parece ya a un viejo y desabrido teatro olvidado por las nuevas generaciones. Sandrini merece mejor obra, mejor dirección y mejor ambiente. Una obra de más calidad, de más relieve y menos preocupada por la taquilla. Cuando se vuelve a un país después de 30 años de ausencia, hay que traer al lado del nombre propio, el de un gran autor nacional para que lo respalde.

Otra ilusión que se pierde para quienes la tuvieron.