FICHA TÉCNICA



Título obra Las brujas de Salem

Autoría Arthur Miller

Dirección Raúl Zermeño

Elenco Claudio Obregón, Virginia Manzano, Elka Fediuk, Mabel Martín, Angelina Peláez

Escenografía Alejandro Luna

Coreografía Graciela Henríquez

Grupos y compañías Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Las brujas de Salem”, en El Día, 7 julio 1976, p. 26.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Las brujas de Salem

Malkah Rabell

Ya como reflejo de una situación actual y política, ya como una obra histórica que lleva a escena una época pasada que trae a la memoria y al conocimiento de los contemporáneos hechos trágicos e increíbles por el salvajismo del ser humano llamado civilizado, vista desde un punto u otro, Las brujas de Salem, del gran escritor norteamericano Arthur Miller, no deja de ser una obra dramática intensa y alucinante, que puede interesar, y hasta apasionar, hoy, ayer y mañana. ¿Por qué, entonces se nos hizo tan tediosa, larga e insoportable la representación que ofrece de ella la Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana, en la sala Jiménez Rueda?

Quizá de toda la dramaturgia de Arthur Miller, la obra que más se representó en los últimos veinte años, fue El crisol (título original de Las brujas de Salem), y también fue su drama que ocupó el escenario en el mayor número de países, con mucha mayor frecuencia y expansión que La muerte de un viajante, tal vez por ser esta última obra mucho más difícil de montar por muchas razones que aquí no vienen al caso. Si a esta última sólo la vi una vez en Buenos Aires, con un extraordinario actor norteamericano, en cambio Las brujas de Salem la vi por lo menos unas cuatro veces, y una de ellas en París con Yves Montand y Simone Signoret en los papeles estelares. Es muy difícil suponer que gran parte del público del estreno en el Jiménez Rueda veía la obra por primera vez. Creo que la mayoría ya en una o más oportunidades la había presenciado. Para estos últimos la obra no había envejecido. La que se antojaba trasnochada era la puesta en escena de Raúl Zermeño, que ya por segunda vez llega a la capital precedido de la fama de un becado premiado en Polonia.

La compañía cuenta con algunas figuras de primera magnitud, como calidad, aunque no como fama ni popularidad, tales como Claudio Obregón, Mabel Martín y Angelina Peláez. Actriz muy conocida es Virginia Manzano, y actriz recién llegada al país de Polonia es Elka Fediuk. El resto lo constituye un conjunto heterogéneo, algunos que ya tuvieron la oportunidad de actuar, y otros que probablemente son novatos por la ineptitud que demuestran en el escenario. Pero, más que la poca habilidad de la mayoría de los actores, choca la poca habilidad del director que le ha dado a su montaje un ritmo de requiem, de una desesperante lentitud, con una duración mayor de dos horas, casi tres, cayendo a menudo en escenas de un melodramatismo absurdo e improcedente, como en el último acto, donde otros directores impusieron un tono heroico, lo que la acción y la ideología del autor exige, y a la cual Raúl Zermeño impuso un lloriqueante y lastimero tono de derrota, con el héroe John Proctor (Claudio Obregón) vestido de mendigo, con las manos esposadas, descalzo y desgreñado, cuando en este mismo acto todos los demás presos que han de ir al cadalso se muestran mucho más enteros, y con un aspecto más viril, y en el teatro, el lado objetivo importa mucho porque es lo que se trasmite al espectador. Igual tono de insoportable melodramatismo sufren todas las escenas de Virginia Manzano, en el papel de la esclava negra, Tituba, acusada de enseñar sus brujerías africanas a sus jóvenes amas. Virginia Manzano ha encontrado un papel a su medida para sobreactuar a gusto. En cuanto a Elka Fediuk, tiene una pronunciación que resulta incomprensible para todo el público.

¿Que se salva? Muy poca cosa. El segundo acto en el cual Claudio Obregón acapara el escenario y vence con su arte las lentitudes del ritmo, las inexactitudes del escenario, con su escalera que sube hacia la entrada de la vivienda de los Proctor, como él y su familia vivieran en su sótano. ¿Por qué? También se salvan algunas escenas con Angelina Peláez, en su papel de una de las chicas que forman el grupo de las "histéricas santas" encabezadas por Abigail (Elka Fediuk), que acusan a los demás y llevan con sus increíbles acusaciones a varios miles de sus conciudadanos a la horca por brujería. Pese a su ausencia del escenario capitalino en los últimos años, Angelina Peláez se mostró más actriz que nunca.

Esto es lo que muy poco se salva de una representación de la que hemos esperado mucho y de una dirección que cuenta con elementos con les que se puede hacer más, mucho más.