FICHA TÉCNICA



Título obra Exodus

Autoría Leszek A. Moczulski

Grupos y compañías STU (Atención Teatro Estudiantil) de Cracovia

Espacios teatrales Auditorio de la Unidad del Bosque

Eventos Festival Internacional Cervantino

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. De Exodus a Iris”, en El Día, 2 junio 1976, p. 20.




Título obra Iris

Autoría Carlos Aguirre-Lugo

Elenco Marie-Ange Dutheil

Grupos y compañías Grupo belga de teatro

Espacios teatrales Auditorio de la Unidad del Bosque

Eventos Festival Internacional Cervantino

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. De Exodus a Iris”, en El Día, 2 junio 1976, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

De Exodus a Iris

Malkah Rabell

De Exodus a Iris, es decir desde los polacos a los belgas. Exodus fue la segunda representación del grupo STU, siglas de Atención Teatro Estudiantil. Su primer espectáculo fue Ensueños Polacos, aunque debería ser al revés: las dos representaciones hacían parte de un tríptico, del cual Exodus era el segundo y Ensueños Polacos el tercero, preparado varios años después. La fama acompañaba desde Guanajuato al tercero, y los espectadores de la capital se precipitaron a la función de esta última obra en el Jiménez Rueda. Exodus se ofreció en el Auditorio de la Unidad del Bosque, y tanto debido al tamaño de la sala, donde el público se pierde, como al menor interés de los espectadores, éstos relativamente disminuyeron. También el interés de los presentes fue menor. Y no obstante, si una representación de las que llegaron de Guanajuato me apasionó, fue precisamente este Exodus, cuyo texto no entendía, y cuyas explicaciones en el programa resultaban tan herméticos como en el idioma polaco.

¿Por qué este poema ritual de Leszek A. Moczulski –que aún sin saber nada de su género ya clasifiqué como oratorio me emocionó tanto? ¿Por qué llegó a desgarrarme las entrañas? ¡No lo sé! Quizá porque todo lo relativo a lo místico y Exodus voluntaria o involuntaria, consciente o inconscientemente lo es– me emociona, me llega a lo más profundo hasta el dolor. O tal vez –indudablemente también– por su lento avance a lo hondo; por su empleo de los amplios espacios, para lo cual le fue necesario un teatro como el Auditorio; por su empleo del fuego como un elemento no sólo estético, sino emocional, y no sólo emocional, sino estético, bello, bellísimo, y también místico, una fuerza de dioses misteriosos, que nos lleva más allá de los sueños, más allá de nuestra existencia mortal; y también por la belleza de sus dos desnudos que atravesaban el fuego, desnudos necesarios, ya que hacían parte del total, de la unidad del espectáculo; por la belleza de su música que le daba categoría de opera; y hasta por el agua, que no veíamos, pero que sentíamos en su fuente bautismal, en esta fuente que se iba transformando en un navío, en un velero, que hendía las aguas de un invisible mar camino al éxodo. ¿Hacia dónde? ¡Quién sabe!

Ningún espectáculo del Cervantino me emocionó como este oratorio, y su posterior parte del tríptico: Los ensueños polacos se me hizo muy pobre, una excelente idea mal aprovechada, comparado con este Éxodo. Había entre ambos como la diferencia entre una comedia musical y una ópera, como la fuerza de los primitivos frente a unos jueguitos de los modernos.

¿Qué es Iris? En el programa de mano, Albert André l'Heureux, hace una introducción que es pura palabrería. ¿Y acaso es posible interpretar de otra manera un texto que tal vez leído tenga algunas virtudes poéticas, más, en el escenario se diluye como un reflejo de luna en las manos? Texto de un poeta mexicano, Carlos Aguirre-Lugo, que como tantos otros autores mexicanos se olvida de las realidades del propio país y de las idiosincrasias propias, para imitar a los extremadamente desarrollados cuyas realidades le son ajenas.

Una escenografía muy interesante, inspirada por dibujos surrealistas, en la construcción de la cual entran materiales nuevos, que parecen vidrio y no lo son, pero que reflejan las formas y las luces, los contornos y las sombras. Más, todo esto se antoja gratuito, come es gratuita la actuación de una excelente actriz, Marie-Ange Dutheil, que no logra llenar con su presencia la vaciedad de una hora de palabrerías, de una hora donde la dirección está ausente, entre la estupidez de dos bailarines semidesnudos y huecos. ¿Surrealismo? ¿Imágenes oníricas? Los nombres pueden ser muchos Las explicaciones numerosas. Las etiquetas abundantes e inútiles. Un público poco nutrido y compuesto en su mayoría por estudiantes de Escuelas dramáticas, aplaudían a rabiar a la intérprete, a Marie-Ange Dutheil. Personalmente me aburría ... Fue un espectáculo tan, tan onírico que me hizo dormir