FICHA TÉCNICA



Título obra El eterno femenino

Autoría Rosario Castellanos

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Rafael López Miarnau, Marta Ofelia Galindo, Isabela Corona, Emma Teresa Armendáriz, Alejandro Aura

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El eterno femenino ”, en El Día, 21 abril 1976, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El eterno femenino

Malkah Rabell

Es de lamentar que Rosario Castellanos no fuera mujer de teatro. Ella mismo se negó a aceptar el encargo de escribir una obra que planteara los problemas de ser mujer en un mundo condicionado por varones, y sólo se avino a enfrentarse tal tarea ante las perspectivas ilimitadas que el teatro ofrece. Tampoco se puede afirmar que Rosario Castellanos tuviera un especial temperamento para la farsa, tal como ella considera su Eterno femenino. Indudablemente tenía sentido del humor, también emplea mucho los juegos de ingenio, pero los pon al servicio de temas muy simples. Este Eterno femenino saca a relucir las más conocidas, las más comunes debilidades femeninas: la mamacita posesiva; la hija sumisa a su progenitora y a los convencionalismos que crean los mitos de la mujer mexicana desde siglos, de la mujer mexicana "decente", es decir de la clase media; la esposa que ante las tareas domésticas se vuelve negligente consigo mismo, con su aspecto físico y se olvida no sólo de la coquetería sino hasta de la limpieza; la cabecita blanca que baila el jarabe sobre la tumba de su marido que al morir le dejó por fin esa libertad de la "anciana indigna", además de una pensión; la secretaria amante del jefe; la querida del hombre casado. En fin, pasa por toda la gama de los males que han de sufrir las mujeres mexicanas (que tampoco son muy distintos en otras partes) y a los cuales se han acostumbrado durante siglos hasta transformarlos en parte de su propia personalidad. Y Rosario Castellanos que era poeta, nos los ofrece sin adornos poéticos. En cambio esta manera de recorrer la vida femenina común y corriente, tiene una gran virtud. Todo el mundo se reconoce en ella, y la gente ama verse en el espejo del escenario, sobre todo si éste refleja la imagen crítica del vecino. Y como el público se reconoce, también se divierte, se ríe de buena gana y resulta un espectáculo de éxito. (Por lo menos así lo espero).

Hay también otras razones para atraer al público: la dirección y la actuación. Rafael López Miarnau, que es para mi modo de ver uno de los directores más dignos de respeto por su seriedad, su inteligencia, su cultura y su entrega a todo lo que emprende, tuvo ciertos altibajos que fueron muy discutidos la noche del estreno. Me hizo falta ver dos veces el espectáculo y asimismo leer dos veces el texto publicado por el Fondo de Cultura, para darme cuenta de la diferencia entre la obra descarnada y la obra cubierta de carne teatral. Si bien algunos agregados me parecieron inútiles, como esta presencia de las dos jóvenes llamadas en el programa "servidoras de escena", que, además de malas actrices, repetían las acotaciones marginales del texto, cuando no hacía falta alguna. Las "acotaciones" las "veíamos". Pero otros eran auténticos hallazgos que enriquecían la obra, como las proyecciones cinematográficas muy hermosas y donde Emma Teresa Armendáriz lucía mucho. Proyecciones que eran muy sugestivas al dar la posibilidad a la protagonista de reflejarse en la pantalla a la vez que actuaba en el escenario. Había escenas que eran invenciones desde el punto de vista cómico, como la escena de la "cabecita blanca" metida en la batahola del televisa, aunque la burla a la televisión ya ha sido usada con exceso, esta vez el director le dio tanto movimiento que nos olvidábamos de cualquier otra escena igual. Precioso el sketch de las dos prostitutas, donde Emma Teresa Armendáriz hacía un mano a mano con Marta Ofelia Galindo, acompañadas por Alejandro Aura, soberbio, divertido y fantasioso en cada una de sus múltiples apariciones, en cada uno de sus diversos personajes. Muy cómica la escena de la Gobernadora entrevistada que daba la posibilidad de lucirse a Isabel Corona, ya que no lo hizo en otras de sus apariciones. Muy buena la escena de la "celebridad" entrevistada, a la que López Miarnau impuso un acento argentino. Muy brechtiana el episodio de la cieguita que canta un corrido, un brechtianismo a la mexicana.

Y por fin, hemos de hablar de Emma Teresa Armendáriz como actriz cómica. En algunas raras oportunidades ya dije que esta intérprete multifacética, tiene una especial vís cómica. Lo demostró ampliamente en esta Lupita que debido a un aparatito de "ciencia ficción" sueña su propio porvenir en tanto se prepara para su boda. Como actriz de farsa, fue deliciosamente cómica, y en este campo no era cosa fácil de competir con Marta Ofelia Galindo que tiene la comicidad metida en la piel. Emma Teresa empezó a ser cómica desde su aparición, cuando dio los primeros pasos en el escenario. Esta novia el día de su boda era una perfecta boba.

Me gustaría que todos los críticos que asistieron al estreno se molestaran en ver ese mismo espectáculo por segunda vez.