FICHA TÉCNICA



Título obra Yo seguiré viviendo

Notas de autoría Julia Alfonzo Albores / adaptación a poemas y textos de varios autores

Dirección Julia Alfonzo Albores

Elenco Julia Alfonzo Albores, Rolando de Castro, Armando Zaya

Grupos y compañías Estudiantes de la Escuela Dramática del INBA

Espacios teatrales Sala del INDECO (Instituto Nacional para el Desarrollo de la Comunidad y la Vivienda Popular)

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Yo seguiré viviendo ”, en El Día, 15 abril 1976, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Yo seguiré viviendo

Malkah Rabell

Indudablemente se ven en el teatro de México de esos fenómenos curiosos –y Yo seguiré viviendo es uno de ellos– de espectáculos excelentes, de los cuales nadie, o muy pocos, se enteran. He aquí que se ofrece en la pequeña sala del INDECO (Institución Nacional para el Desarrollo de la Comunidad y la Vivienda Popular) en el máximo anonimato, una representación bella en todos sus aspectos, tanto en la expresión corporal de los jóvenes actores como en sus textos formados por poesía y prosa.

Libreto y dirección, se deben a Julia Alfonzo Albores, personalidad poco conocida del amplio público, pero que vale la pena de ser conocida porque demuestra una profunda ciencia del arte escénico. Maestra de actuación en la Escuela Dramática del INBA, ha realizado su montaje con estudiantes de la misma escuela. Emplear grabaciones y dejar que los actor esexpresen lo relatado por medio de pantomima no es del todo original. Pero bien hecho, con mucho sentido de la plasticidad y del dramatismo, crea en el espectador un impacto que siempre será bien recibido.

Comentar los textos es muy difícil, porque esta mezcla de poesía y de prosa se olvida cuando no se tiene el libreto a mano. Entre los textos no había gran hilación, no se apoyaban en un tema único ni en una idea central. Parecía más bien un sueño, o una pesadilla, cuando las imágenes saltan de un tema a otro, sin mucha lógica. Había textos de Rabindranath Tagore, de Jaime Sabines, de Nicolás Guillén, Marguerite Duras, Heraclio Zepeda, Andrés Aloy Blanco, Otto René Castillo, Gibran Jalil, Rolf Hochuth, Octavio Paz y algunos otros, con música de Villalobos y Vivaldi, con música popular de Polonia, música de Theodorakis y Ravi Shankar.

A veces oíamos textos que nos parecían conocidos, como el de Nicolás Guillén: "¿Por qué, soldado, piensas tú, que te odio yo?", o bien al texto de Marguerite Duras escrito para la película Hiroshima mi amor, que plásticamente representaba la caída de la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima, mientras que la grabación dejaba oír una voz de mujer y la de un hombre que pronunciaban el famoso diálogo: "No, tú no sabes nada de Hiroshima", de la película de Alain Resnais. Otras escenas nos daban imágenes vivas, desgarradoras, de hombres y mujeres encerrados en trenes de carga como bestias que llevaban al matadero las fuerzas nazis. supongo que el texto se debía a Rolf Hochuth, pero no estoy segura. Y todos estos textos ya versos, ya prosa, nos llegaban emotivos, en las tres voces de Julia Alfonzo, Rolando de Castro y Armando Zayas (a este último, notable músico y director de orquesta, no le conocía talentos de intérprete).

Cuando yo le pregunté a Julia Alfonzo la razón de esté título: Yo seguiré viviendo, me explicó que existe un poema de Pablo Ñeruda llamado La Muerte que dice en una parte: Si tú te has muerto, mi amor yo seguiré viviendo". Antes de esta explicación, pensé que este título tenía en cierto modo una razón simbólica, ya que Julia Alfonzo vivió una terrible odisea que la puso al borde de la muerte y sólo su increíble coraje, su infinito valor por vivir superar todos los obstáculos, hizo que pudiera seguir con vida y con actividades normales, con su creación artística al servicio de la cual pone un temperamento de organizadora de primera línea. Pero, da la casualidad que este texto ha sido escrito por Julia mucho antes de que un accidente automovilístico la dejara con 34 fracturas, mortales en su mayoría. Y ya entonces llevaba el mismo título, que hoy se antoja premonitorio. Pero en una crítica no son las razones subjetivas que cuentan, sino los hechos objetivos. Y la objetividad en este caso es que nos hallamos frente a un hermoso espectáculo, que lamentablemente permanece encerrado en una reducida sala de una institución estatal que nadie conoce y que carece de entrada por la calle. Tampoco tiene la debida publicidad por razones obvias. Sería muy de desear que el breve conjunto, constituido por nueve personas, por nueve intérpretes, pasara a una sala más céntrica y más al alcance del público, ya que se trata de un espectáculo que vale la pena de ser visto, en tanto la cartelera anuncia tantos espectáculos "famosos" que no valen gran cosa.