FICHA TÉCNICA



Título obra Las tandas del Tlancualejo

Dirección Rafael Pimentel

Espacios teatrales Carpa Geodésica

Productores Departamento de Literatura Dramática y Teatro, Facultad de Filosifía y Letras de la UNAM

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Espectáculo infantil en la Carpa Geodésica”, en El Día, 7 abril 1976, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Espectáculo infantil en la Carpa Geodésica

Malkah Rabell

Otro intento de crear teatro para niños, un teatro de formas e intenciones nuevas. Esta vez lo realiza el Departamento de Literatura Dramática de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en la Carpa Geodésica que este departamento alzó, de una manera muy original, en la azotea de una casa particular de San Angel. En la misma carpa se presentan durante toda la semana Las tandas del Tlancualejo y sólo los sábados a las 12 y los jueves a las 20:30 hay representaciones dedicadas a un público infantil. Me tocó la del sábado cuando la mayoría de los "espectadores" oscilan entre los 3 y los 8 años, de quienes la dirección se propone "recibir más de lo que les ofrece", es decir que se propone hacer participar a ese público de menores en el espectáculo.

Indudablemente, los niños más se divierten de su propia participación en el juego, que de lo que pueden observar y no siempre comprender ni gozar. Se ríen de su propia risa, de la de sus padres y de sus compañeros, es una risa que se contagia de unos a otros. En cambio, esa imitación o esa parodia de los domadores, de los malabaristas, trapecistas y hasta de los mismos animales que hacían los jóvenes actores universitarios no convencían a unos pequeños de tan corta edad. Los divertían mucho más subir al escenario, dejarse pintar el .rostro, o como lo hacían al final, participar en las danzas de los actores, repetir con estos sus gritos y cantos, y aprenderse o bien olvidarse enseguida sus moralejas que repetían a voz en cuello.

La intención de la empresa era imitar el circo dándole al actor augusto la interpretación de todos los elementos cirqueros: trapecistas, domadores, payasos, bailarines, músicos y hasta animales. Lo que es una manera nada fácil de divertir al niño. La imitación, por medio de mímica, de un trapecista no puede encantar a un niño como lo hace un auténtico salto mortal, mientras la música toca, brillan las lentejuelas y los oropeles y las luces deslumbran. No puede el niño divertirse viendo a unos actores imitar las actitudes de los leones, corno si viera a éstos en carne y hueso, Y así con todos los demás elementos del circo parodiados o mimados por los actores, elementos con los cuales el verdadero circo, aquel que levantaba su carpa en una aldea o en la plazuela de una gran ciudad, conquistaba durante siglos los corazones de los espectadores infantiles, y también de los adultos. Yo miraba los rostros de los niños, y éstos parecían bastante indiferentes. Los gritos llegaban más del. escenario que de la sala. Hasta que por fin, cuando se les llamaba a la "escena" para a su vez participar en el espectáculo y para sentirse "actores", entonces despertábase su entusiasmo y empezaban a hacer su propio teatrito, su propio "juego".

De esta representación a cargo de Rafael Pimentel, !a parte más lograda era la comedieta del Pueblo feliz, donde todos viven contentos y serviciales, respetuosos de sus padres, amigos de sus vecinos, cariñosos con sus hijos, hasta que al "pueblo feliz" llega el señor Batman con sus compinches y traen consigo la máquina "tragacerebros" es decir la televisión, que transforma a todos, niños y adultos, padres e hijos, vecinos y amigos, en imbéciles y autómatas, hundidos durante todo el día en una especie de sueño de opio. La burla de la televisión ya ha sido muchas veces –con exceso– usada. Pero en esta oportunidad se emplean distintos elementos, se deja de reír de los anuncios, y se trata de atacar el lento envenenamiento mental que la televisión provoca en todos los ámbitos que se considera diversión.

La tendencia por buscar nuevos rumbos formales y didácticos en el campo del teatro infantil, es sin duda un intento muy sano, pero poco explotado a lo hondo y aún muy alejado de las medidas justas.