FICHA TÉCNICA



Título obra Wilder bataclán

Notas de autoría Gustavo Torres Cueto / adaptación a El ángel que peturbó las aguas, volumen de obras cortas de Thornton Wilder

Dirección Gustavo Torres Cueto

Elenco Ernesto Bañuelos, Vera Larrosa, Matilde Kalfon, Roberto Olivo

Espacios teatrales Teatro de la Universidad

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Wilder bataclán, teatro universitario”, en El Día, 2 marzo 1976, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Wilder bataclán, teatro universitario

Malkah Rabell

La primera parte de este título: Wilder bataclán, se debe al dramaturgo norteamericano Thornton Wilder, el autor de La piel de los dientes y Nuestro pueblo. La segunda parte: bataclán, es una palabra que no figura en ningún diccionario español. En francés significa trastos y chirimbolos, de allí que la adaptaron para designar en lenguaje popular un teatro de poca monta, de poca calidad, por lo general una revista musical sin mucha unidad entre sus diversos elementos y donde alguna que otra "intérprete" se desnuda, a la que peyorativamente se llama: "bataclana". El espectáculo que Gustavo Torres Cueto presenta en el teatro de la Ciudad Universitaria se basa en textos de Wilder escritos en su juventud y publicados en un volumen que lleva como título El ángel que perturbó las aguas. Hasta dónde el director escénico permaneció fiel al original, no lo sé. De todos modos la palabra en esta especie de revista es de muy poca importancia Las 5 obritas que eligió Torres Cueto no tienen ninguna unidad entre sí, y si la intención del director –tal como lo asegura en el programa de mano– fue la de "exponer un problema", el de los actores que son "seres que deambulan entre una realidad represiva y asfixiante y la fantasía de ser en el escenario otros seres totalmente diferentes", no lo logró. Los actores y sus problemas se nos escapan de las manos, se diluyen entre la danza y la música, y apenas si en alguna que otra parte nos damos cuenta de su existencia. Tampoco debe preocuparse Torres Cueto de que lo tilden de "pretencioso" ("probablemente en algún momento se nos diga que hemos sido 'pretenciosos', pero creo que la experimentación es válida en cualquier terreno" es otro párrafo del programa de mano). El espectáculo es demasiado pobre para aspirar a las "pretensiones".

En realidad nos hallamos frente a un "juego" donde 4 actores, 2 mujeres y 2 varones, deben cantar, bailar y actuar. Como no saben cantar, mueven los labios, hacen gestos en tanto entre bambalinas, toca la música grabada y cantan unos "auténticos cantantes". Este "chiste", ya excesivamente repetido por unos y otros, empieza a cansar, porque si queremos escuchar discos, nos quedamos en casa y no hacemos un viaje hasta la Ciudad Universitaria un domingo en la tarde. Los 4 intérpretes también bailan, pero su coreografía es muy modesta. Mas, como se trata de gente joven, ágil y graciosa, que probablemente estudió danza, los números bailables resultan simpáticos y divertidos. En cuanto a la interpretación, los textos son sumamente cortos y a menudo no logramos comprender de qué se trata. De las 5 obritas, las que mayor efecto produjeron, por lo menos en mí, fueron las 2 últimas. Creo que una se llaman Leviatán y Mozart y la otra no entiendo por qué la titulan El lacayo gris cuando se trata de una sirena que le robó el alma a un náufrago. También tuvimos una escena de strip-tease, lo que es otro "chiste" que ya cansa y ha dejado de estar a la moda, así como nos cansan los discursos que tratan de convencernos del mesianismo de la pornografía. En las cárceles y en los campos de concentración se desnudaba a los presos para humillarlos, para destrozar su dignidad y su ánimo de combate. El desnudismo no es un arma de combate, es un arma contra el combate que las clases dominantes han ofrecido a la juventud para desviarla de problemas más serios. Los desnudos son válidos cuando son necesarios para el texto de la obra; cuando se los emplea para atraer a un público poco maduro tan sólo se imita al peor de los teatros comerciales.

Lo que salvaba esta representación y mantenía al público divertido durante cerca de 2 horas, que transcurrieron con mucha rapidez, era la música muy bien elegida, la alegría, el entusiasmo y la gracia del seducido grupo de actores formado por Ernesto Bañuelos, Vera Larrosa, Matilde Kalfon y Roberto Olivo.