FICHA TÉCNICA



Título obra La novicia rebelde

Dirección Luis Gimeno

Elenco Lupita D’Alessio, Enrique Álvarez Félix

Escenografía Julio Prieto

Música Rogers y Hammerstein

Espacios teatrales Teatro de los Ferrocarriles

Productores Manuel Fábregas

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La novicia rebelde”, en El Día, 24 febrero 1976, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La novicia rebelde

Malkah Rabell

Esta "la mejor comedia musical de todos los tiempos", según reza el programa de mano, se nos hace bastante envejecida en forma y contenido. Después de haber asistido a comedias musicales como Jesucristo Superestrella, Sugar, Mi bella damaem>, El violinista sobre el tejado y El hombre de la mancha, montadas por directores escénicos muy especializados en el género e interpretadas por actores que cantan, bailan y actúan, La novicia rebelde no tiene para entusiasmar al espectador ni dirección, ni interpretación ni producción. Empezando por este último elemento, la producción, debida a Julio Prieto, que es un maestro en su especialidad y ha realizado las escenografías de casi todas las producciones de Manuel Fábregas, nos hallamos ante la dolorosa sorpresa que en esta Novicia rebelde sus decorados están formados en su mayoría por telones pintados que se mueven bajo cualquier movimiento o cualquier soplo de aire, sistema ya muy envejecido y muy poco convencedor, además de que todos los cambios se hacían con grandes demoras. No sé si estas deficiencias tan poco usuales en Julio Prieto se debían a una imposibilidad de vencer las dificultades de un escenario que adolece de gigantismo, o bien a una falta de tiempo para realizar otra clase de decorados. El segundo punto, la interpretación: en el papel estelar se presenta una actriz, Lupita d'Alessio, que canta, pero de actriz tiene muy poco y de bailarina aún menos. El otro protagonista, Enrique Álvarez Félix, actúa, pero no canta ni baila, además es excesivamente joven para un papel de oficial austriaco, viudo y padre de siete hijos. En cuanto a la dirección escénica, Luis Gimeno carece de toda práctica en el género de comedia musical. Aunque el escenario llevaba no sé cuántos micrófonos, no oíamos nada y sobre todo no entendíamos la prosa de los actores. La coreografía estaba en pañales. Y en general, la primera noche, del estreno, parecía que la representación aún no funcionaba con todo corrección, y había bastante caos en el escenario.

¿Qué decir de la obra? Porque hasta una comedia musical puede tener un texto interesante y una base literaria, tal como Mi bella dama que estaba basada en un texto de Bernard Shaw, El violinista sobre el tejado, basada en un texto de Shalom Aleijem, y El hombre de la Mancha que se inspiraba en Cervantes. En La novicia rebelde, nos hallamos frente a un merengue sentimentaloide e infantil, tal como se hacían las películas para Diana Durbin, aunque en este caso el papel protagónico en el cine lo tuvo a su cargo Julia Andrews, a la que nunca vi actuar. Lo que salva la comedia en su representación en el Teatro de los Ferrocarriles, es la música de Rogers y Hammerstein, con sus canciones tan pegajosas y sus coros, que por cierto me gustaron mucho con sus sopranos mezzo-sopranos y contraltos.

Me imagino que al público mayoritario no les dejara de agradar esta comedia precisamente por su linda música y sobre todo por su tema tan romántico con los niños huérfanos y las monjas salvadoras. Y si pensamos que esta comedia musical da trabajo a mucha gente, tanto a cantantes, como bailarines, actores y técnicos, sólo nos queda desearle mucha suerte y larga permanencia en la cartelera, pese a todos sus defectos... ¡Excesivos!