FICHA TÉCNICA



Título obra Una rosa para el desayuno

Autoría Pierre Barillet y Jean Pierre Grédy

Dirección Mauricio Herrera

Elenco Sergio Jiménez, Patricio Castillo, Patricia Aspillaga

Espacios teatrales Teatro Arlequín

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Una rosa para el desayuno”, en El Día, 9 febrero 1976, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Una rosa para el desayuno

Malkah Rabell

Un título muy sugestivo, pero que tiene muy poco en común con la comedieta de Barillet y Gredy. Más bien estamos frente a una de tantas comedias que suelen representarse en el teatro Arlequín, esta vez sin Nadia Haro Oliva y sin paños menores. Por fortuna en este caso nadie tiene pretensiones de gran arte, y el público puede reírse sin remordimientos ante esta inocente historia –ni tan inocente– de una joven sin prejuicios sexuales que mientras vive un romance de fin de semana con un joven médico, encuentra a un amigo de infancia a quien siempre ha considerado como un hermanito y se da cuenta que su corazón le pertenece. Esto es todo el tema, y ofrece muy poco material para reseñar.

El único interés de este espectáculo fue la aparición de Sergio Jiménez por primera vez en una comedia de esta naturaleza, y en un papel de galán. He oído a varias personas del ambiente de la farándula preguntarse por qué Jiménez aceptó semejante papel. Se me hace una pregunta ingenua. ¿Por qué habría de rechazarlo? En primer término un actor profesional que vive de su trabajo no siempre está en condiciones de elegir sus personajes, ya sea por razones económicas, ya sea por razones profesionales. Esta última causa debe haber intervenido mucho en la aceptación de Sergio Jiménez. Él, que siempre se dedica a personajes dramáticos o de carácter, debe haber encontrado una fuente de nuevas posibilidades en una comedia casi vodevilesca. En cada actor existe siempre la curiosidad de experimentar con nuevos caracteres histriónicos y en esta Una rosa para el desayuno, se le ofrecía no sólo la oportunidad de hacer comedia de salón, no sólo la oportunidad de hacer un papel cómico, sino el de galán. Y tanto los actores como las actrices, por más serios que sean, no pueden escapar a esa pequeña vanidad tan humana de sentirse amados, perseguidos y conquistados, aun... que tan sólo sea en el escenario. Tengo entendido que en la televisión Sergio Jiménez a menudo hace de villano, de malvado. Es muy natural que un actor desee escapar a la estereotipización, y también a una incrustación de una imagen antipática en la retina del público. Pues en Una rosa para el desayuno, Sergio Jiménez es un galán joven, bueno y amado. En cuanto a su físico, algunas morcillas o expresiones agregadas por el director, nos da a entender que Nicolás, el físico-matemático, el amigo de infancia de Catalina, no es especialmente un dechado de belleza. Y Sergio Jiménez tiene bastante sentido del humor para reírse de ciertas fallas de su rostro. En resumen, Jiménez salió victorioso de la prueba. Se mostró ágil, con sangre ligera y como siempre, buen actor.

Igualmente excelente en su breve papel fue Patricio Castillo. Este sí actor de comedia por los cuatro costados y cada una de sus intervenciones era saludada con un estallido de risa. Todo el resto del conjunto hacía con gracia lo que podía, y Patricia Aspillaga hacía demasiado: exceso de gesticulación, de muecas y de payasadas.

Es por primera vez que asisto a una puesta en escena de Mauricio Herrera y me parece que maneja el material humano y escénico con habilidad y dinamismo. La noche del estreno, los actores aún fallaban en sus partes y hasta fallaban ciertos detalles escénicos. Pero esto seguramente con el tiempo irá asentándose. Para quien desea pasar el rato agradablemente y divertirse sin mayores exigencias, encontrará en la comedia del teatro Arlequín lo que busca.