FICHA TÉCNICA



Título obra Rodeo

Autoría Aleksander Scibor-Rylksi

Dirección Nancy Cárdenas

Elenco Narciso Busquets, Otto Sirgo, Norma Lazareno, Luis Basurto S., Margarita Isabel

Escenografía Alejandro Luna

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Rodeo, o un juego de ping pong”, en El Día, 7 febrero 1976, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Rodeo, o un juego de ping pong

Malkah Rabell

Por el solo hecho de ser obra de un autor polaco, Aleksander Scibor-Rylski, Rodeo ya despertaba la curiosidad de un público teatrófilo. Esta curiosidad se vio aumentada por el hecho de contar la representación con la puesta en escena de Nancy Cárdenas, cuya inteligencia e instituto para elegir obras de calidad y a la vez accesibles a un público numeroso, son bien conocidos. Pues bien, esta vez su instinto falló. Se trata de una obra de tal pobreza escénica que yo misma llegué a desconfiar de mi juicio, preguntándome: ¿Estaré equivocada? ¿El rey estará vestido y sólo mi tontería y mi ceguera me lo hacen ver desnudo?

Sin duda de un autor polaco contemporáneo desearíamos ver una pieza social, un reflejo de la nueva Polonia, aunque no se tratara de una obra política. Por más que se nos afirme que las pasiones humanas son iguales en todas partes y bajo todos los regímenes, esto no es cierto. La historia que a Noel Coward le sirvió para Un proyecto para vivir, en España se transforma en Bodas de sangre, y la misma historia de amor, en México terminaría a balazos. Y esto sólo debido a distintos temperamentos raciales, a distintas educaciones. ¡Cuánto más distintas resultan iguales tragedias o comedias humanas cuando el régimen político cambia por completo la manera de vivir de un pueblo! Ya que a Rylski le falta el sentido de humor inglés para enfocar su obra al estilo de Un proyecto para vivir, quisiéramos que nos diera el sentido polaco ante semejante problema, además un sentido polaco pasado por el tamiz de un régimen que cambió la vida del país. En cambio, si su autor no tuviera un ski al final de su apellido, podríamos colocar ese Rodeo en cualquier parte del mundo, y no hay nada más desabrido que lo "universal", sobre todo cuando se trata de una obra realista. Y lo más curioso que unos autores como Mrozek o Gombrovich, cuyas obras pueden ser consideradas del absurdo o surrealista, son terriblemente polacos.

No comprendo muy bien por qué se llama Rodeo esta obra que de rodeo, en cualquier sentido lingüístico, nada tiene. No me explico por qué llamar Rodeo a esta historia de una pasión que dos hombres sienten por la misma mujer. Uno es su marido, el otro su amante. Este último a su vez tiene una esposa, que es la única persona sensata de este Rodeo y nada quiere saber de su tornadizo marido. En cambio el objeto de la doble pasión, Marga, se pasa la vida cambiando de techos y de lechos, como una pelota de ping pong, que va de un lado para otro de la mesa, y esto un buen número de veces. Así Marga, pasa de mano en mano y no se puede decidir; cuando ya se acaba la última escena, la señora aún sigue indecisa. Esos constantes cambios de "propietario" constituyen toda la obra, que resulta de un aburrimiento increíble. Y ni la estructura dramática ni el lenguaje ofrecen el menor interés.

No creo que una dirección escénica especialmente cuidada imaginativa pudiera salvar este texto tan pobre. Lamentablemente ni siquiera la dirección tuvo el menor valor. Ninguno de los valores que le vimos a Nancy Cárdenas en El cuarteto se hizo presente en Rodeo.. Nos hemos pasado dos horas viendo cómo los actores entraban por una puerta y salían por otra. Asimismo las actuaciones resultaban de una desesperante pobreza, pese a la presencia de Narciso Busquets, un excelente actor cuando le toca un papel que lo inspira. Ni él ni Otto Sirgo hacían otra cosa que sacarse los ojos a fuerza de señalarse uno al otro con el dedo índice. En cuanto a Norma Lazareno, su actuación era como para llorar. Tanto ella como las demás damas del reparto no hacían nada más que cambiarse de ropa. Parecía un desfile de modas. No menos lamentable era Luis Basurto S., en el papel del padre de uno de los enamorados, papel que sobraba por igual que el de la madre y de la esposa "legítima", la esposa abandonada que e tocó en el reparto a Margarita Isabel, que tal vez en otra oportunidad pueda dar más de sí misma.

El único elemento valioso que llamó la atención de todo el público aún antes de iniciarse la representación, fue la escenografía debida a Alejandro Luna, que por su sugestividad prometía una obra extraña y misteriosa. que por desgracia no existía.