FICHA TÉCNICA



Título obra Bodas de sangre

Autoría Federico García Lorca

Dirección Xavier Rojas

Elenco Ana Mérida, Raquel Olmedo, Alicia Palacios, José Baviera, Gonzalo Vega, Jorge Pondal, María Montejo

Escenografía David Antón

Grupos y compañías Teatro de las Américas Unidas

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Bodas de sangre”, en El Día, 20 de enero 1976, p. 16.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Bodas de sangre

Malkah Rabell

En la época cuando caía Federico García Lorca bajo las balas de los soldados franquistas, en México su obra más popular, más amada, más leída por la joven generación era Bodas de sangre, un poema de amor y de muerte que el autor llama tragedia. Tragedia tan frecuente en los países latinoamericanos, del hombre que abandona a la novia para casarse con otra, y que vuelve para robarla el día de la boda de su antiguo amor. A través de las imágenes y del lenguaje poéticos, se nos presenta un panorama de una España vestida de negro, hermética y puritana, y a la vez pasional, con una pasión que llega hasta lo sangriento. Un país donde la mujer sólo ha de pertenecer a un hombre único, y ay de la que olvida sus obligaciones. No, no es la España de Carmen con sus múltiples amantes. Pero sí la España de la muerte por amor. Una España formada por familias de numerosos primos y primas, dispuestos a "vengar la honra" de uno de los suyos. En Bodas de sangre los dos hombres riegan con su sangre la tierra que pensaban arar, y ahí quedan sin vida sus cuerpos para que los lloren tres mujeres: la madre, la viuda y la novia. Una novia que en lugar del tálamo, empapó de sangre sus velos nupciales.

Obra muy difícil, muy compleja de montar, que entreteje lo realista con lo surrealista, lo diario con lo poético, la prosa con el verso. Hace falta que el director de escena encuentre un hilo que recorra todo el drama y entreteja en una sola unidad todos sus aspectos. Lo que más llama la atención de esta primera puesta en escena del Teatro de las Américas Unidas, debida al director Xavier Rojas, es su falta de unidad. Una escena excelente en la vecindad inmediata de otra pésima y hasta ridícula, como esta de los "leñadores", sólo cubiertos de un minúsculo calzón, con un collar de cuerdas en el cuello. Asimismo era absurda la danza de Ana Mérida. Pero una se pregunta: ¿con qué rempazarlos?, son los elementos surrealistas del poeta, que en su época eran muy audaces y hoy se hacen infantiles. Las vanguardias envejecen muy pronto, y veinte años después necesitan una transfusión de sangre nueva para revitalizarlas. Y estos "leñadores" no renovaban el surrealismo lorquiano. Y no menos absurda era la escenografía debida a David Antón (quien tanta gracia tiene cuando realiza sus escenografías en el tono del Art Nouveau), era una escenografía mucho más apropiada para un cabaret que para Bodas de sangre.

Por fortuna, algunas escenas nos arrastraban nuevamente al corazón mismo de la tragedia lorquiana. Estaban estas escenas con la pareja de grandes actores: Alicia Palacios y José Baviera, la criada y el padre, que habían encontrado el tono justo de sus personajes. Luego estaban las escenas de los elementos jóvenes: los dos hombres enamorados de la misma mujer, Gonzalo Vega y Jorge Pondal, ambos excelentes. Raquel Olmedo como la novia le dio una versión que creo muy personal: la de una muchacha salvaje, dura y despiadada; ningún romanticismo lírico. El personaje se hacía antipático y no sé si tal era la intención del dramaturgo. En cambio, María Montejo fue el polo opuesto, la esposa dulce y desgarrada por el abandono y luego por la muerte del marido. Es una joven actriz que promete mucho. En su papel de la mujer de Leonardo, resultó deliciosa.

Y en cuanto a la gran Montejo, se entremezclaban los momentos buenos y los momentos falsos. No supo, o no quiso comportarse como ese personaje hermético, sombrío y trágico de la campesina española, viuda del marido y viuda del hijo, cien veces desgarrada por sus muertes, pero desgarrada por dentro, en silencio. Fue una madre a lo italiano, con cabello oxigenado y largos velos negros de vedette. Tenía momentos cuando lograba alcanzar el tono trágico, cuando hacía pasar un estremecimiento por el público, pero no siempre... Lástima.

Empresa ambiciosa, la de montar Bodas de Sangre como la de formar una compañía de teatro latinoamericano para recorrer las repúblicas hermanas. Con sus aciertos y sus desaciertos, que sea bienvenida.