FICHA TÉCNICA



Elenco Dahd Sfeir

Música Luis Fernández / guitarra

Espacios teatrales Sala Manuel M. Ponce

Notas Recital de Dahd Sfeir

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Dhahd Sfeir, una espléndida One woman show”, en El Día, 15 enero 1976, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Dahd Sfeir, una espléndida One Woman Show

Malkah Rabell

Esta expresión One Woman show que inventó el idioma inglés para un género muy norteamericano, no es tan fácil de traducir en su sentido literal. Aún nadie adaptó al español una expresión similar. Más o menos puede interpretarse como: "Una sola persona (hombre o mujer) para un espectáculo entero" o bien: "un espectáculo de una sola persona". Pero no expresa el sabor de One Woman Show. Y esta actriz uruguaya, Dahd Sfeir, que nos visita y actúa en la sala Manuel M. Ponce del Bellas Artes, es como la quintaesencia latinoamericana adaptada a este género que viene del Norte, un género nuevo. Decir que Dahd Sfeir es una "recitadora" es errar la esencia de su arte. Es más bien leo"anti-recitativo" bueno o malo. Es una espléndida actriz dramática, que de repente –cuando lo desea– adquiere un tono burlón, irónico, ligero de la comedia o de la farsa. Que de pronto se pone a cantar y tiene una voz deliciosa. Todo en ella se realiza a través de la voz. Su fuerza, su dramatismo, su comicidad, su histrionismo total, pertenece a. su voz, que tiene un registro amplio, ya dulce, ya heróico, una voz rica en savias múltiples, como una tierra fértil, regada por abundantes lluvias que se abre al trigo. Ella no se preocupa excesivamente de la famosa "técnica corporal", que en algunos actores y para algunos directores que la usan en sus montajes, es un auténtico aporte al arte escénico, un alud de hallazgos, en tanto en otros sólo es trucaje. Dahd sabe manejar su cuerpo y sobre todo sus manos con ductilidad cuando hace falta, como en esa escena de la muchacha que visita a un hombre y trata de escapar a sus caricias mientras prolonga el relato de su biografía. Pero nunca le da a su cuerpo una importancia primordial. En cierto modo se puede decir que es una espléndida actriz que permanece ligada al teatro tradicional.

Y tal vez porque permanece ligada a las tradiciones escénicas de la escuela de vivencia, se me hace que, aún cuando Dahd Sfeir se considera más apropiada al ámbito reducido de un café-concert, yo me la imagino en un teatro grande, conquistando a un público amplio. Lo que probablemente sucedió cuando se presentó en Buenos Aires en Santa Juana de Bernard Shaw y obtuvo el premio a la mejor interpretación extranjera. Pero sospecho que así como sus registros vocales pueden interpretar obras clásicas y modernas, así mismo puede con sus intervenciones en un One Woman Show conquistar hasta a un público sin mayores pretensiones. Es una actriz que posee uno de esos maravillosos dones de ganar los corazones de todo el mundo.

Mas, lo que en especial llama la atención en su arte, es su falta de miedo al color "local", es su falta de pretensión de hacer arte "universalista". Habla con el acento de las tierras del Plata; canta tangos como La última curda de Anibal Troilo y Cátulo Castillo; su canción de Óscar Chávez sobre un poema de José Martí, La niña de Guatemala nos desgarra, y hasta su Doña Rosita la soltera de García Lorca, adquiere un extraño sabor a tierras sureñas de América, y esa escena del tercer acto del poeta gitano parece suceder en algún campo de Entrerríos o de Santa Fe. Y su localismo hace una de las fuerzas de esa admirable intérprete aún tan joven.

La guitarra de Luis Fernández, que la acompaña casi constantemente, se halla tan entretejida en el arte de Dahd, que con ella se confunde y parece una sola voz. Son dos artes que se aúnan en uno solo.