FICHA TÉCNICA



Título obra El atentado

Autoría Jorge Ibargüengoitia

Dirección Felio Eliel

Elenco Guillermo Gil, Mario Oropeza, Oscar Yoldi, Julio Antonio Llanes

Escenografía Alejandro Luna

Espacios teatrales Teatro Jorge Negrete

Eventos Temporada popular

Referencia Malkah Rabell, “Temporada popular El atentado”, en El Día, 3 septiembre 1975, p. 18.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Temporada popular El atentado

Malkah Rabell

Lo que Vicente Leñero escribió en serio, en su El Juicio, Jorge Ibargüengoitia lo transformó en comedia —y más que comedia, farsa— en su Atentado. Y como presenta a los dos bandos con igual ironía feroz, no hay medio de saber contra quién v con quién está. Lo es la mejor manera de hacer teatro: deja que los hechos hablen por sí solos. No obstante Ibargüengoitia no puede escapar a cierta piedad, y hasta a cierta admiración ante las dos víctimas: el general Borges, el presidente electo, asesinado, y su asesino, el joven dibujante místico, en busca de un martirio, a su vez asesinado, ya que la pena de muerte no deja de ser un asesinato legal. Consciente o inconscientemente, el autor nos presenta a un general manco, que es todo un carácter, una fuerte personalidad. En tanto "Pepe" es un muchacho algo trastornado por sus creencias religiosas, que es aprovechado por los dirigentes de su propio bando, que lo empujan a un acto de violencia del cual después se lavan las manos. Y ambos papeles, él de Borges y él de Pepe están interpretados con verosimilitud por Guillermo Gil, Mario Oropeza. Mas, lo mejor de la obra es el final, cuando por encima del cadáver de "Pepe", los dirigentes de los dos bandos adversarios se, estrechan las manos, y luego, del brazo uno del otro, se alejan con un encogimiento de hombros ante el –pobre diablo que les hizo el juego a todos y lo pagó con la vida.

La primera parte de la farsa, es un poco deshilvanada, cómo falta de unidad. Una falta de unidad que la dirección del joven actor Felio Eliel no logra remediar. Se diría que hasta la escenografía, debida a Alejandro Luna, subraya esta deshilvanación. Las compañías de las temporadas Populares están sometidas a la muy in.cómoda obligación de cambiar de local cada dos ó tres semanas, lo que les impide crear una escenografía fija, adaptada a un determinado tablado. Cuando para esas compañías el decorado lo realiza un escenógrafo con agallas artísticas, trata de contar con elementos movibles dentro de un escenario desnudo o muy poco poblado. Lo que es el caso de Atentado, donde Alejandro Luna puso como fondo una pantalla con proyecciones de viejas fotografías, y creó toda clase de elementos como camas y sillas con ruedas, que se transforman ya sea en tribunas, ya sea en mesas, o simplemente en auténticas camas. Y nada más triste e inhóspito que un escenario desnudo donde se ven los trasfondos de muros sucios bajo una luz grisácea.

Por fortuna, la segunda parte. que se desarrolla sin necesidad de entreacto, es infinitamente más unida y presenta una estructura más vigorosa; hasta esos elementos de hierro provistos de ruedas adquieren su completa razón de ser, al transformarse en diversas tribunas, mesas y estrados del juicio. Y este "juicio" es una auténtica hazaña, un "trozo de bravura". El autor mezcla a tal punto la ironía con un dramatismo subyacente que el público se ríe con deseos de llorar. Además en esta escena la aparición de uno de los testigos, un agente secreto tuerto, interpretado por Tito Reséndiz, fue estupendo, fue el único actor que mereció un aplauso especial al abandonar el escenario. En cambio sería muy saludable que el abogado acusador (Oscar Yoldi) gritara menos —la comicidad no reside en los gritos sino en la actuación— así como el abogado defensor (Julio Antonio Llanes) cayera menos en la caricatura. Este episodio, tan lleno de posibilidades, en lugar de resultar un mano a mano da lugar a una competencia de quién hará más reír con medios artísticamente poco lícitos.

Mas, en general, se trata de una obra muy interesante, de ese autor que es uno de nuestros mejores escritores Jorge Ibargüengoitia dirigida con agilidad, e interpretada con alegría. Y lo que más me alegró fue la asistencia de un público numeroso, que ese domingo casi llenaba la sala del Jorge Negrete. Un público que se divertía y aplaudía de todo corazón.