FICHA TÉCNICA



Notas Balance del teatro en la ciudad de México, en 1975, en lo relativo a los conjuntos teatrales

Referencia Malkah Rabell, “Los conjuntos teatrales en México en este 1975”, en El Día, 19 diciembre 1975, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los conjuntos teatrales en México en este 1975

Malkah Rabell

Como si fuera el reflejo de un mundo en plena crisis, en este 1975 también el teatro en México tuvo un año de poco brillo, mejor dicho de mucha tristeza. Extrañamente rico en cantidad, fue de una increíble pobreza en lo referente a calidad. Para quienes pretenden que en México no existe teatro (lamentablemente son muchos que así lo aseguran, con un absoluto desconocimiento del terreno al cual se refieren). Basta citar que en el transcurso de este año han sido representadas en México más de 100 obras. Personalmente asistí a 80 representaciones, lo que estaba lejos de constituir la totalidad, ya que a muchos no asistí ya sea por falta de posibilidades físicas, ya sea por falta de invitaciones, ya que muchos teatros excesivamente comerciales no tienen el menor interés por las opiniones de la crítica, y sólo les preocupan los cronistas. Cuenta para esa clase de teatros mucho más una foto en paños menores de algunas de las componentes de sus repartos, que un juicio serio acerca de su "arte". Así que en este 1975, que va acercándose a su final, vi 80 representaciones de teatro mexicano, sin contar para nada los espectáculos de las compañías extranjeras que nos han visitado, algunas de las cuales se señalaron por un alto valor artístico. Mas, de estas 80 representaciones se me hace muy difícil recordar alguna sensación luminosa, alguna obra que me haya dejado especialmente entusiasmada, como ha sucedido en años anteriores, cuando el número de actividades era infinitamente inferior. En resumen: un año rico en cantidad, pobre en calidad.

Tal como lo hemos hecho siempre, se hace necesario separar no solamente los diversos géneros artísticos: dramas, comedias, operetas y tragedias, sino las diversas "instituciones" que manejan los distintos conjuntos, las distintas compañías. Indudablemente que la producción universitaria puede darnos otra calidad que la comercial. Pero, también es falso creer que todo lo "comercial" es despreciable. Si bien hay teatro comercial de baja calidad, también lo hay de muy alta, que más bien deberíamos llamar "Teatro Profesional". Este cuenta a menudo con excelentes directores, con buenos actores y no menos valiosos escenógrafos. También a menudo presentan obras valiosas. Es de lamentar que en este 1975, de la gran cantidad de obras, muy pocas han dejado un recuerdo más allá de la mera superficie. Personalmente, sólo recuerdo cuatro o cinco obras que me han emocionado. En primer término el drama para dos personajes: ¿Conoce Ud. la Vía Láctea?; la comedia musical Jesucristo Superestrella, más bien una ópera rock, que desde el punto de vista puesta en escena se me hace la mejor producción de este género realizado en México. Ahí va la novia resultó una comedia simpática sin pretensiones, que nos hizo reír durante 90 minutos, sin recurrir al humor burdo. Una producción que me mereció todo el respeto pero que no me entusiasmó, fue la tragedia de Eurípides Medea, dirigida por Rafael López Miarnau, y lo mismo puede decirse de su otra dirección, de la obra japonesa: La Marquesa de Sade.

Este año se nos volvió a ofrecer una Temporada de Teatro Popular, con obras nacionales. Temporada que me pareció de mucho mejor calidad que en años anteriores, tanto por su elección de las obras, como por las direcciones, interpretaciones y sobre todo por el ensanchamiento del público interesado. Personalmente pude notar la presencia de numerosos profesionales, que anteriormente nunca han conocido el teatro mexicano más allá de Nadia Haro Oliva, y a quienes he oído entusiasmarse por espectáculos como Medio Pelo, La depresión, Fuenteovejuna y El atentado. A este público formado por la clase media es muy importante hacerles comprender que hay teatro en México, y sobre todo que hay teatro mexicano.

Lo que ha tenido un interés especial en el transcurso del año fueron los diversos experimentos del teatro de búsqueda. No todos los grupos que se autodenominan "experimentales" lo son. A veces se trata simplemente de grupos juveniles "No profesionales", tales como ese grupo de una compañía comercial que me invitó a un espectáculo "experimental" de La corbata de Alfonso Paso.

No se necesita ser muy ducho en cuestiones teatrales para comprender lo absurdo del caso. Como teatros experimentales más bien consideraremos a los conjuntos universitarios o los del INBA. El teatro de la Universidad cuenta también en su sala de Chapultepec 409, con permanentes conjuntos profesionales. Entre éstos las mejores puestas en escena se debieron a Manuel Montoro que dirigió No se sabe cómo de Pirandello, a Salvador Flores bajo cuya dirección subió a escena el drama de Strinberg: La Srta. Julia, a Maruxa Vilalta, que dirigió su propia obra: Nada como el piso 16. En el Centro Universitario de Coyoacán se presentó El Príncipe de Homburgo bajo la dirección de Julio Castillo con un grupo de intérpretes universitarios, otro grupo de igual calidad interpretó In memorian bajo la dirección de Héctor Mendoza en el teatro de la Danza Folklórica. Otro grupo de búsqueda fue él que dirigió Abraham Oceransky en el teatro Galeón con el texto basado en la tragedia de Sófocles: Antígona. No menos llamativa fue la puesta en escena en la Casa del Lago de El balcón de Jean Genet por el joven actor-director Salvador Garcini. Otros espectáculos de búsqueda se han llevado a cabo en la Escuela de Arquitectura de la Ciudad Universitaria, pero resultaron más difíciles de ser visitadas por un público que no fuera específicamente estudiantil.

En cuanto a la Compañía Nacional de Teatro, sólo montó en el transcurso del año dos obras: Julio César, de Shakespeare y Las cartas de Mozart de Emilio Carballido, obra que fue montada para festejar los 25 años de creatividad del escritor veracruzano. La primera de estas dos obras, se destacó tanto por el texto como por la puesta en escena de Héctor Azar, que le dio su específico valor estético. La comedia de Emilio Carballido mucho más se distinguía por el texto que por el montaje.

En cuanto a los autores nacionales, a los directores, intérpretes y escenógrafos que se distinguieron en el presente año, hablaremos de ellos en un próximo artículo.