FICHA TÉCNICA



Título obra Gismonda

Autoría Victorien Sardou

Notas de autoría José Antonio Alcaraz y Tomás Ceballos / adaptación

Dirección José Antonio Alcaraz

Elenco Rosa Furman, Alba Zatz, Miguel Flores

Escenografía Alejandro Luna

Música José Antonio Alcaraz y Federico Ibarra

Notas de Música Luis Rivero / director concertador

Vestuario Alejandro Luna

Notas de vestuario Dolores Bravo de Serret (Lola Bravo) / Libro-poema

Referencia Malkah Rabell, “Teatro universitarioGismonda”, en El Día, 18 julio, 1975, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Teatro universitario: Gismonda

Malkah Rabell

Confieso desde ya que más conozco a Victorien Sardou por las biografías de Sarah Bernhard –que fue la gran intérprete de algunas de sus obras, como Fedra, Theodora, La Tosca, Cleopatra, La bruja y por fin, en 1894, Gismonda–, que por la historia de la literatura francesa. En realidad Sardou sólo fue un pretexto para que José Antonio Alcaraz soltara las amarras de su imaginación y montara una parodia que a una ópera con melodrama, y entremezcla una increíble cantidad de elementos heterogéneos, donde se pierden las fronteras de épocas y géneros. De todo tiempo los excesos fueron dañinos. Y esta Gismonda, igual a Vértigo de amor, debida tanto a Tomás Ceballos como a la fantasía de Alcaraz, desborda de excesos literarios y artísticos. La burla de las exageraciones melodramáticas en el teatro del siglo XIX, llega a lo grueso, y el empeño en hacer reír al público a toda costa no se detiene ante nada, desde introducir en ese virreinato medieval los comerciales de la radio –truco del cual usa y abusa ya todo el mundo– y vestir a un adulto de niño, hasta ciertas escenas "eróticas" que nos hacen pensar en lo sabios que eran los pueblos orientales al vestir de faldas a sus hombres, y de pantalones a sus mujeres. Creo que el "sutil melodrama" de Sardou como lo califica uno de los personajes de la nueva versión– no gana mucho en sutileza en la parodia musical.

Desde luego, en ese maremágnum de inventivas, que a veces llegan al juego infantil, también hay hallazgos valiosos, como esa proyección de la escena del tigre devorando al niño-príncipe Diódoro, o las escenas del bosque donde surgen algunos árboles plantados por los actores a su paso, y otros detalles, que sería demasiado largo de enumerar. Mas, tal como dice Gustavo Torres Cuesta en el programa de mano: "no hay que olvidar que José Antonio Alcaraz antes que director de escena es un músico", Muy cierto, y la música en esta puesta en escena lo salva todo, música debida tanto al director de escena como a Federico Ibarra. Y también se salva todo en el tercer acto –porque hay tres actos–, y este tercero es el más divertido y dinámico. Sobre todo fila última escena final de ópera bufa, es excelente. Con todos estos actores que cantan y bailan, a veces actúan y con frecuencia sobreactúan, sobreactuación que en esa escena final adquiere su razón de ser y se vuelve graciosa. Y todo el mundo sabe cantar, excepto Rosa Furman, que no canta y sólo interpreta algunas frases musicales, pero sobre todo actúa, y en esta tarea se muestra actriz de altura y desde el momento que entra en escena hace subir la calidad de toda la representación. En cambio, la que canta con voz operística es Alba Zatz. Del conjunto masculino quien más se destaca es Miguel Flores en el papel de Alioli, el "subvillano", aunque yo lo llamaría el villano número uno por el temperamento de su intervención.

En la preparación de este espectáculo han colaborado diversos artistas entre bambalinas, como Alejandro Luna en la escenografía, que más bien era un espacio teatral, y también en vestuario. El concentrador musical fue Luis Rivero, y hasta Lola Bravo intervino en la creación del libreto-poema de la última escena.