FICHA TÉCNICA



Título obra La feria del Cuernicabra

Autoría Alfredo Mañas

Notas de autoría Adaptación a el romance El chasco que hubo entre el corregidor y la molinera

Dirección José Luis Alonso

Elenco María Fernanda d’Ocon

Grupos y compañías Compañía Nacional de España María Guerrero

Referencia Malkah Rabell, “La feria del Cuernicabra: folklore estilizado”, en El Día, 16 julio, 1975, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La feria de Cuernicabra: folklore estilizado

Malkah Rabell

Más allá del costumbrismo, la segunda representada de la Compañía Nacional de España: María Guerrero, La Feria de Cuernicabra, es por su puesta en escena una alegre fiesta popular, una fiesta folklórica, con un folklorismo que José Luis Alonso supo estilizar hasta darle todos los aspectos de un espectáculo moderno. Se anuncia esta Feria de Cuernicabra como debida a la pluma de un autor vivo, Alfredo Mañas (eso de Mañas sugiere mucho de parte de un director enamorado del simbolismo como lo es José Luis Alonso), pero en realidad, más le debe esta farsa a un romance popular: El chasco que hubo entre el corregidor y la molinera. Y aún más que a los dos autores, el anónimo y el viviente, le debe el espectáculo a José Luis Alonso, que ya no se sabe dónde metió mano y dónde permaneció fiel a texto alguno. Mas, poco importa, porque este espectáculo que tiene todos los detalles de la Comedia del Arte con todos sus personajes, aunque vestidos a la española, personajes de carne y hueso, y hasta de mucha carne, en lugar de los lunares muñecos de la comedia italiana, es sobre todo hechura de un conjunto: el director y sus intérpretes, quienes dan la impresión de divertirse en grande, y con ello nos divierten y encantan, a nosotros, el público.

En esa feria hay de todo: carnaval y erótica que llega a una pornografía inocente, la que brota de los instintos más primitivos; títeres auténticos y actores que toman la vez y los gestos de títeres; una historia de enredos, de engaños y de avaricia, pero como el papel, de la Molinera avariciosa lo hace la increíble María Fernanda d'Ocon, la Molinera se vuelve simpática, con todos sus encantos de actriz y de mujer. Mas, en esa función es el conjunto que importa, con su permanente presencia, con sus cantos y sus bailes, con su actuación muda a veces y otra ruidosa, de sonidos, de voces, de campanas. Un permanente torbellino de buen humor, de sentido popular y hasta de un cierto dramatismo simbólico, como la escena última, cuando el aguacil que va anunciando la censura que prohibe esa fiesta "desvergonzada e inmoral" arrastra tras sí a un portador de faroles, que es una portadora, una niña, con cuerda al cuello, atada de pies y manos. Y cuando el pueblo termina por ahuyentarlo y libertar a la niña de sus ataduras, ésta rompe a bailar locamente en medio de la multitud de danzantes, y queda la última de pie cuando ya todos, rendidos, se han echado al suelo. Interprétenlo como quieran. Pero es una escena que no deja de ser hermosa.

Tuvimos suerte este año, 1975, con las compañías extranjeras que nos visitaron: los franceses, con su Marathon, el Young Vic de los ingleses con Shakespeare; los polacos con Replika; los yugoslavos con Hamlet en el sótano. Ahora estos españoles de quienes muy poco esperábamos, nos ofrecen una fiesta de actuación y dirección escénica [(pese a las demoledoras críticas de ciertos partidarios de la "vanguardia" a todo trance, que no admiten el eclecticismo)

A decir verdad, este segundo espectáculo de la compañía María Guerrero, me ha gustado más que el primero: Misericordia, por su frescura, por ese tono de pureza heterogénea, por lo netamente popular. Y ante el telón alzado no dejaba de pensar en todo lo que se podría hacer con el riquísimo folkore mexicano con un poco de buena voluntad, con bastante sentido común y mucha visión.(párrafos errados por la autora en el original. N. del E.)]