FICHA TÉCNICA



Elenco Nacha Guevara, Alberto Favero

Música Alberto Favero

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Productores Alberto Favero

Notas Recital de Nacha Guevara

Referencia Malkah Rabell, “La maravillosa Nacha Guevara”, en El Día, 11 junio, 1975, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La maravillosa Nacha Guevara

Malkah Rabell

No tiene las dimensiones dinámicas de una Liza Minelli, con quien muchos la comparan. No, la Minelli puede acaparar la atención de grandes multitudes y manejarlas a su antojo. Nacha Guevara es otra cosa, más frágil, más íntima, más intencionalmente política. Hay en ella algo de una Marlene Dietrich. Una Marlene Dietrich renovada, con una sofisticación adaptada al 1968. Su género, su manera de ser, y su actuación son más apropiados para un ambiente reducido, como el que tuvo en el teatro Coyoacán, o en un café concert de la Rive-Gauche de París. Es un extraño fenómeno esta Nacha Guevara, que mezcla géneros y estilos con increíble facilidad, que aúna vanguardia con un repentino repertorio ya trasnochado de chistes fáciles. Para con absoluta libertad de una canción de protesta a un cuplé, de la letra de Boris Vian y Mario Bendetti a la de Fragson y Tom Lehrer, de la búsqueda a la facilidad. Y da la impresión como si aún no supiera definitivamente qué camino elegir, y estuviera titubeando entre varios rumbos. O tal vez lo hace con la intención de conquistar un más amplio público al satisfacer todos los gustos. Pero tal cosa sería bastante extraña en nuestro medio artístico. Nacha Guevara es la típica representante de un arte para un público reducido.

Mas, haga lo que haga, que recite un poema revolucionario o que cuenta las anécdotas de una mucama, hay en ella una increíble gracia, un etéreo encanto. Tiene un don único de aunar al payaso de chiste político (y su roja cabellera que encuadra con una llama su excesivamente blanco rostro subraya esa tendencia de payaso) con la cancionista, a la actriz nata del drama con la cupletista cómica que domina cada músculo de su cuerpo y cada célula de su rostro, con un azogado temperamento. Con su cabellera de zanahoria, con sus anchos pantalones blancos y con toda su manera de moverse, de cantar, de bailar, de recitar, de interpretar de mil maneras diferentes cada canción, es única. Sólo ella puede transformar una canción sentimental creada en París para las voces roncas de ciertas cantantes populares, como Es mi hombre, en algo dinámico, irónico y hasta políticamente incisivo. Y Nacha no entona, no, Nacha canta y tiene Voz, y sus canciones llenan de sonoridad la sala y el oído del público.

Desde luego, el teatro Hidalgo, con su vasto foro desnudo, donde la única escenografía lo constituyen un piano, unas diablas encendidas y una percha donde cuelgan los accesorios que Nacha necesita para sus interpretaciones, le queda grande esta intérprete que parece tan frágil, aunque no menuda. Su cuerpo de modelo, alto y esbelto, excesivamente delgado, está hecho a las extravagancias de la moda. Este traje de pantalones blancos, que ella sabe lucir con una elegancia de vestido de gala, resulta perfecto para la multitud de personajes que interpreta, ya sea como la secretaria de Canciones de oficina, o como la dama snob en Yo soy snob, o como el soldadito de Bye, bye mami, siendo ésta última canción quizá su mejor logro, con su gracia aunada a una subjetiva melancolía.

Pero fue el poema de Gian Franco Pagliaro, puesto en música por Alberto Favero, Yo te nombro, que nombraba la libertad, el que mayores aplausos cosechó. Así mismo fue toda esa sección del recital donde intervenían poemas de José Agustín y de José Martí, igualmente bajo música de Favero, que más parecían entusiasmar al público del estreno. Y cosa rara, en su recitación del poema de Benedetti, Un padrenuestro latinoamericano, Nacha adquiere la voz de Berta Singermann, no sé si por azar, o por intencional influencia, como si quisiera demostrar que no se avergüenza de la herencia recibida de aquella otra gran recitadora argentina.

Sería injusto hablar de Nacha sin mencionar a su acompañante al piano, a la vez su compositor, su empresario y su esposo, Alberto Favero que forma con Nacha una unidad completa.