FICHA TÉCNICA



Título obra Macbeth

Autoría William Shakespeare

Notas de autoría Frank Dunlop / adaptación

Vestuario Carl Toms

Grupos y compañías Young Vic Company

Espacios teatrales

Eventos III Festival Internacional Cervantino

Referencia Malkah Rabell, “Macbeth con el Young Vic Company”, en El Día, 14 mayo, 1975, p. 17.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Macbeth con el Young Vic Company

Malkah Rabell

No es fácil seguir el hilo de una representación cuando se desconoce el idioma, aunque se conozca el original de la obra representada. Aún más difícil resultaba guiarse en el laberinto de la nueva versión que de Macbeth ofreció el grupo inglés llegado para el Festival de Guanajuato, el Young Vic. Admito humildemente que a menudo me perdía ante esos tres Macbeths y esas dos Ladys Macbeth, y llegó un momento cuando ya no sabía quién es quién. Y como todos llevaban máscaras cadavéricas, más complejo se hacía reconocer a los personajes. Tal vez debido a mi ignorancia idiomática y mi atarantamiento temático, el espectáculo no logró convencerme plenamente. Se trataba, sin duda, de una puesta en escena novedosa, cuyo concepto general me resultó sumamente cautivador, con su extraña escenografía que parecía dar pie a ciertas interpretaciones y crear un determinado ambiente de misterio, con su rueda que, como un puente circular, abarcaba casi todo el escenario dejando un hueco en el centro como una boca de infierno, como la entrada de un volcán, de cuyas entrañas surgían los personajes de la tragedia. Y esa boca infernal que constantemente lanzaba humo, se convertía de pronto en mesa, en torno de la cual el rey y sus cortesanos –para no llamarlos "sus cómplices"– semejaban una tenebrosa "Última Cena". Este puente circular en torno del escenario era en realidad la parte que estructuraba el espectáculo y le daba su peculiar carácter, como se lo daban los instrumentos musicales que en los momentos más dramáticos acompañando la acción. Instrumentos, que según el programa de mano "son los más semejantes que pudimos encontrar a los que figuran en el friso de North Berwick". Personalmente, eran las escenas que se desarrollaban bajo el clamor de estos instrumentos –que empuñaban tanto los actores en escena como una orquesta adjunta– las que más me emocionaron y hasta subyugaron.

Mi entusiasmo fue mucho menor ante la interpretación. Aunque colectivamente se trata de un conjunto perfectamente disciplinado, cuyo movimiento general tenía un ritmo de reloj, suizo, en cambio, individualmente, los actores eran más bien novatos, y no pude detectar una sola figura destacada. No sé si fue debido a mi desconocimiento del interés se me hacía tan monótono y falto de modulaciones. Y la única que modulaba, la Lady Macbeth número uno, lo hacía con una voz más digna de las brujas que de este personaje trágico perseguido por los remordimientos. Tal vez ésta fue la intención del director, ya que en la versión de Frank Dunlop las tres brujas se arrancan las máscaras unas a otras para asumir los diversos personajes, y diferentes brujas interpretan varias facetas del mismo héroe. Probablemente a esta intención del director se debe la multitud, de Macbeths, esposa y marido.

Un misterio fue para mí el vestuario. ¿Qué se proponía el diseñador con estos trajes especialmente feos, y cuya fealdad creaba como una barrera a la expansión estética del espectáculo? Sin duda el diseñador, Carl Toms, trató de imponer a su vestuario, los rasgos de los originales antiguos, de la vestimenta de los primitivos escoceses, pero sobrepuestos a los detalles antiguos, había –o por lo menos así me parecía– un deseo de señalar el mundo moderno, la vida actual, y hacer entre ambos tiempos un paralelo. A veces se me hacía que me hallaba frente a soldados alemanes de la Segunda Guerra, sobre todo frente a generales nazis, y en otras oportunidades me parecía ver los uniformes ya verdes, ya azules de los ejércitos aliados de la Primera Guerra Mundial, y hasta, en ciertos momentos, se me antojaba que en el escenario se reunían campesinos rusos. ¿Había realmente algo de semejante intención en la confección del, vestuario? La idea pudo ser interesante. Qué lástima que la malograron estéticamente. Sin embargo, había en este vestuario ciertos detalles simbólicos, de una extraña sugestión, como los guantes rojos que llevaba constantemente Macbeth.

Con todos sus "peros", esta visita, así como la de las demás compañías extranjeras llegadas para el Festival de Guanajuato, es una lección de arte escénico para los jóvenes, y una fiesta artística para los adultos.