FICHA TÉCNICA



Título obra La habitación donde se vive

Notas de Título Living room / título en el idioma original

Autoría Graham Greene

Dirección Adam Guevara

Elenco David Silva, Virginia Manzano, Alicia Montoya, Claudio Obregón, Marta Aura, María Rubio

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Malkah Rabell, “La habitación donde se vive”, en El Día, 22 febrero, 1975, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La habitación donde se vive

Malkah Rabell

El público la conoce bajo su título original: Living-room, que en español la mayoría de las compañías han traducido como La habitación donde se vive, en tanto en el Reforma la presenta Jesús Romo bajo el nombre de La sala.

Mas, poco importa el título. Esta, si no me equivoco, única obra dramática de Graham Greene, es a la vez uno de los más hermosos dramas del repertorio moderno. Obra donde el católico militante, que se convirtió en 1926, a 1a edad de 22 años, se muestra con todas sus pasiones e iconoclastias religiosas. Como suele suceder a menudo con los conversos, se siente más ligado a su nueva fe, y a la vez tiene el ojo más crítico.

En Living-room, bajo el aspecto microscómico de una familia católica, formada por tres ancianos y una jovencita, es todo el mundo católico que queda juzgado. Graham Greene tiene el don –que se nota tanto en su novelística como en este drama único de su producción– de exponer su filosofía con hechos, con acción, con caracteres psicológicos. Este escritor combativo no usa discursos ni largas premisas teóricas. Ni parlamentos explicativos. Por ello, tanto este drama: Living-room, por igual que su literatura novelística, siempre se halla al alcance del gran público.

Y he aquí cómo este militante católico nos presenta el ambiente cerrado de una familia de su propia fe, formada por tres hermanos, dos mujeres y el varón sacerdote, donde de pronto se presenta una sobrina jovencita y trastorna toda su manera de ver el mundo. Un ambiente donde el miedo a la muerte, al infierno, al pecado y a la misma vida, transforma a sus personajes en seres extraños; la casa, que desde fuera parece amplia –como la religión misma– desde dentro se hace asfixiante. Siete personajes, y cada uno presenta un punto de vista distinto. En cada uno de los tres ancianos, el catolicismo adquiere un enfoque distinto. Y frente a ellos, el mundo de los hombres que aún tratan de vivir sus vidas y de ser felices. El profesor de sicología, Michael Dennis, en medio de su esposa histérica y enfermiza, y su joven amante, y como en El revés de la trama, se halla desgarrado por su "tremenda piedad" hacia ambas.

Es uno de esos dramas ingleses de medio tono, que exigen un conjunto de actores excelentes, perfectos cada uno en su protagonización. En manos de un director joven, como Adam Guevara, acostumbrado mayormente a manejar obras vanguardistas, donde se pone mas de relieve la imaginación que la disciplina, donde la libertad creativa del director se da libre vuelo sin preocuparse mucho de las exigencias del dramaturgo ni de las necesidades interpretativas, en esta obra de tres paredes, sometida a la tradición escénica, a Guevara le hizo falta profesionalismo, o tal vez simplemente rutina.

En el primer acto se dejó sentir bastante su novatez, sobre todo en la dirección de los actores. David Silva, que en realidad lleva la parte más difícil del drama, en el personaje del sacerdote, en quien las estrecheces teológicas no han matado al hombre y su libertad de pensar, pues David Silva, como actor de cine, que rara vez subió al escenario, tiene poca costumbre de manejar la voz desde las tablas, y sus parlamentos se perdían en una monotonía unilateral. Tampoco Virginia Manzano estaba a la altura de su personaje. Actriz que tiene mucho talento, también posee una eminente capacidad de sobreactuar, y en este Living-room parecía prolongar su actuación de El pelícano de Strindberg. En cambio estaba excelente Alicia Montoya en el simpático papel de la hermana retrasada mental.

En realidad, salvaron la representación Claudio Obregón, que volvió a demostrar que es un gran actor y en el papel de Michael Dennis creó un carácter, y a su lado Marta Aura, joven actriz que más de una vez dio pruebas de temperamento, fuerza dramática y sensibilidad, también en este papel de la joven Rose demostró ser una actriz en el mejor sentido de la palabra. Y como punto final, en el último acto, la aparición de María Rubio en el papel de la esposa histérica, víctima y victimaria a la vez, fue otro acierto.

Cuando cayó el telón del último acto, habíamos olvidado todas las prevenciones que nos embargaron al principio. El drama en sí era más inerte que ciertas fallas de dirección y de actuación. Y ciertas escenas de Claudio Obregón con Marta Aura y María Rubio, salvaban el resto.