FICHA TÉCNICA



Título obra Pito Pérez en la hoguera

Autoría José Revueltas

Dirección Ignacio Hernández

Elenco Ernesto Yáñez, Dunia Zaldívar, José Luis Castañeda, José Alonso

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. ”, en El Día, 12 agosto, 1975, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

[Pito Pérez en la hoguera]

Malkah Rabell

Sin duda José Revueltas no es hombre de teatro, y para cubrir de carne escénica su comedia –porque caso increíble, nuestro trágico Revueltas escribió una comedia–, su Pito Pérez en la hoguera, necesita un gran director de escena y un conjunto excelente. Lo que lamentablemente no es el caso.

Mas, empecemos por el principio. En el principio, Revueltas creó una autobiografía, riéndose a carcajadas de su doble, Pito Pérez, y de todas sus desgracias. Como un buen hijo, Pito Pérez heredó de su padre creador las debilidades por el alcohol, por el bello sexo y por el romanticismo más descabellado. Como su padre, tomó "los trenes de las causas que descarrilan". Debilidades, que ningún ente "sensato", 'decente" y "práctico" admite ni perdona. Y lo que para mí resulta sumamente claro, sumamente visible, es que este trágico, este escritor ajeno al teatro y que sólo posee dos o tres obras dramáticas puestas en escena, ha logrado su mejor obra de teatro precisamente con esta comedia: Pito Pérez en la hoguera, o mejor dicho, con esta farsa de subyacente dramatismo, como lo son todas las farsas auténticas. El autor encontró para su criatura no sólo las risas fáciles que provocan la embriaguez o el donjuanismo pueblerino, sino todas las dificultades del comediógrafo conocedor de todos los secretos del oficio, con sus quid pro quo y sus situaciones equívocas. Además le dio un tono político de una amargura que hace reír mientras el alma se retuerce de angustia, y las lágrimas resbalan y se mezclan a las carcajadas. Un tono político que tiene cierta familiaridad con el teatro del absurdo, o mejor dicho con el absurdo de la vida y del mundo que nos rodea y que cada día se vuelve más loco. O como suelen decir ciertos observadores desesperados: "Esto es de verdad surrealista"

Lo que más necesita una comedia es un conjunto y a un director con vis cómica. La que brillaba por su ausencia. Parecía como si todos los egresados de la Escuela de actuación del INBA, entregados desde años al drama, se hubieran dado cita en los caminos de Pito Pérez, empezando por José Alonso, a quien, acostumbramos mirar como al galán de bella estampa tanto en el cine, la televisión como en el teatro. Y es menester aplaudir el esfuerzo interpretativo que realizó ese joven actor para crear un tipo, un carácter de hombre indudablemente mayor que él, la "seriedad" con la cual se empeñaba en hacer reír. Lograba verdaderamente crear un personaje de carácter, barbudo, que hablaba con una voz de briago y trataba de empaparse con el alma del personaje protagonizado. Mas, lo que no lograba era hacer reír. La vis cómica es un don que ningún actor dramático puede imitar, nace de los trasfondos del ser espontáneamente. Más bien demostró cierto don cómico José Luis Castañeda, en el papel del poeta pueblerino, y la mejor escena fue entre ambos actores, la que Pito Pérez y el poeta realizan en lo alto del campanario de la Iglesia, escena que inicia el espectáculo. También Dunia Zaldívar carece de comicidad y no estaba a la altura del personaje. Ernesto Yáñez nada tenía por hacer, y en cuanto a los demás, no son actores. Lo mismo se puede decir del director: Ignacio Hernández. Aún le falta mucho para el profesionalismo.