FICHA TÉCNICA



Título obra La noche más venturosa

Autoría Joaquín Fernández de Lizardi

Dirección Arturo Albo

Grupos y compañías Compañía Teatral Kurika, grupo de Teatro Trashumante del INBA

Espacios teatrales Teatro Celestino Gorostiza

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Una pastorelaLa noche más venturosa”, en El Día, 11 diciembre, 1975, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Una pastorela: La noche más venturosa

Malkah Rabell

Si la vamos a juzgar como espectáculo teatral, indudablemente se nos parecerá excesivamente ingenua, casi infantil. Pero no, no la juzguemos como teatro, sino como un juego tradicional, cuyo lugar no corresponde al escenario a la italiana, sino al atrio de una iglesia, al portal de una casa antigua, al patio de un vecindario, o a una tribuna alzada en un mercado o en un parque, cuyo público está más formado de chicos que de grandes. Pero he aquí que las noches decembrinas son frías y la gente más le teme a una bronquitis que al Lucifer de los agudos cuernos, y hasta el público popular prefiere las luces de una sala abrigada que las estrellas que alumbraban el nacimiento del divino niño. Tomando todo ello en consideración, un grupo de Teatro Trashumante del INBA –grupos nacidos y organizados precisamente para dar representaciones populares en los lugares más distantes del escenario tradicional, y frecuentemente al aire libre–, la Compañía Teatral Kurika se decidió a presentar una pastorela: La noche más venturosa, en el recientemente transformado y rebautizado teatro Celestino Gorostiza, para que lo goce un público de su vecindario de "Peralvillo, Tlatelolco, Tepito ... barrios que son el corazón de la gran urbe", según lo dice el programa. Y para ayudar a transformarlo en espectáculo popular, también los precios de taquilla daban la posibilidad de asistir a un público de pocas posibilidades económicas.

Y basta el nombre del autor de esta Noche más venturosa para insuflar confianza hasta a un público más exigente. Pues se trataba de nada menos que de José Joaquín Fernández de Lizardi, el "Pensador Mexicano". Mas, ni este nombre famoso pudo imponer al género mayor interés. Vivimos en una época demasiado amarga para que las ingenuidades nos emocionen. Quizá las pastorelas llevadas a un campo modernista podrían recuperar el entusiasmo del público. Enrique VIII de Inglaterra, decía que nada lo aburría tanto como los autos sacramentales. Algo igual nos pasa con las pastorelas y no hablo de mis propias sensaciones, sino de la observación que hacía del público, sobre todo del público infantil, que no parecía divertirse mucho. No obstante soy partidaria de que esta tradición siga en el repertorio teatral, por igual que en museos se guardan tesoros de otros tiempos. Tal vez tenga razón la introducción del programa que asegura: "La pastorela, hermosa tradición, género purísimo de expresión teatral para celebrar a la mexicana el acontecimiento que dividió la historia de la humanidad: el nacimiento de Cristo, no debe perderse. Esos ingenuos, celestiales e infernales personajes: la Gila, el Bato, el Angel, Luzbel ... que divertían y conmovían a nuestros antepasados y que después nos entusiasmaron a nosotros, deben ser vistos y apreciados Ahora por nuestros hijos, para que conozcan y afirmen sus raíces de auténticos mexicanos". No obstante, lo que más divertía al público fueron las insinuaciones políticas actuales. Lo que prueba que este género debe adquirir otra interpretación moderna, actual, ya sea en forma seria o en broma, de igual modo que se va transformando la tradición de Don Juan Tenorio.

En cuanto al espectáculo debido a la dirección de Arturo Albo, lo que más me llamó la atención es que a Lucifer, por más Lucifer que fuera, se le olvidaba constantemente su papel. Lo que prueba que la noche del estreno, hasta los diablos se emocionan y olvidan el texto. Todo el resto de la corta representación se desarrolló con mucha disciplina y los personajes tomaban muy en serio sus partes. Los trajes eran vistosos y las luces apropiadas. En resumen una simpática representación popular, que aunque su lugar es mucho más acertado y llamativo al aire libre, bajo la luz de las estrellas, el calorcito de un teatro abrigado le permitió asistir a muchos espectadores que nunca se arriesgarían a permanecer en la calle en estas frías noches de diciembre.