FICHA TÉCNICA



Título obra Puerto Limón

Autoría Joaquín Gutiérrez

Notas de autoría Alfredo Catania / adaptación

Dirección Alfredo Catania

Elenco Conjunto Musical Tayacan

Escenografía Alejandro Luna

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica

Espacios teatrales Teatro Jiménez Rueda

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Teatro documental, el de Costa Rica”, en El Día, 4 sep 1975, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Teatro documental el de Costa Rica

Malkah Rabell

Una puesta en escena y un textil, los de Puerto Limón que me recuerdan el teatro de Agit Prop anterior a la segunda guerra, que tantos grupos proletarios reunía y lanzaba a la calle en espectáculos de agitación política tanto en Alemania como en Francia. También me recuerda este Puerto Limón que presenta en el escenario del Jiménez Rueda la Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica, las funciones de Seki Sano, en especial su La rebelión de los colgados. Se trata de un teatro político y documental (tal como los sueñan Ignacio Retes y Enrique Lizalde), pero que no se contenta con su papel de vocero propagandístico, sino que entrega todos sus esfuerzos a la calidad artística. De ahí que nos encontremos frente a un espectáculo realizado con todo esmero, muy bien dirigido por Alfredo Catania, donde cada tornillo funciona a la perfección, con actores de impecable disciplina, una estupenda escenografía, un conjunto musical, el Tayacan sugestivo, y una obra... Bueno, el punto álgido es la obra de Joaquín Gutiérrez adaptada por Alfredo Catania.

Cuando una compañía se halla subvencionada por el Estado, es imposible que se lance a morder la mano que le da de comer. Por más que sus tendencias y sus deseos sean los de hacer teatro social, documental, político, y hasta proletario, y hasta revolucionario, sólo puede enunciar verdades a medias, sobando la superficie y eliminando detalles comprometedores para no molestar a un determinado sector demasiado encumbrado. Por fortuna, para los dirigentes de la compañía, tienen a mano un responsable a quien echarle la culpa de todo: los Estados Unidos y la United Fruit Co. En cuanto a la burguesía nacional, en cuanto a los dueños de las fincas, no tenían arte ni parte en la huelga bananera de 1934, ni tuvieron culpa de las víctimas que cayeron, ni de las condiciones infrahumanas en que vivían los trabajadores del plátano. Si intervinieron en el aplastamiento del movimiento huelguista fue por miedo a sus "amos" de la United Fruit Co. Lo que en fin de cuentas no deja de ser verdad, aunque no toda la verdad. Y siempre es mejor lavar la ropa sucia en familia, y no someterse al látigo del extranjero. Sin duda, el final es un Happy End excesivamente de "No Compromiso". La huelga termina y todo el mundo muy contento, con unas frases poéticas y "simbólicas" para anunciar el futuro. Llueve a torrentes, y tanto el dueño de la finca como el dirigente de la huelga, constatan que "La tormenta va para largo".

En esta obra, como en muchas otras del mismo género, se descubre extrañamente que por más revolucionario que sea el autor, su "héroe" es el adversario, aquí el dueño de la finca, Don Héctor, todo un carácter, un personaje novelístico que llegó a enriquecerse por sus propios esfuerzos, un hombre de hierro, una roca humana. En cambio los trabajadores son "víctimas" pero nunca héroes. Ni siquiera lo es el dirigente de la huelga.

Más, cuando una representación teatral se finca en sus valores artísticos, muchas de las debilidades de su texto dramático se perdonan y hasta se olvidan, sobre todo si esta debilidad depende del ,punto de vista de cada espectador. En resumen, se trata de una puesta en escena de envergadura, de un espectáculo digno de cualquier país con viejas tradiciones teatrales. Y si tomamos en cuenta que esta Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica nació apenas en 1971, en un ambiente donde las tradiciones escénicas son muy escasas, sólo nos queda admirarnos de sus resultados.