FICHA TÉCNICA



Espacios teatrales Club de periodistas

Notas Exposición fotográfica del crítico de teatro Luis Oviedo, con fotografías de 81 montajes realizados entre agosto de 1973 y agosto de 1975

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Teatro y fotografía”, en El Día, 21 agosto 1975, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Teatro y fotografía

Malkah Rabell

Según las antiguas costumbres (hoy se considera "antigüedad" todo lo sucedido hace veinte y hasta hace diez años), pues en esa reciente antigüedad, las fotos de las representaciones teatrales solían tomarse o bien durante los ensayos, o bien en trajes después de una representación. O simplemente, el actor que deseaba tener una serie de fotografías en diversas papeles, iba al estudio de un fotógrafo conocido, y se le tomaban los retratos en diversas "poses", con distintos disfraces y distintos maquillajes, con ángulos apropiados para su mejor lucimiento. Aunque estas costumbres no hayan desaparecido por completo, y todavía hay fotógrafos que lo hacen, igual que toman encargos para las bodas, la mayoría de los camarógrafos de prensa hacen sus tomas directamente del escenario, durante el espectáculo, con los actores en plena acción y con el público en la sala. Lo que no es nada fácil. No es posible usar el flash, porque éste molestaría tanto a los actores como a los espectadores. En cambio se emplea muy a menudo el telefoto que permite el acercamiento y aumenta el tamaño. Tales son las 218 fotografías que forman la exposición de Luis Oviedo que se exhibe en el Club de Periodistas. Son 218 fotos que abarcan 81 obras representadas en los dos últimos años, desde agosto 1973 hasta agosto 1975. Y esta es la primera vez que en México, desde que existe el arte fotográfico que una exposición se dedica a tal tema exclusivamente.

En realidad Luis Oviedo es un apasionado del teatro. En este campo ya hizo de todo: crítico, cronista, editó una revista especializada en asuntos teatrales: Ángulos, y hasta en algunas oportunidades –si no me equivoco– se dedicó a la puesta en escena. No sé si actuó en algunas ocasiones, pero me imagino que no pudo dejar de hacerlo, como casi todo el mundo que de cerca o de lejos se aproximó a las tablas y a sus bambalinas. Ahora, en una de las salas desnudas e inhóspitas del Club de Periodistas, en la calle Filomeno Mata, las paredes se ven cubiertas de fotografías, que Luis Oviedo personalmente colgó, personalmente preparó las fichas, y hasta personalmente lavó las paredes, que no están en condiciones de ser usadas para una exposición. Y ahí tenemos el recuerdo gráfico de 81 obras representadas en dos años en México, lo que de ninguna manera es la totalidad de las obras representadas en ese lapso de tiempo. Lo que es la mejor prueba que en México existe teatro, pese a las negaciones de las señoras que fruncen la nariz con aire de asco para decir: "¡Cómo se dedica usted a la crítica del teatro, cuando éste no existe en México!. . . con excepción, desde luego del teatro de Nadia Haro Oliva".

Pues las 218 fotos de Luis Oviedo nos de muestran todo lo contrario. Y mucho más que la palabra escrita, la foto es un documento que no se puede negar. Y estas fotos nos demuestran no sólo que hay teatro en México, sino que lo hay de toda clase, desde el "comercial" hasta el "vanguardista", desde el "profesional" que trata de ofrecer obras de calidad sin caer en los hermetismos, incomprensibles para un público mayoritario, hasta las obras sólo accesibles para reducidos cenáculos.. Es en estas fotos donde pudimos observar el valor auténtico de las escenografías, de los trajes, de la expresividad de ciertos rostros. Más aún, ciertas escenografías adquieren en las fotos de Oviedo una calidad, un misterio, que desde el escenario escapaba al ojo del espectador. Dos de esas escenografías me llamaron en especial la atención: la de Las criadas, donde una cama de hierro tomada en un ángulo especial semejaba como un puente lanzado a través de un espacio vacío; y la otra pertenecía a La Llorona, que se antojaba como el naufragio de un velero.

Y voy a terminar esta breve reseña de una exposición que debe ver toda la gente de teatro, con una anotación que dejó Severo Mirón en el álbum de las opiniones: "Hacía falta una exposición como esta, realizada con tanta dedicación y cariño para el teatro". Si, realmente faltaba semejante exposición para que objetivamente pudiéramos darnos cuenta que se hace teatro en México y que sí hay gente que lo ama.