FICHA TÉCNICA



Título obra Corridos y romances

Elenco Ignacio López Tarso, Nati Mistral

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón.Corridos y romances”, en El Día, 19 agosto 1975, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Corridos y romances, espectáculo para turistas

Malkah Rabell

Cuando Ignacio López Tarso, hace dos semanas ofreció en el Teatro de la Danza Folklórica una conferencia ilustrada con varios corridos, resultó un acto muy interesante y muy agradable. Ahora presenta en el teatro Hidalgo un recital de corridos, acompañado por Nati Mistral que canta romances; con música de guitarras, ella, y con música de mariachis, él. Bueno, en semejantes circunstancias, la sensación es muy distinta. Dos actores en el escenario, con una docena de músicos que ocupan un determinado lugar en el tablado; dos actores que entre un número y otro, entre una canción y una recitación intercambian impresiones que se supone han de ser didácticas o simplemente humorísticas, ya deja de ser un recital y se transforma en un espectáculo, y como a tal, el público le exige más, mucho más. Un espectáculo necesita unidad, movimientos y desarrollo disciplinados, "organizados" por anticipado, que se muevan con la regularidad de un reloj. Y toda esa disciplina exige a gritos la mano de un director de escena, que aquí hacía una falta escandalosa. Toda la representación López Tarso-Nati Mistral, corridos-romances, tenían falta de unidad, de continuidad, daban constantemente la impresión de un acto improvisado, dirigido a un público de amigos, y no a un público que compra boletos en la taquilla y es exigente.

Por otra parte, Ignacio López Tarso vestido de "López Tarso", después de una conferencia, cuando recitó tres corridos, daba la impresión de seriedad. Mas, Ignacio López Tarso, vestido de charro, con mariachis a su espalda, hablando como un charro viejo, y sin cambiar de tono ni de estilo a todo lo largo de la velada, daba la impresión de payasada, de falta de seriedad profesional, y hasta de no tomar en serio al público. La única vez cuando en el transcurso de la velada, de pronto nos encontramos con el López Tarso que todos conocemos y que todos amamos, fue cuando recitó un poema (no puedo recordar de qué autor, porque el programa no llevaba ni títulos, ni nombres de autores, lo que era una grave omisión). Y con este poema toda la sala estalló en aplausos. Fue como un respiro ante tanto chabacanería. Porque cuando se lleva a escena un recital de corridos, hay que tomarlo muy en serio, darle una estilización y encontrar una interpretación completamente distinta entre un corrido y otro, para que no se vuelva monótono y corriente.

En cuanto a Nati Mistral, como cantante tiene una hermosísima voz de contralto, y en lo suyo, cuando entonaba los romances españoles, lo hacía muy bien, aunque no me gustan sus movimientos y actitudes artificiales. Pero, ay, sus canciones mexicanas, que cualquier cantante popular de aquí puede cantar con el falsete y con la gracia de la espontaneidad, pues en la voz de Nati Mistral las Llorona y Valentina y tantas otras, eran de llorar, con acompañamiento de movimientos v de bailecitos de fin de cursos. Por fortuna no se puso un traje nacional mexicano, y sólo se contentó con el simbólico rebozo encima de un vestido de noche.

En fin, comprendo que semejante espectáculo puede muy bien ser del gusto de un público español, en España, donde se tiene pocas oportunidades de conocer el folklore mexicano en sus expresiones verdaderas... También en México puede tener ese espectáculo mucho éxito ante un público de turistas. Para nosotros preferimos escuchar los corridos que entonan los auténticos cantantes populares, y a los mariachis me gusta más cuando me traen los "gallos", y hasta los prefiero en la Plaza Garibaldi.

Cuando Ignacio López Tarso, hace dos semanas ofreció en el Teatro de la Danza Folklórica una conferencia ilustrada con varios corridos, resultó un acto muy interesante y muy agradable. Ahora presenta en el teatro Hidalgo un recital de corridos, acompañado por Nati Mistral que canta romances; con música de guitarras, ella, y con música de mariachis, él. Bueno, en semejantes circunstancias, la sensación es muy distinta. Dos actores en el escenario, con una docena de músicos que ocupan un determinado lugar en el tablado; dos actores que entre un número y otro, entre una canción y una recitación intercambian impresiones que se supone han de ser didácticas o simplemente humorísticas, ya deja de ser un recital y se transforma en un espectáculo, y como a tal, el público le exige más, mucho más. Un espectáculo necesita unidad, movimientos y desarrollo disciplinados, "organizados" por anticipado, que se muevan con la regularidad de un reloj. Y toda esa disciplina exige a gritos la mano de un director de escena, que aquí hacía una falta escandalosa. Toda la representación López Tarso-Nati Mistral, corridos-romances, tenían falta de unidad, de continuidad, daban constantemente la impresión de un acto improvisado, dirigido a un público de amigos, y no a un público que compra boletos en la taquilla y es exigente.Por otra parte, Ignacio López Tarso vestido de "López Tarso", después de una conferencia, cuando recitó tres corridos, daba la impresión de seriedad. Mas, Ignacio López Tarso, vestido de charro, con mariachis a su espalda, hablando como un charro viejo, y sin cambiar de tono ni de estilo a todo lo largo de la velada, daba la impresión de payasada, de falta de seriedad profesional, y hasta de no tomar en serio al público. La única vez cuando en el transcurso de la velada, de pronto nos encontramos con el López Tarso que todos conocemos y que todos amamos, fue cuando recitó un poema (no puedo recordar de qué autor, porque el programa no llevaba ni títulos, ni nombres de autores, lo que era una grave omisión). Y con este poema toda la sala estalló en aplausos. Fue como un respiro ante tanto chabacanería. Porque cuando se lleva a escena un recital de corridos, hay que tomarlo muy en serio, darle una estilización y encontrar una interpretación completamente distinta entre un corrido y otro, para que no se vuelva monótono y corriente. En cuanto a Nati Mistral, como cantante tiene una hermosísima voz de contralto, y en lo suyo, cuando entonaba los romances españoñes, lo hacía muy bien, aunque no me gustan sus movimientos y actitudes artificiales. Pero, ay, sus canciones mexicanas, que cualquier cantante popular de aquí puede cantar con el falsete y con la gracia de la espontaneidad, pues en la voz de Nati Mistral las Llorona y Valentina y tantas otras, eran de llorar, con acompañamiento de movimientos v de bailecitos de fin de cursos. Por fortuna no se puso un traje nacional mexicano, y sólo se contentó con el simbólico rebozo encima de un vestido de noche. En fin, comprendo que semejante espectáculo puede muy bien ser del gusto de un público español, en España, donde se tiene pocas oportunidades de conocer el folklore mexicano en sus expresiones verdaderas... También en México puede tener ese espectáculo mucho éxito ante un público de turistas. Para nosotros preferimos escuchar los corridos que entonan los auténticos cantantes populares, y a los mariachis me gusta más cuando me traen los "gallos", y hasta los prefiero en la Plaza Garibaldi.