FICHA TÉCNICA



Título obra America Hurrah, I´m Really Here, Almost Like Being

Autoría Jean Claude Van Itallie

Referencia Héctor Mendoza, “El teatro ‘subterráneo’ en E. U. ¿Habrá un off-off-Broadway”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 12 octubre 1969, p. 7




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

El teatro “subterráneo” en E. U.
¿Habrá un Off-off-off Broadway?

Héctor Mendoza

Desde hace apenas unos siete u ocho años el teatro experimental ha comenzado a surgir en los Estados Unidos como un producto nacional. Hace unos diez años se descubría apenas a Ionesco y a Beckett, autores que en Europa ya estaban a punto de convertirse en clásicos. Ocasionalmente la cartelera teatral anunciaba en Nueva York, por pocos días, una obra de O’Casey, o un espectáculo formado con textos diversos de Bertolt Brecht. Estos atrevimientos ocurrían, naturalmente, fuera de Broadway. Sin embargo, el “atrevimiento” consistía exclusivamente en la selección de la obra: Alan Schneider dirigía Fin de Partida, de Beckett como si se tratara de una obra de Eugene O’Neil para el Martin Beck Theater: es decir que se concretaba a referirnos el texto con un comportamiento perfectamente sicológico de parte de los actores. La falta de entendimiento por otra cosa que no fuera el realismo norteamericano, era evidente.

Hace diez años el experimento dentro del teatro era algo que estaba totalmente fuera de las mentes de quienes se dedicaban a la aventura teatral. No parecía hacerles la menor falta; todos estaban –realizadores y público– perfectamente satisfechos del tipo de teatro existente. Un autor tan barato como Tennessee Williams había conmovido hacía ya unos diez años el panorama teatral. Tennessee Williams tuvo la audacia de hablar del sexo de una manera un poco más directa de lo que se había venido haciendo hasta entonces y esto, diez años más tarde, era ya suficiente “novedad” (por esa época su obra De repente en el verano tuvo que ser estrenada en un teatro lejos de Broadway).

Sin embargo era lógico que Broadway, dedicado al negocio teatral, fuera tan renuente a cualquier tipo de innovación básica –hasta la fecha lo sigue siendo–; pero que los pequeños teatros Off-Broadway, que habían surgido como una reacción al “comercialismo” de los teatros grandes, tampoco hicieran nada en este sentido ya no parecía tan lógico. Su reacción ante el comercialismo de Broadway parecía radicar más bien en la falta de calidad literaria que Broadway escogía para sus producciones. Por tanto la búsqueda de textos en los teatros Off-Broadway se iba por lo general a las obras del pasado. Nadie en Broadway quería saber nada de Bernard Shaw, de Chéjov, de Wedekind; entonces Off-Broadway empezó a encargarse de estos autores y de algunos otros norteamericanos que no habían tenido la “suerte” de llegar a Broadway como Miller, Williams o Inge. Pero estos autores no habían llegado a Broadway no porque estuvieran ofreciendo un producto básicamente anticomercial y distinto al de Miller, Williams o Inge, sino simplemente porque no tenían el talento de ninguno de ellos. Los teatros Off-Broadway se habían convertido pues en una especie de antesala para los teatros grandes, cuyos productores tenían así la oportunidad de observar el trabajo de los jóvenes directores, actores, escenógrafos y escritores sin que les costara otra cosa que su boleto de entrada. Finalmente fueron saliendo de ahí hacia Broadway un director como José Quintero o un dramaturgo como Edward Albee.

Los teatritos Off-Broadway no vinieron a llenar ningún vacío en el teatro neoyorquino. El triunfo de José Quintero como el de muchos otros directores y actores no venía a justificar la existencia de un teatro que había surgido como reacción anti-comercial al gran monstruo que era Broadway, pues tanto los actores como los directores no hicieron nunca otra cosa que tratar de igualar el trabajo que se hacía en los teatros comerciales. En cambio el surgimiento de Edward Albee fue otra cosa. Albee sí comenzó a escribir sus primeras obras con un intento sincero de renovación, totalmente anti - Broadway. Y el público norteamericano que había sido renuente a Ionesco y a Beckett, comenzó a aceptar la versión americanizada de estos autores. El éxito comercial de Albee en Greenwich Village lo llevó rápidamente a Broadway. Pero al llegar allí, Albee se fue adaptando a su vez. Su obra Un frágil equilibrio ya no intenta experimentar nada; ni siquiera explota lo que Albee había descubierto en las primeras obras. A Delicate Balance es una obra “tipo” para los teatros de Broadway. Y, terrible paradoja, fracasa comercialmente.

Así como los pequeños teatros Off-Broadway surgieron en un determinado momento como una reacción anti-comercial al teatro de Broadway, grupos de actores jóvenes reaccionan ahora en contra del teatro que se hace Off-Broadway. Estos grupos sí pretenden experimentar en todos sentidos. Consideran que los teatritos Off-Broadway no han cumplido con su cometido como se esperaba; esto es, acabar por crear un teatro completamente distinto que rompiera del todo con las normas establecidas por el teatro de Broadway. Estos grupos experimentales –no confundir con grupos aficionados–, se ven en la necesidad de crear un teatro Off-Off-Broadway. Como las grandes y las pequeñas salas se encuentran ya ocupadas, unas por el teatro comercial de Broadway y las otras por el semi-comercial de Off-Broadway, se refugian en los cafés de Greenwich Village en Nueva York, y en sótanos y cocheras en San Francisco.

Los autores que surgen de este nuevo movimiento son innumerables. Todos escriben, de acuerdo con las condiciones de los locales en que han tenido que refugiarse, pequeñas obras en un acto.

Entre otros autores de este nuevo teatro “subterráneo” –Murray Mednick, Rochelle Owens, Sam Shepard, etc.–, Jean Claude van Itallie, de origen belga, es tal vez el más interesante. Sus pequeñas obras I´m really here y Almost like being son finísimas sátiras al cine norteamericano. El procedimiento de van Itallie en estas obras no tiene ya casi el menor nexo con el teatro ionesquiano, cosa que había ocurrido con Albee y Kopit; van Itallie basa sus experimentos en el revertimiento de fórmulas tradicionales utilizadas por el cine y la televisión, dando por resultado una curiosa mezcla de ternura y humor negro que puede llegar a abrir realmente nuevos caminos al superanquilosado teatro norteamericano.

La reunión de tres obras cortas de Jean-Claude van Itallie bajo el título de America hurrah, ha tenido tal aceptación que salió de Nueva York para ir a San Francisco y ahora ha sido ya producida en Londres, Alemania, Bélgica, Italia y los países escandinavos. Sólo falta que van Itallie llegue a Broadway. Cuando esto ocurra finalmente, ¿sentirán los neoyorquinos la necesidad de crear un Off-Off-Off-Broadway, o simplemente tomarán por asalto los teatros grandes?