FICHA TÉCNICA



Título obra Los plebeyos ensayan la insurrección

Notas de Título El crítico también menciona: Coriolano, de William Shakespeare; Coriolano, de Bertolt Brecht

Autoría Günter Grass

Referencia Héctor Mendoza, “Tercera solución a Coriolano. Shakespeare, Brecht, Grass”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 5 octubre 1969, p. 7




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Shakespeare - Brecht – Grass
Tercera solución a Coriolano

Héctor Mendoza

Günter Grass, conocido en el mundo entero por sus novelas El tambor de hojalata, El gato y el ratón y Años de perro, es autor del tercer tratamiento del tema “Coriolano” para el teatro: Los plebeyos ensayan la insurrección. No es la primera vez que Grass incursiona dentro del género dramático como escritor; ya antes ha estrenado tres obras de duración normal: Inundación, Onkel Onkel y Los malvados cocineros, y una obra corta: Sólo diez minutos a Búfalo.

Las primeras obras de Günter Grass, consideradas dentro del movimiento de “teatro del absurdo”, recuerdan curiosamente el teatro de William Saroyan. Todas sus situaciones son tan extrañas como mínimas: las va desarrollando dentro de un clima pausado y minucioso que llega a resultar perfectamente onírico. Sólo que los momentos de ternura en Grass no llegan al sentimentalismo meloso como llegan en las obras del autor armenio - norteamericano; Grass se detiene antes de que esto ocurra y resuelve sus situaciones de ternura con un giro irónico, ligeramente cruel. Los plebeyos ensayan la insurrección, en cambio, es otra cosa.

De las narraciones de Tito Livio y Plutarco, Shakespeare es el primero en tomar la historia de Cayo Marcio en su tragedia Coriolanus. Bertolt Brecht se basa en Shakespeare para hacer su propia adaptación de la tragedia, trabajo que deja un tanto cuanto inconcluso –quería dejar un poco a la inventiva de los actores la resolución de las escenas bélicas contra los volscos–; pero cuya resolución básica aparece con claridad en el texto que se conserva. Günter Grass, consciente de lo espinoso del tema, intenta una tercera revisión tomando las versiones brechtiana y shakesperiana como punto de partida y material textual utilizable aquí y allá en el transcurso de la obra.

El asunto básico de la historia, como se recordará, es el siguiente: en Roma los plebeyos quieren sublevarse en contra de los patricios. El precio del trigo respaldado principalmente por Cayo Marcio, los oprime. En vista de una guerra inminente contra los volscos, se acuerda nombrar entre los plebeyos, a fin de ganarlos para las armas, a dos tribunos que sean sus representantes ante el senado. En la guerra los plebeyos se muestran amedrentados, mientras Cayo Marcio se muestra como un héroe de singular valentía; en la victoria, los plebeyos se pelean el botín, y Cayo Marcio rechaza la parte que le corresponde. El tremendo valor de Cayo Marcio le ha conquistado a Roma la ciudad de Corioles, lo que le vale al héroe el sobrenombre de Coriolano. De regreso en Roma el héroe es festejado por la misma plebe que antes le era hostil. Quieren inclusive nombrarlo cónsul a pesar de que Coriolano no ha dejado de humillarlos e insultarlos. Pero los tribunos recientemente nombrados impiden la elección, lo cual vuelve a poner frente a frente a plebeyos y patricios. Los insistentes insultos de Coriolano para los plebeyos hacen que ni siquiera los nobles puedan seguir apoyándolo cuando los tribunos piden su destierro. Coriolano, ya fuera de Roma, se pasa al enemigo que lo acoge gustoso. Coriolano, con un ejército volsco, le pone sitio a Roma. Ninguno de los patricios, antiguos amigos suyos, pueden persuadirlo a que deje de lado el ataque contra su pueblo natal. Pero Volumnia, madre de Coriolano, consigue que éste retire las tropas y no caiga sobre Roma. Esto convierte a Coriolano en traidor a sus aliados: los volscos lo asesinan por ello; pero los jefes del ejército respetan la grandeza del héroe y honran su memoria.

En Shakespeare la figura de Coriolano es sin duda la de un gran héroe cuyo único defecto es la soberbia. Aun la soberbia queda disculpada y es convertida en honradez. Los patricios han despreciado siempre a los plebeyos; pero para hacerlos ir a la guerra fingen amarlos y les conceden dos voces dentro del Senado. Coriolano, al no aceptar las sugerencias de sus semejantes para alternar cortésmente con los plebeyos, es tachado de soberbio; pero el público que presencia la tragedia desde su localidad no podrá evitar simpatizar con la posición honesta –si bien equivocada en principio– de Coriolano. Es decir, Shakespeare hace que la soberbia de Coriolano pierda fuerza como defecto básico al mostrarla como una simple imposibilidad de mentir. Coriolano es soberbio pero es sincero, no hace concesiones hipócritas para ganarse el favor popular.

Cuando en la tragedia de Shakespeare sobreviene la reacción popular para expulsar a Coriolano de Roma, el público se haya profundamente conmovido por la rectitud del héroe y, de alguna manera, indignado en contra de un pueblo que no ha sabido mostrarse agradecido con los servicios inmensos que Coriolano le ha prestado como guerrero. Cuando Coriolano viene a atacar a su patria, el público no sabe qué hacer: está de parte de Coriolano –después de todo el pueblo romano se habrá buscado su propia muerte por imprevisor de los hechos–; pero al mismo tiempo no puede abandonar la idea preconcebida de la lealtad patriótica, idea que hace culpable a Coriolano. El público se encuentra dividido entre dos fuerzas emocionales igualmente poderosas.

Brecht considera ideológicamente nociva esta división de fuerzas en el espectador. Le atrae enormemente el tema de Coriolano; pero no está de acuerdo con la posición obviamente reaccionaria de Shakespeare. Por tanto soluciona el problema fácilmente haciendo del héroe un dictador, un enemigo del pueblo.

Grass no sólo se da cuenta de la facilidad del camino tomado por Brecht, sino que advierte el derrumbamiento de la idea primordial en la anécdota. El peligroso atractivo en la historia de Coriolano es precisamente esa división emocional que produce en el público. Cuando Brecht la suprime comete una vulgaridad imperdonable y deja a la historia desprovista de encanto. Grass intenta otra cosa:

Un director (¿Brecht mismo?) ensaya Coriolano de Shakespeare con algunas modificaciones (las modificaciones brechtianas) en un teatro de Berlín Oriental. Los proletarios, levantados en contra del Estado, penetran en el teatro a pedir el apoyo del prestigiado director. El director vacila; finalmente se niega. Cuando los tanques rusos entran a la ciudad a poner las cosas en orden, el director queda con un enorme cargo de conciencia.

En Grass el héroe guerrero se convierte en intelectual. El director vacila entre estar con el pueblo o en contra del pueblo porque las dos posiciones pueden significar la misma en ese momento. Los obreros que han entrado en revuelta son contrarrevolucionarios; pero cuando son masacrados por los tanques rusos se convierten en mártires. El problema de conciencia del intelectual entre estar con el pueblo o en su contra en un caso así es terrible ya que ambos caminos pueden llevar al opuesto.

El tercer tratamiento de Coriolano resulta en proceso exactamente contrario al segundo. Grass descarta la anécdota y se queda con la división de fuerzas emocionales que resulta básica en la historia de Shakespeare. La tercera solución a Coriolano es más válida que la segunda; es más inteligente, más sutil; pero tampoco logra su propósito. La división de fuerzas emocionales que logra la tragedia de Shakespeare y que es base de su grandeza, no ha vuelto a repetirse.