FICHA TÉCNICA



Título obra Abolición de la propiedad

Autoría José Agustín Ramírez Gómez

Referencia Héctor Mendoza, “Una obra de teatro escondida. Abolición de la propiedad”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 7 septiembre 1969, p. 7




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Abolición de la propiedad
Una obra de teatro escondida

Héctor Mendoza

Con una presentación equívoca –a juzgar por la portada podría muy bien tratarse de una novela– ha salido a la venta un libro de José Agustín llamado Abolición de la propiedad. En realidad se trata de una obra de teatro aunque esto no se especifique en ninguna parte del libro. En la nota de la contraportada se dice: “En este libro lo que menos importa es el género literario, sobrentendiendo que su forma fue la única posible para temática semejante”. Inclusive al leer la obra uno se da cuenta de que José Agustín ha tratado de escamotearnos el género que legítimamente le corresponde, haciendo las acotaciones en primera persona, utilizando para ello un tipo de narrativa novelística a pesar del tiempo presente de los verbos.

¿Por qué es esto así?; ¿por qué vender como novela lo que es tan claramente una obra de teatro? Razones comerciales. Las obras de teatro en forma de libro no se venden, en cambio las novelas sí. El público lector conoce a José Agustín como novelista y no se imagina para nada que pueda ser dramaturgo. Por lo tanto, ávidos de conocer la última novela de José Agustín, comprarán sin dudarlo un momento su Abolición de la propiedad. Algunos de estos compradores desistirán tal vez de la lectura del libro al advertir su forma dialogada; pero aquellos que, a pesar de todo, impertérritos, emprenden la lectura, llegarán hasta su final habiendo logrado una muy agradable experiencia.

Abolición de la propiedad es una obra de teatro de producción costosa –se necesita, además de la escenografía, proyectores, pantallas, una grabadora y un circuito cerrado de televisión –; pero es en cambio muy barata de nómina, pues sólo se requieren dos actores para representarla.

Dos personajes: Norma y Everio –dos jóvenes– se encuentran accidentalmente en el sótano de la casa de una amiga común. Entre ambos desconocidos surge una curiosa relación antagónico–amorosa. La acción dramática se basa exclusivamente en el descubrimiento del carácter de los dos personajes y en el nacimiento de esta curiosa relación.

La obra viene a ser el estudio de dos caracteres, dos jóvenes comunes típicos predestinados por su educación a no entender jamás el lenguaje del otro, a pesar de la fuerte atracción que sienten.

Everio es un muchacho conservador a pesar suyo; es decir que se está produciendo en él un conflicto interno entre su base educativa y sus conocimientos más recientes. Estudia en la Escuela de Ciencias Políticas y se cree en la obligación de ser una mente liberada de prejuicios. Ha estado casado y su matrimonio ha funcionado muy mal. Él siente –aunque trate de negárselo a sí mismo– que fue culpa suya el fracaso sentimental; de alguna manera él no funcionó sexualmente como hubiera esperado. Sus nociones sicológicas son elementales y, a pesar de que hay buena voluntad, lo confunde todo. Se avergüenza de funcionar mal sexualmente y quiere convencerse a si mismo tanto como a los demás de que su matrimonio fracasó por culpa de la mujer, porque ella era una “encimosa” y una insoportable. Tratar de convencer a los demás de esto le cuesta tanto trabajo, que vive en tensión constante. Se siente agredido y es agresivo a su vez. Se convierte en una persona desagradable.

El desajuste mental de Everio no es tan evidente que lo haga suponer en ningún momento que pueda necesitar ayuda analítica. Es un universitario inteligente y aparentemente liberado de una educación posiblemente católica. Tiene una moral, claro está; pero es una moral amplia, de acuerdo a las circunstancias de la vida actual de un ser inteligente, pensante. Por tanto esta angustia que lo invade a cada momento no puede deberse a otra cosa que a su ineptitud sexual, a su falta de seguridad en cuanto pisa terreno amoroso.

Este grave equívoco sicológico lo está convirtiendo en un desastre absoluto. Norma lo llama “macho mexicón” y esto lo afecta hasta las entrañas, pues es exactamente lo que Everio es en su indeleble base educativa.

Norma tiene otro tipo de educación; una educación más liberal y probablemente nada religiosa. Al decir que Norma no tiene educación religiosa no quiero decir con ello “carente de moral”, todo lo contrario. El tipo exacto de moral católica está ahí, sólo que sin religión. Es una moral burguesa aparentemente liberal, pero en realidad sumamente estrecha. Ella no lo sabe sin embargo de ahí su lucha interna. Se le han dicho cosas como: la religión es el opio de los pueblos, las derechas están podridas, los curas son unos sinvergüenzas… Y a cambio de ello se le han dado las teorías económicas de Marx. No cree en Dios; pero teme a algo indefinible que puede castigarla si se comporta mal moralmente. En fin, una educación marxista adaptada a un régimen capitalista. La confusión absoluta. Norma no sabe quién es, ni donde está. Hay unos ideales políticos más o menos bien definidos; pero la muchacha no sabe resolver su vida presente. Ha aprendido a odiar generalidades y no sabe amar particularidades. Es una inadaptada total, que no sabe siquiera si sufre por ello. Es una muchacha vulgar, espinosa, desagradable.

El choque con Everio es inevitable, a pesar de que una gran atracción natural y subconsciente nace en ambos. El encuentro no tendrá lugar más que por brevísimos momentos perdidos. La educación, un carácter, una manera de comportamiento ante los hombres y las cosas, les impedirá una convivencia satisfactoria, si es que llegan a intentarla.

Everio –macho mexicano en el fondo­– quiere, a pesar suyo, encontrar en una mujer la paciencia de una abnegada ama de casa madrecita de sus hijos. Él se defiende. Dice de su antigua mujer que: “…a Rut nunca le pedí que friera un pinche huevo, le daba su buena lana, se compraba la ropa que quería, tuvo dos criadas para un mugre departamento de dos recámaras”. Sin embargo, al defenderse para demostrar que no es macho mexicano, resiente a la mujer por no haber hecho aquello que él no le pidió.

Norma es igual a Rut, la ex mujer de Everio. Ella no freiría un huevo porque eso es esclavizante, humillante para una mujer-individuo. Una mujer emancipada como ella tiene que estar en las mismas circunstancias que el hombre. Por lo tanto Norma establecerá con los hombres una relación de lucha, de competencia, que hará de su posible entendimiento con Everio sólo el prólogo de un infierno insostenible.

Abolición de la propiedad nos muestra estos dos personajes imposibles con aparente risa y en realidad con profunda desesperación.

José Agustín nos está diciendo con esta obra: las cosas están terriblemente mal y tienen que cambiar. Pero, ¿cómo? ¿Cómo si no es posible establecer la comunicación entre los individuos? ¿Qué van a hacer los jóvenes si han sido educados sordos y mudos?