FICHA TÉCNICA



Título obra El descuartizamiento al alcance de todos (L’equarrisage pour tous), El refrigerio de los generales (Le gouter des généraux), El último de los oficios, Los constructores de imperios (Les battiseurs d’empire)

Autoría Boris Vian

Referencia Héctor Mendoza, “Boris Vian, renovador teatral. Enemigo íntimo de Carlomagno”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 17 agosto 1969, p. 4




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Boris Vian, renovador teatral

Héctor Mendoza

Muerto hace diez años, Boris Vian se nos presenta a esta corta distancia como uno de los iniciadores fundamentales del cambio que se experimenta actualmente en el teatro. Y digo el teatro por decir los estratos más avanzados e inquietos de la sociedad. Se ha dicho hasta el cansancio, aunque en distintas formas, que el teatro no es otra cosa que el reflejo de la sociedad en que se produce; pero hoy en día la fórmula tendría que cambiar a: reflejo de los grupos más cultos o avanzados de la sociedad en que se produce. Naturalmente que no pretendo decir con esto que los grupos menos cultos o menos civilizados estén excluidos ni como tema, ni como posible auditorio; a lo que me refiero es a la aportación concreta que hace el teatro al avance histórico de su momento.

Boris Vian es una de las gentes –me resisto un poco a llamarlo dramaturgo o escritor, pues es estas dos cosas en forma marginal– que más han hecho por el teatro en este sentido. Boris Vian era ingeniero, trompetista de jazz, cantante, actor de cine, traductor, novelista, autor dramático y otras muchas cosas. Pero era más que nada una personalidad cuyo reflejo nos llega a través de su teatro.

En el prólogo a la edición que Jean-Jaques Pauvert de sus obras de teatro [sic], Francois Billetdoux escribe sobre Vian:

“No se sentía presionado por el tiempo de la misma manera que nosotros y respondía siempre que sí cuando se le pedía alguna cosa. Su corazón palpitaba de otra manera y controlaba su ritmo, eso que los sabios todavía no saben hacer. Entre Boris y la velocidad habían extrañas relaciones”.

El manejo del tempo escénico en las obras de Boris Vian es, en efecto, una de sus peculiaridades. Tal parece que las proporciones temporales entre escena y escena son de tal manera arbitrarias, que el escenario terminará por estallar. Y sin embargo sus situaciones dramáticas avanzan con una perfecta desenvoltura hasta el final. Esto tiene por consecuencia que Boris Vian nos haga sentir mucho más que decirnos lo que pretende transmitir de sí mismo en sus obras.

A simple vista, de sus cuatro obras para teatro, las que tienen un parentesco más estrecho entre ella son: El descuartizamiento al alcance de todos (L’equarrissage pour tous) y El refrigerio de los generales (Le gouter des généraux), porque ambas farsas tienen el militarismo y la guerra como tema central. El descuartizamiento al alcance de todos lo dedica Boris Vian a su enemigo íntimo: Carlomagno.

En El descuartizamiento vemos a la familia de un carnicero (descuartizador de caballos) viviendo el desembarque de los Aliados en Arromanches, ocupada en ese momento por tropas alemanas. Soldados alemanes, norteamericanos, japoneses, rusos y franceses entran y salen constantemente de la casa del carnicero, mientras éste intenta casar a una de sus hijas con un soldado alemán. Todo termina cuando la casa es volada –todo mundo muerto– para llevar a cabo un proyecto de reconstrucción.

El refrigerio de los generales es una farsa en tres actos que ridiculizan el comportamiento de los militares y su actitud ante los hombres de Estado cuando se trata de desencadenar una guerra para equilibrar la economía nacional.

En ninguna de las dos farsas viene a ser el odio la mano que traza la caricatura. Casi podría decirse que se trata de ridiculizaciones amables. El humor negro se deja sentir en ambas; pero sólo como mera forma exterior de tratamiento. En realidad no puede decirse que se trate de un humor negro legítimo, ya que Boris Vian no llega a ver la negrura dentro de sus situaciones. Es más bien como si de pronto a Boris Vian le hubiese sido dado aislarse en términos temporales de las situaciones vigentes, para verlas a la luz de una edad mucho más avanzada y que ha superado hace mucho cierto tiempo de problemática menor e intrascendente [sic]. Mira la guerra de estos generales y de estos descuartizadores como quien ve, sólo ligeramente alarmado pero en gran parte divertido, el juego violento de un grupo de niños mal educados. Es decir, nada terrible porque no es posible que permanezca. Es simplemente algo que debió haberse extinguido hace muchísimo tiempo y que sólo por un error de cálculo, por una falsa interpretación, sigue subsistiendo esporádicamente. Al dedicar una de las obras a Carlomagno, Vian coloca el problema de la obra en la época correspondiente (y nos habla de la última guerra mundial).

El tono general de Vian nos produce una especie de sorpresa divertida ante la gravedad de ciertas gentes. La falta de humor, parece decirnos, es el origen de todo mal. La sobreapreciación de ciertas situaciones trae como consecuencia el desequilibrio y la catástrofe. Todavía tenemos que aprender a sonreír y a estar tranquilos para superar nuestro enorme retraso histórico.

El último de los oficios es una pequeña broma en un acto, escrita para acompañar en el mismo espectáculo a El descuartizamiento, pero finalmente no estrenada en esa ocasión. La pequeña farsa tiene un poco más el tono de El refrigerio que de El descuartizamiento, aunque en realidad podría decirse que aquí el sentido del tempo va más acorde con el del ritmo tradicional del teatro. En esta obra, sin embargo, ya no se toca a los militares; ahora el autor se mete con un personaje eclesiástico, un orador brillante lleno de sofismas y contradicciones: un pillo total y casi encantador. Los oradores eclesiásticos, como los actores, se mantienen a base del “tono” más que del razonamiento.

La más seria de las obras de Boris Vian –sin serlo del todo –, es Los constructores de imperios (Les battisseurs d’empire). En esta farsa seria vemos a una familia que, aterrada por un ruido que se escucha de pronto, se va mudando de acto en acto a un piso superior de un edificio, a cuartos cada vez más estrechos e incómodos. Al final del segundo acto, la hija del matrimonio se queda encerrada fuera cuando llega el ruido. Al principio del tercero es la mujer la que ya no puede subir al siguiente piso; el hombre se queda solo esperando su muerte.

En esta obra, la más conocida de las cuatro, Boris Vian nos hace ver el vacío terrible de los pobres de espíritu que se encuentran desprovistos de todo humor, colocados frente a su propia muerte inútil, a través de un dolor inconsecuente.

El sabio Boris Vian nos muestra en sus cuatro obras el camino del teatro y de una humanidad que debe cambiar ya porque se ha ido quedando rezagada y comienza a padecer un infantilismo crónico por demás peligroso.