FICHA TÉCNICA



Título obra La sed y el hambre

Notas de Título El crítico también menciona: La cantante calva y La lección de Eugène Ionesco; Peer Gynt de Henrik Ibsen

Autoría Eugène Ionesco

Grupos y compañías La Comedia Francesa

Referencia Héctor Mendoza, “Ionesco y su lucha con las palabras”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 29 junio 1969, p. 7




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Ionesco y su lucha con las palabras

Héctor Mendoza

Ya críticos y biógrafos de Eugène Ionesco se han encargado de aclarar ampliamente el error, en un tiempo muy extendido, concerniente a Ionesco y su idioma natal. Cuando se empezaba a conocer mundialmente La cantante Calva, se decía de Ionesco que el lenguaje peculiarmente primario que utilizaba en sus diálogos era debido a que siendo de origen rumano, no dominaba perfectamente el francés. Esto quedó aclarado al saber por sus biógrafos –y por él mismo en sus referencias autobiográficas– que su idioma natal era el francés. Si bien nacido en Rumania, sus padres se trasladaron a vivir a París muy poco tiempo después de su nacimiento. Y no fue sino hasta la edad de trece años que regresó a Rumania. Aún aquí, en la Universidad de Bucarest, se especializa en el estudio de la lengua y la literatura francesas. Así pues, cuando a los 26 años regresa a París, el idioma le es casi tan familiar como a cualquier nativo.

Al quedar zanjada esta cuestión, sus críticos se dieron cuenta de que el problema de Ionesco con el lenguaje no se debía a torpeza sino a una seria preocupación semántica.

Sin embargo, aunque en otro sentido el problema sí se origina del conocimiento de dos idiomas que son manejados con igual facilidad por Ionesco. En personas totalmente bilingües surge siempre, en algún momento, el problema semántico como un problema vital de inefectividad en la comunicación.

El catalizador del problema en el caso específico de Ionesco viene a ser el intento de aprendizaje de un tercer idioma. Al enfrentarse a las primeras clases de inglés, Ionesco descubre de pronto el problema semántico al darse cuenta de la falta de correspondencia exacta entre las palabras y su significado. Se percata de los innumerables clichés de que se compone el lenguaje y de la carencia o la transmutación de significado que opera tanto en la expresión como en la percepción.

Al escribir La cantante calva, Ionesco sufre en carne viva el problema; lo mira como un aspecto verdaderamente trágico de la convivencia. Se sorprende enormemente con la reacción del público ante el angustioso efecto de incomunicación que ha perseguido en su diálogo. El público ríe a carcajadas con el juego lingüístico y no llega a captar la angustia que tanto le importa al autor.

En la segunda farsa, La lección, tanto como en las sucesivas, Ionesco acepta la comicidad que implica la forma que tiene que usar para la denuncia de la imprecisión semántica del lenguaje. Pero no puede desistir del elemento angustioso que debe acompañar tal denuncia y entonces lo subraya en la situación misma de que se vale para el desarrollo dramático. En La lección resulta estupendamente esta amalgama y surte ante el público los efectos perseguidos por el autor. El público ríe; pero su risa ya no es tan fácil, tan abierta como cuando vio La cantante calva; ahora el problema semántico se le aparece como un angustioso problema vital. Ionesco triunfa rotundamente en su propósito.

El divorcio que existe entre las frases y su significado exacto ha llegado a ser evidente. Sin embargo Ionesco mismo se da cuenta de que el problema, como juego dramático corre el peligro de llegar a ser totalmente baladí. Que la exposición de la inoperancia semántica en el lenguaje abre una incógnita acerca de cuya solución tiene por fuerza que abocar sus investigaciones futuras.

Pero la trampa verbal que ha descubierto se lo traga antes de que pueda hacer nada para protegerse. Acabará finalmente sirviéndose de los formulismos lingüísticos que se había dedicado a destruir sistemáticamente, porque de otra manera no podría significar ya nada en sus obras dramáticas subsiguientes.

La sed y el hambre, la obra más reciente de Ionesco, tiene algo que ver con la incomunicación; pero ya no con la ineficacia semántica del lenguaje y, mucho menos, con su posible eficacia funcional.

Dividida en tres partes de un solo espectáculo, La sed y el hambre es una farsa seria, semifantástica, semipoética, que recuerda de una manera bastante cercana el Peer Gynt de Ibsen en cuanto que ambas obras nos hablan de la deserción del ámbito familiar para ir en busca de una experiencia más vivificante. La búsqueda termina, a través de varias experiencias negativas, por confundir y aniquilar la esencia original del hombre.

Juan, el personaje masculino, en el primer acto abandona a María Magdalena y a su pequeña hija sin querer darse cuenta de lo maravilloso que encierra en lo profundo su vida cotidiana. En la segunda parte lo vemos llegar a un país frío de montañas áridas en busca de una mujer que lo ha citado pero que no llega jamás. En la tercera parte, Juan llega a un convento-cuartel-prisión en donde le dan de comer y de beber y luego representan para él una moraleja referente a la inconsistencia de las creencias religiosas o políticas frente a la conservación de la vida. Al final, buscado por su esposa y su hija, Juan tiene que permanecer en el albergue pagando con innumerables horas de trabajo las atenciones recibidas de parte de los "hermanos".

La obra es tremendamente larga, pesada hasta el agotamiento por reiterativa verbalmente y por carente de acción escénica. Ionesco, para no seguir dando vueltas en su laberinto semántico, no habiendo encontrado solución al problema de la inefectividad significante del lenguaje que nos había venido señalando en su primer periodo, vuelve los ojos al menos dramático de los lenguajes usados en el teatro francés: el lenguaje de la palabra poética. En esto Ionesco se vuelve un mal imitador de Giraudoux – Anouilh – Neveux a veces, y a veces un torpísimo Claudel – Genet – Clot.

La denuncia de la inexactitud e ineficacia semántica del lenguaje sirvió a Ionesco de pretexto para crear un diálogo ligero, alado, luminoso, altamente escénico. Este diálogo venía a destrozar la retórica y la poética que se habían instalado en el lenguaje teatral de la época como una lepra dispuesta a acabar con el espectáculo teatral de Francia. Ahora Ionesco con sus últimas obras viene a caer en ese mismo diálogo que sus primeras obras habían combatido. Tanto es así que las puertas de la Comedia Francesa se le abren para el estreno de La sed y el hambre.

Las palabras han acabado por vencer a Ionesco en su lucha con ellas.