FICHA TÉCNICA



Título obra Sotoba Komachi

Autoría Kan’nami

Dirección Roberto Dumont

Elenco Alicia Quintos, Marta Verduzco, Silvia Caos, Fernando Bordeu, Manuel Mena, Manuel Ojeda

Escenografía Miguel Cervantes

Música Alicia Urreta

Vestuario Miguel Cervantes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Teatro japonés”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 19 noviembre 1966, pp. 5 y 6.




Título obra La mujer del abanico

Autoría Yukio Mishima

Notas de autoría Kazuya Sakai / traducción

Dirección Roberto Dumont

Elenco Alicia Quintos, Marta Verduzco, Silvia Caos, Fernando Bordeu, Manuel Mena, Manuel Ojeda

Escenografía Miguel Cervantes

Música Alicia Urreta

Vestuario Miguel Cervantes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Teatro japonés”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 19 noviembre 1966, pp. 5 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Teatro japonés

Mara Reyes

Sotoba Komachi. Autor, Kan'nami (siglo XIV) y La mujer del abanico, Autor Yukio Mishima. Traducción, Kazuya Sakai. Dirección, Roberto Dumont. Escenografía y vestuario, Miguel Cervantes. Música, Alicia Urreta. Reparto: Alicia Quintos, Marta Verduzco, Silvia Caos, Fernando Bordeu, Manuel Mena y Manuel Ojeda.

La coincidencia de la presentación en México de una compañía japonesa de Teatro Noh, seguramente no fue presentida por Roberto Dumont cuando comenzó a preparar su espectáculo con dos obras japonesas, una de teatro Noh del siglo XIV y la otra, una adaptación moderna de aquel antiguo género, realizada por Yukio Mishima, adaptación que fue dada a conocer en Mexico por Óscar Cossío, hace varios años, en el Teatro del Granero. Esa coincidencia es inoportuna porque quien haya visto a la compañía japonesa no podrá evitar ni las comparaciones, ni el recuerdo de la solemnidad casi religiosa que se respiraba en la sala grande del Palacio de las Bellas Artes durante esas funciones, solemnidad ppropiciada por los actores japoneses, que hacen del teatro un rito.

Desde luego el espectáculo que presenta Dumont es diferente puesto que el espíritu de quienes intervienen en este montaje es distinto al japonés; por otra parte, aunque respetó muchas de las convenciones y tradiciones del género, no se apegó absolutamente a ellas; por ejemplo, suprimió a la orquesta (de tamboriles y flauta) y redujo el coro. Tampoco el decorado y el vestuario son réplicas exactas de los que se acostumbran en el Teatro Noh, y en lugar de que la protagonista use máscara, lleva la cara pintada (a modo de máscara), sin embargo, a pesar de esas diferencias, se desprende un cierto encanto de la representación, lo que, después de todo, es lo que importa, puesto que el público al que van dirigidas las obras en esta ocasión recibe el espectáculo de manera distinta que si se tratara de un público japonés. Aunque los movimientos de los actores no tengan todo el simbolismo de los de los actores japonesas, hay una austeridad y un buen gusto evidentes en esta representación. Si juzgamos, por ejemplo, la actuación de Alicia Quintos en Sotoba Komachi; veremos que sus aciertos son innumerables –desde el punto de vista de las escuelas occidentales de actuación– aunque tuvo menos libertad para desenvolverse –según esas escuelas– precisamente por aparecer como protagonista de una obra más rígida en cuanto a la tradición japonesa, que La mujer del abanico en la cual Marta Verduzco y Silvia Caos tuvieron oportunidad de expresarse con mayor amplitud.

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Estas dos actrices, así como Alicia Quintos en la otra pieza, realizaron un trabajo positivamente excelente.

Roberto Dumont cuidó todos los detalles, creó atmósferas y entre sus aciertos se suma también el de haber encomendado la música a Alicia Urreta.