FICHA TÉCNICA



Título obra Cadena perpetua

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Angelines Fernández, Carlos Monden, Blanca Torres, Miguel Gómez Checa, Margarita Galván, Judit Azcárraga, Rogelio Quiroga

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Fábregas

Eventos 25 años de Luis G. Basurto como dramaturgo

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Cadena perpetua”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 12 septiembre 1965, p. 8.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Cadena perpetua

Mara Reyes

Teatro Fábregas. Autor, Luis G. Basurto. Escenografía, David Antón. Reparto: Angelines Fernández, Carlos Monden, Blanca Torres, Miguel Gómez Checa, Margarita Galván, Judit Azcárraga, Rogelio Quiroga, etc.

Veinticinco años como dramaturgo acaba de cumplir Luis G. Basurto. Desde Los diálogos de Suzette, estrenada por el Teatro de Media Noche, en el cine Rex, allá por 1940, la actividad teatral de Basurto ha sido ininterrumpida y multifacética. Ha sido alternartivamente, o simultáneamente actor, actor, adaptador y productor. Su pluma ha recorrido distintos temas, unas veces con éxito, otras sin él, pero siempre con un sello particular dentro de la dramaturgia de México.

Para celebrar este cuarto de siglo como autor, Basurto ha estrenado una obra de último cuño: Cadena perpetua, obra que más da la impresión, de haber sido escrita para radio que para teatro y a la que sólo le faltan los anuncios comerciales entre acto y acto para quedar verdaderamente completa.

Si en general Basurto desdeña la truculencia, en Cadena perpetua abusa de ella; lo que podría ser un estudio sicológico de interés de una enferma mental, lo convierte en un melodrama lleno de lugares comunes. En lo que atañe a la estructura de la obra, puede decirse que el tercer acto fue una mala tentación a la que el autor se dejó arrastrar, pues resulta un pegote irrazonado, aunque de gran “impacto” para el vulgo. La aparición de los vecinos es un emplasto que Basurto pudo evitar y que de suprimirse habría salvado a la obra de caer en una vulgaridad que era perfectamente evitable.

El otro desacierto notorio de Cadena perpetua es el lenguaje. Los diálogos entre los personajes son de tal manera falsos que desvirtúan cualquier intento de verismo. Los personajes hablan con una grandilocuencia innecesaria y siempre con carácter “informativo” para el público, lo que hace que la naturalidad brille por su ausencia en el transcurso de los tres actos.

Para el papel de Catalina, Basurto escogió a Blanca Torres, una actriz con los defectos de María Teresa Montoya, pero sin sus virtudes. Posee todos los trucos del matiz y del gesto; los efectismos más baratos, sobados y anticuados que quizá emocionaban hasta las lágrimas a nuestras abuelas, pero que ahora resultan anacrónicos y fuera de lugar.

Pena da ver a Rogelio Quiroga –a quien se le recuerda con agrado en Panorama desde el puente– tratando de sacar partido, sin lograrlo, al papel de mayordomo. Discretos, Carlos Monden y Angelines Fernández. Un buen diseño de futura dama joven es Judit Azcárraga. Margarita Galván y Miguel Gómez Checa, que han hecho diversos trabajos en la carpa que llevó Basurto por distintas regiones de la República durante la administración pública pasada, demuestran dotes dignas de atención. Esperemos otra obra, con menor apego a la tradición española decadente de principios de siglo, para poder apreciar mejor sus cualidades.

Es costumbre ya decir que las escenografías de David Antón son correctas, y ésta no es una excepción. Antón consigue dar la atmósfera que desgraciadamente Basurto no supo aprovechar. ¡Qué más quisiera yo que mi comentario sobre este autor, que tan afanosamente se ha dedicado a la labor teatral, fuera entusiasta, pero honradez obliga!

Y una sugestión ajena a la obra: sería conveniente quitar del teatro el olor a putrefacción que penetra los pasillos y parte de la sala de espectáculos, y que constituye una falta de consideración para el público asistente.