FICHA TÉCNICA



Título obra El oído privado

Autoría Peter Shaffer

Notas de autoría Manuel Sánchez Navarro / traducción

Dirección Manolo Fábregas

Elenco José Gálvez, Luz María Aguilar, Manolo Fábregas

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Notas Manolo Fábregas es Manuel Sánchez Navarro

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 1 septiembre 1963, p. 8.




Título obra El ojo público

Autoría Peter Shaffer

Notas de autoría Manuel Sánchez Navarro / traducción

Dirección Manolo Fábregas

Elenco José Gálvez, Luz María Aguilar, Manolo Fábregas

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Notas Manolo Fábregas es Manuel Sánchez Navarro

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 1 septiembre 1963, p. 8.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[El oído privado, El ojo público]

Mara Reyes

El oído privado. Teatro del Bosque. Autor, Peter Shaffer. Traducción, Manuel Sánchez Navarro. Dirección, Manolo Fábregas. Escenografía, David Antón. Reparto: José Gálvez, Luz María Aguilar y el propio Manolo Fábregas.

Vuelve Manolo Fábregas al teatro como actor, después de larga ausencia, interpretando y dirigiendo 2 obras en un acto del autor Peter Shaffer, el mismo de Variaciones para cinco dedos.

La primera de ellas El oído privado tiene la forma de una pieza, sólo que de reducidas dimensiones. La base de ella, es la soledad e inadaptación de un hombre a su ambiente. Y toda la anécdota tiene lugar fincándose en los caracteres de cada uno de los tres personajes que en ella intervienen.

Las relaciones entre Boby Ted, así como las que hay entre Bob y Dora, son tan inestables, tan superficiales, que al poner, Bob, en contacto a Ted y a Dora, se encuentra en medio de ellos como un ropero a media habitación, como mueble estorboso del cual hay que deshacerse. De ahí que Bob, tenga que volver a su soledad, a su música que le da compañía y que es su único mundo posible. La traición del amigo, casi no tiene carácter de traición, ya que Bob y Dora eran como el agua y el aceite, sin fusión posible. La elevación de pensamiento de Bob, hace que fracase en sus relaciones humanas y afectivas. La riqueza de su vida espiritual le impide triunfar en su vida laboral. Él no está hecho para llenar facturas, le parece algo inútil y absurdo. Esto trae como consecuencia su poco éxito económico. Bob es un hombre íntegro, al que repugna la vulgaridad. Su amigo y la joven que él pretende conquistar, en cambio, pertenecen a ese mundo, en donde las facturas pueden ser la culminación de la vida, y donde la superficialidad y la vulgaridad son los elementos de su personalidad que les darán el éxito.

La obra está equilibrada, con detalles de una comedia, que dan agilidad a la acción. El diálogo, como una estructura arquitectónica, está bellamente construido.

Por otra parte, la dirección de escena es una obra de arte, cada momento está logrado con toda pulcritud. La escena de la cena, en que Bob escucha las risas y los gritos de Ted y Dora, deformados a través de una grabación acelerada, es un acierto que da gran impacto al espectador.

La actuación de Manolo Fábregas –aunque en momentos habla en voz inaudible–, es magnífica, proyecta sinceramente toda la sensibilidad de su personaje.

Al fin José Gálvez vuelve representar personajes diferentes a los reyes que hizo en el Seguro Social, y a vestir con la ropa actual. Le hacía falta ese cambio, su actuación es magnífica, ágil, vivaz, llena de aciertos.

Luz María Aguilar, hace una estupenda caracterización, en su personaje de Dora. Da admirablemente las dos tónicas que requería la obra: una de disimulo y fingida timidez, al tratar de aparecer como un ser poseedor de un gran mundo interior –que en realidad el personaje no conoce ni por los forros–, y la otra, en la que se descara su verdadera personalidad. Los tres hacen sus respectivas interpretaciones en forma admirable.

El ojo público. Teatro del Bosque. Autor, Peter Shaffer. Traducción, Manuel Sánchez Navarro. Dirección, Manolo Fábregas. Escenografía, David Antón. Reparto: Manolo Fábregas, José Gálvez y Luz María Aguilar.

El asunto de El ojo público es sencillo: una pareja distanciada, vuelve a unirse, gracias a la intervención de un detective. Así relatado, parece demasiado simple, no obstante, la anécdota es original, y la comedia llevada en forma amena y ligera profundiza en la relación de una pareja, tocando todos los puntos posibles, con un tratamiento poco común. El resorte de la trama es el personaje del detective. La vida de la pareja se adivina como dos líneas que partiendo de un punto van abriéndose en un ángulo, separándose cada vez más; aparece el detective, detiene el alejamiento de las líneas y las vuelve a reunir de nuevo en un mismo punto.

Como eje que es el detective, tenía que ser un personaje de gran fuerza, para que no resultara sobrando y para que tuviera la suficiente potencia para variar el curso de los acontecimientos de la vida conyugal del señor Sidley y de Belinda. Pero no sólo le resultó al autor un personaje de fuerza, sino que es toda una creación. Creación que supo interpretar Manolo Fábregas con una simpatía y un calor inusitado. Su trasformación es notable ya que no sólo estuvo a la altura del autor, sino que su creación se eleva a alturas insospechadas. Y su trabajo como director, es digno del mejor de los elogios.

José Gálvez y Luz María Aguilar, también se trasforman de manera total, en relación a los papeles que interpretan en la primera obra, demostrando ambos ser dos actores que dominan su oficio. De ellos debían aprender otros actores que en lugar de tomar la personalidad de los personajes que interpretan, los ajustan a su medida.

Las actuaciones que hacen los tres, de esta obra, igual que de la anterior, son una verdadera cátedra de lo que es el buen teatro comercial.

Las escenografías de ambas obras son magníficas. David Antón se anota un triunfo más en su haber.

No deje de ver estas dos pequeñas obras maestras del teatro moderno, en las que se conjugan todos los elementos, y da por resultado el milagro teatral.