FICHA TÉCNICA



Título obra El alquimista

Autoría Ben Jonson

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Carlos Ancira, Emma Teresa Armendáriz, Augusto Benedico, Carlos Bribiesca, Sergio Bustamante, Ángel Casarín, Ricardo Fuentes, Ángel Pineda, Enrique Reyes, María Rubio, Felipe Santander, Arturo Soto Ureña

Escenografía Julio Prieto

Grupos y compañías Teatro Club

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 30 junio 1963, pp. 2 y 4.




Título obra Tchin-Tchin

Autoría François Billetdoux

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Leonor Llausás, Guillermo Orea, Pablo Leder, Bernardette Landrú, Humberto Huerta, Stella Brunette, Luis Erazo, Mario Ochoa

Escenografía Manuel Felguérez y Fernando García Ponce

Espacios teatrales Teatro 5 de Diciembre

Notas Bernardette Landrú puede ser Bernadette Landrú

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 30 junio 1963, pp. 2 y 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Tchin-Tchin, El alquimista]

Mara Reyes

Tchin-Tchin. Sala 5 de Diciembre. Autor, François Billetdoux. Traducción, adaptación y dirección de Alexandro. Escenografía, Manuel Felguérez y Fernando García Ponce. Reparto: Leonor Llausás, Guillermo Orea, Bernardette Landrú, Humberto Huerta, Pablo Leder, Stella Brunette, Luis Erazo Mario Ochoa.

Billetdoux, ha causado revuelo en Francia por su fuerza dramática, su sencilla exposición, su denuncia de una clase social que él ve en decadencia, su forma directa de plantear los problemas humanos y por la forma en que maneja los diálogos y las situaciones sicológicas. No es un teatro realista, tampoco simbolista, es una protesta que se sirve de personajes reales a través de los cuales se adivina un mundo. Cuando presenta un vicio, no es sólo el vicio que recibe su ataque, sino todo lo que subyace en el origen de ese vicio: formas de educación, formas de con­vivencia, formas de adaptación –o inadaptación– al medio ambiente, formas de relación filial, conyugal o eróticas, etc...

Para la representación se sirve Alexandro, como en anteriores obras, de todos los elementos teatrales para crear su atmósfera, exprimiendo sus posibilidades al máximo. Son los personajes mudos los que hacen el ambiente, los que dan la tónica. Entre estos seres que pululan por el mundo, se mueven los agonistas, hablando en nombre de todos, como corifeos, bebiendo en nombre de ellos, riendo y muriendo también en su nombre.

Domina Alexandro la escena y ese aliado que tiene en la pantomima y que él ha sabido recuperar para el teatro. Además es imaginativa su forma de dirigir y la imaginación empleada con conocimiento se vuelve un factor insustituible para la escena.

La forma en que los escenógrafos: Manuel Felguérez y Fernando García Ponce resolvieron la escenografía, a base de reproducciones de cuadros famosos de Picasso, Braque, etc... intercambiables, no pudo ser mejor, ni más funcional.

Las actuaciones de Leonor Llausás y de Guillermo Orea, son insuperables. Escenas como aquella en que se conocen, cuando Delfina aún disimula al beber el ron en una taza de té, o como aquella otra en que ambos, Delfina y Cesáreo, gritan a los vecinos su verdad, mientras el hijo de ella permanece encerrado dentro del ropero y muchas más, como las del mercado, constituyen verdaderas cátedras de actuación.

Pablo Leder tiene aún serias deficiencias, tanto en la interpretación emotiva, como en la técnica, su dicción deja mucho que desear, aunque el hecho de ser éste su primer papel como profesional reclama indulgencia.

Toda la compañía, que forma como el marco sin el cual no se comprenderían los personajes centrales, realiza un trabajo extraordinario. Sobresaliente es en especial el de Bernardette Landrú, cuya interpretación pantomímica es impresionante. Es una lástima que no se le haya dado una oportunidad mejor.

Muy bien Humberto Huerta.

Es de las obras que no deben dejar de verse.

El alquimista. Teatro Orientación. Autor, Ben Jonson. Dirección, Rafael López Miarnau. Escenografía, Julio Prieto. Reparto: Carlos Ancira, Emma Teresa Armendáriz, Augusto Benedico, Carlos Bribiesca, Sergio Bustamante, Ángel Casarín, Ángel Pineda, Ricardo Fuentes, Enrique Reyes, María Rubio, Felipe Santander y Arturo Soto Ureña.

Ben Jonson, autor de El alquimista, fue contemporáneo de Shakespeare (quizá para su desgracia) y sentía por este admiración y afecto, a pesar de las pullas que en ocasiones se tiraban uno otro. Su obra más conocida Volpone, la llevó a escena en México José de Jesús Aceves en la época en que el Teatro Caracol funcionaba en un sótano de la calle de Cuba. En El alquimista se encuentran, si no situaciones similares a las que se hallan en Volpone –su obra maestra– sí caracteres parecidos: el criado habilidoso que engaña a todos con el objeto de aligerarlos de sus monedas, y muchos otros. Ben Jonson era un autor interesado sobre todo en la pintura del ambiente, más que en la discusión de los problemas de la vida que tanto preocupaban a su genial contemporáneo.

En El alquimista, como en Volpone, no deja en ningún momento de presentar a sus personajes con un gran sentido humorístico; la charlatanería recibe su justo castigo por sus manos y ante el arrepentimiento se doblega como buen cristiano que era.

En sus obras procura no salirse de los cánones y esto quizá se deba a su interés por los clásicos. La agilidad con que se desenvuelven las escenas en El alquimista y el tono satírico de sus diálogos acercan la obra a la farsa, sin que llegue a ella, quedándose en la comedia de enredo, ambiental, que no lleva [p. 6] otro objeto que la crítica de distintos personajes de la sociedad burguesa, como son: Sir Epicuro Mammon (que interpreta Carlos Ancira) o los puritanos, a los que no pierde oportunidad de herirlos con su saeta; es más que probable que al ironizar sobre este o aquel personaje, Jonson estuviera dirigiendo sus dardos a algún contemporáneo suyo, pero el hecho de que hoy no sepamos quien pudo ser aquel contemporáneo no hace perder vigencia a la crítica que hace de los tipos cuya bajeza él descubre y que aún podemos encontrar en nuestra época.

En lo que se refiere a la puesta en escena, el director, Rafael López Miarnau, cuidó sobre todo de dar la atmósfera que las situaciones y la época requerían. Rafael López ha sabido crear en su compañía una seriedad, una disciplina y un entusiasmo que hace de las representaciones una manifestación de verdadero arte.

Sergio Bustamante, en momentos pícaro del Renacimiento y en otros “rebelde” de nuestro siglo, proyecta simpatía con su forma espontánea de actuar.

Emma Teresa Armendáriz no tiene en esta ocasión un papel de lucimiento. Interpreta correctamente la idiosincrasia del personaje, aunque al tratar de darle un carácter italianizante, le resultó más bien un acento español, pero su trabajo es limpio y lo desempeña con el amor de siempre.

Augusto Benedico sorprende con la magnífica personificación que hace de ese burlador burlado que es el alquimista.

Carlos Ancira, recuerda en cierta forma al personaje que interpretara en La mandrágora y no es extraño, dado el carácter italianizante, ya señalado, de la comedia; su trabajo es como siempre, excelente. Sería imposible enumerar las virtudes de cada uno de los actores, pero puede asegurarse que todos ellos: Ángel Casarín, Ángel Pineda, Carlos Bribiesca, Enrique Reyes, Ricardo Fuentes, Felipe Santander, María Rubio, Arturo Soto Ureña, realizan interpretaciones dignas del mayor encomio.

Profesionalismo, dedicación, amor a su trabajo, armonía de equipo y limpieza son las características de este grupo de Teatro Club, que sin lugar a dudas es uno de los mejores de nuestra capital.