FICHA TÉCNICA



Título obra Boeing Boeing

Autoría Marc Camoletti

Notas de autoría Jorge Rado / traducción; Carlos Lozano / adaptación

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Joaquin Cordero, José Salinas Ortega (Cucho), Marta Patricia, Susana Cabrera, Rosa María Gallardo, Mary Ellen

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 14 abril 1963, 7 y 8.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

imagen facsimilar

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Boeing Boeing]

Mara Reyes

Boeing Boeing. Sala Chopin. Autor, Marc Camoletti. Dirección, Manolo Fábregas. Escenografía, David Antón. Traducción, Jorge Rado. Adaptación, Carlos Lozano. Reparto: Joaquin Cordero, Chucho Salinas, Marta Patricia, Susana Cabrera, Rosa María Gallardo y Mary Ellen.

Mil y una veces hemos visto el argumento del tenorio al que se le enredan los horarios y acaba por hacer la apología del matrimonio. Mil y una veces hemos presenciado las mismas carreras para ocultar a una dama, de la otra y de una tercera, los mismos chiste dichos mil y una veces. La comedia como generadora de risa, superficial, cumple su cometido; la pretendida moraleja, tan obvia, es tan esperada, que pierde su carácter de máxima y se convierte en un chiste más.

Desde que aparece en escena el amigo provinciano, con el cual el tenorio se jacta de lo perfecto de su organización para tener tres mujeres a la vez, se sabe de antemano que el único tema de la obra será el desorden de esa organización. Y el hacer creer al público que el amigo sucedera al tenorio en su puesto, cuando éste se decida por la monogamia, para después hacer que por obra y [p. 6] magia del autor, se quede también con una sola mujer, es una sorpresa demasiado pobre para salvar una comedia. Manolo Fábregas realiza un trabajo como para salir del paso, sin hallazgos verdaderos, sin la brillantez de algunas de sus puestas en escena. Si creyó que con hacer las situaciones inverosímiles, estas ganaban en gracia, se equivocó, pues para que lo inverosímil surta efecto, deben las obras teatrales tener otro tratamiento muy diferente. Quiso Fábregas, que no faltara a la comedia, ni la joven vestida en ropa íntima –aunque si hubiéramos visto esta misma comedia en el Teatro Arlequín, la ropa hubiera sido más escasa– ni las bromas homosexuales que tanto gustan al público grueso, ni ninguno de los tantos chistes consabidos, como son los equívocos, en los que se dan besos por confusión de persona, etc...

Tal parece que este género de comedias, va ganando cada día más adeptos en nuestros escenarios, pues si antes solo Banquels, Nadia Haro Oliva y algún otro espontáneo –entre los que se encontró alguna vez el Teatro Caracol– lo mantenían en cartel, ahora se suma a ellos Manolo Fábregas y hasta Lorenzo de Rodas. Cuando los autores –y directores– descubren que cierto género de situaciones gusta a un determinado auditorio, no cesan de repetirlas pensando que con ello tienen el éxito asegurado, y lo peor... es que sí lo tienen, aunque el éxito sea momentáneo, obtienen lo que más aprecian, que es la ganancia económica, quedando ellos muy complacidos y el público también.

En lo que se refiere a la actuación todos los intérpretes cumplen, sin ir más allá de eso. Joaquín Cordero por su parte siente el deber de hacerse simpático, mientras Chucho Salinas siente el deshacerse el tonto. Y con estos respectivos deberes tratan de suplir las insuficiencias del autor.

Las tres jóvenes que aparecen como la sal de un platillo, no logran nunca dar demasiado sabor al guiso, en realidad la que logra mantener un status de interés, es Susana Cabrera, que hace su papel de criada exprimiéndole a su parte hasta la última gota aprovechable. Mary Ellen, Marta Patricia y Rosa María Gallardo, están bastante insulsas.

La escenografía de David Antón, es muy propia para este teatro comercial, que ha llegado en su comercialismo hasta convertirse en una agencia publicitaria, donde no se desperdicia ni el hecho de que alguno de los personajes quiera fumar, para hacer publicidad a una determinada marca de cigarrillos, y no se diga a las compañías aéreas que nunca tuvieron un slogan más largo, y mejor dialogado.