FICHA TÉCNICA



Título obra Los tejedores

Autoría Gerhart Hauptmann

Dirección Carlos Castaño

Elenco Elenco del Grupo de teatro de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales

Escenografía Benjamín Villanueva

Grupos y compañías Grupo de Teatro de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales

Espacios teatrales Teatro de la Universidad

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 21 julio 1961, pp. 2 y 4.




Título obra El pobrecito embustero

Autoría Víctor Ruiz Iriarte

Dirección Elías Smeke

Elenco José Baviera, Alicia Quintos, Edmundo Barbero, Rebeca Sanromán, Jorge Barón, Enriqueta Lara, Guillermina Téllez Girón, Lupe Carriles

Escenografía Amelia Guízar

Espacios teatrales Teatro Milán

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 21 julio 1961, pp. 2 y 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Los tejedores, El pobrecito embustero]

Mara Reyes

Los tejedores. Teatro de la UNAM. Autor, Gerhart Hauptmann. Escenografía, Benjamín Villanueva. Dirección, Carlos Castaño. Reparto: Grupos de alumnos de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales.

El trabajo que hasta la fecha ha estado realizando la Universidad es verdaderamente encomiable ya que en el terreno de lo teatral ha abarcado todos los ángulos: conferencias sobre distintos aspectos del teatro, concursos de crítica teatral, mesas redondas, programas radiofónicos sobre actualidades teatrales, publicaciones, venta de libros, etcétera...

Ahora se está llevando a efecto la escenificación de una obra de Gerhart Hauptmann, escritor alemán (1862-1946) formado bajo la influencia de Arno Holz eminentemente naturalista.

Los tejedores, obra que por ahora nos ocupa, fue escrita en 1892 y es uno de los dramas más representativos del naturalismo alemán, su representación fue prohibida por considerarla un “drama de revuelta”. En dicha obra se plantea el problema del desplazamiento del trabajador manual por el desarrollo industrial que da el lugar a la máquina y se refiere en concreto al levantamiento de los tejedores de Silesia en 1844.

Como antecedente de esta obra puede mencionarse que el abuelo de Hauptmann fue uno de esos tejedores que vivieron la miseria y las condiciones infrahumanas que él pinta en su obra.

El interés por el problema social en Hauptmann es evidente y el leitmotiv es la denuncia, la protesta, la crítica. No hay un protagonista individual, sino una unidad protagónica, es decir, una colectividad la que sufre los hechos. El grupo de teatro de la Escuela de Ciencias Políticas y Sociales, que es a la que pertenecen todos los actores que trabajan en esta escenificación, adaptó el problema al ambiente mexicano con gran éxito y se demuestra con esto, una vez más, que los conflictos que afrontan los pueblos no son privativos de un país o de otro, sino que se ven repetidos en todos aquellos en los que los sistemas económicos son similares.

Decíamos pues, que encontramos muy acertada la adaptación al ambiente mexicano; sin embargo, no estamos de acuerdo en que se haya modificado el final de la obra, pues sentimos que pierde dramatismo y da la idea de que algo ha quedado sin decir. En la obra original Gustavo (Gottlieb, en el original) se decide en el último momento a entrar a la revuelta, y después de tomar el hacha sale a combatir junto con sus compañeros, mientras el padre, lamentándose de que su hijo hubiera caído también en manos del demonio, se encomienda a Dios y en ese momento entra por la ventana una bala y lo mata, al tiempo que Milita, la nieta del viejo, anuncia que los soldados que apoyaban a los fabricantes huyen. El final es pues totalmente distinto y mucho más positivo que como nos fue presentado en la adaptación.

No obstante esto, la obra no pierde su fuerza, el director, Carlos Castaño, logró mover sus figuras con acierto, aprovechó además el espacio –bastante reducido especialmente para un reparto de treinta y nueve actores– y marcó los caracteres de los personajes lo más apegado posible a los requerimientos del texto, a pesar del obstáculo que representaba la diferencia de edad de los actores con la de los personajes. Para juzgar la dirección, es necesario también tomar en cuenta que todos los intérpretes son estudiantes que por primera vez pisan un escenario y quizá precisamente por esto hay una sinceridad absoluta en su trabajo.

También el escenógrafo resolvió los problemas con acierto. Lo importante de esta representación es que todos los intérpretes –director, escenógrafo y actores- logran transmitir la fuerza crítica con que el autor expone la vida de una sociedad.

El pobrecito embustero. Teatro Milán. Autor, Víctor Ruiz Iriarte. Dirección, Elías Smeke. Escenografía, Amelia Guízar. Reparto: José Baviera, Alicia Quintos, Edmundo Barbero, Rebeca Sanromán, Jorge Barón, Enriqueta Lara, Guillermina Téllez Girón y Lupe Carriles.

No cabe duda que el teatro comercial no está en una de sus buenas rachas –de por sí poco frecuentes. Después de tres semanas de inactividad (en cuanto a estrenos) se lleva a escena una de esas comedias que podían haber divertido y emocionado hace unos treinta años a [p. 4] nuestras abuelitas –suponiendo que éstas, por el solo hecho de serlo, deban también ser cursis– ya que no escasean en la obra las situaciones melodramáticas, ni la pseudomoraleja, ni los personajes típicos de una gran parte del teatro español decadente: el hombre bonachón del que todo el mundo se burla, la beata solterona que al fin habla de que si ella se hubiera casado habría sabido aquilatar a su esposo, etcétera… etcétera… y más etcétera.

Si el autor hubiera desistido de su lección de vida conyugal quizá habría aprovechado el tema en una forma satírica tal como se apunta –y sólo se apunta– en el primero y segundo actos; tema que en el tercero echa por la borda desperdiciando así el resorte de la anécdota en forma lamentable... pero hablar de este modo es caer en aquello de que “si mi tía tuviera ruedas...”, es increíble que a estas alturas del siglo XX en que problemas tan insólitos aquejan al mundo haya quien quiera seguir aferrándose a moldes tan arcaicos.

Para acabar de dar la puntilla al público, que en última instancia es en quien recaen las consecuencias de una mala actuación, parece mentira que sea el mismo José Baviera que vimos en La carroza del santísimo puesta en el Teatro del Granero en 1959. La única que sale adelante con su papel es Alicia Quintos –pasable la niña Enriqueta Lara– y de lo demás, mejor no hablar.