FICHA TÉCNICA



Título obra Las manos de Dios

Autoría Carlos Solórzano

Notas de autoría Keith Leonard y Mario Soria / traducción al inglés

Dirección Keith Leonard

Grupos y compañías Actores egresados del Centro Teatral del Hiram College

Eventos Celebración Iberoamericana en Cleveland, E.U

Notas Extractos de críticas estadounidenses sobre el montaje Las manos de Dios de Carlos Solórzano presentado en la Celebración Iberoamericana y comentarios de la autora sobre el poco conocimiento de teatro latinoamericano fuera de la región

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. En Cleveland. Carlos Solórzano”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 16 junio 1968, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Carlos Solórzano
En Cleveland

Mara Reyes

Repetidas veces he sostenido que hay que romper esa barrera de indiferencia que los países desarrollados tienen por Latinoamérica. A nuestro subdesarrollo económico se asocia un supuesto subdesarrollo intelectual que no deja de ser un mito, nacido de nuestra timidez y de un miedo enfermizo al ridículo que ha acabado por provocar en esos pueblos una reacción similar a la que tiene una persona normal frente a un mudo: acaba por acostumbrarse a su silencio y deja de interesarse en establecer comunicación con él.

No es sólo la barrera del idioma lo que hace que en Europa y en los Estados Unidos no se conozca nuestro teatro (recordemos la confesión de Arthur Miller, en su visita a nuestro país, de no conocer nada o casi nada del teatro mexicano), sino esa especie de “complejo” colectivo de inferioridad que marca como con un hierro candente toda nuestra conducta. Debemos rebelarnos ante ese trato tutelar, como se rebela el joven que está por cumplir su mayoría de edad, cuando sus padres lo tratan como si tuviera todavía diez años. Dentro de las lides teatrales podrá existir aún un “subdesarrollo económico”, no lo niego, pero de ninguna manera existe ya el artístico, en este terreno estamos viviendo una adolescencia rica en experiencias y hallazgos. Es hora de afrontar nuestras responsabilidades y de hacerle saber al mundo que estamos en posición de entrar al juego de los adultos. Pero no va a ser en nuestra casa, sentados como en espera del maná, como vamos a vencer en la lucha, hay que ir al campo de batalla y conquistar el puesto que legítimamente nos corresponda.

Muy bien está la “Olimpiada Cultural” que se efectúa en México, pero nuestra verdadera olimpiada está en salir de nuestras fronteras con la antorcha en la mano y obligar a los pueblos del mundo a conocernos.

Se han dado unos cuantos pasos en ese sentido, el grupo universitario que fue a Nancy, por ejemplo, o Carlos Ancira interpretando a Gógol en la misma patria de Gógol; éstos y unos cuantos más han sido algunos tanteos para romper esa barrera. Ahora, Carlos Solórzano acaba de hacer una nueva tentativa. El mes pasado se llevó a cabo en Cleveland la Celebración Iberoamericana que tuvo como punto central la representación de la obra Las manos de Dios de Solórzano, traducida al inglés por Keith Leonard y Mario Soria, y dirigida por el primero, bajo los auspicios de la National Foundation on the Arts y el Ohio Arts Council, con actores egresados del Centro Teatral del Hiram College. La crítica recibió la obra con beneplácito. El Euclid News Journal dice que “La obra enfoca el problema de una tenue relación entre la Iglesia y el Estado y es una poderosa expresión de la lucha del hombre por su propia afirmación”. El Record Courier expresó: “Las manos de Dios, con raíces en los autores sacramentales [sic], presenta una extraordinaria interpretación del hombre por la búsqueda de su propia identidad, por una respuesta que vaya más allá de la puerta cerrada de la muerte, de la nada”. La Fine Arts Weekly Guide dijo que “la obra rechaza la supersticiosa aceptación del mundo como es y arguye que el hombre debe actuar para obtener su libertad, en vez de lamentarse piadosamente por su existencia y buscar así un Dios de la vida en vez de un Dios de la muerte”.

Como resultado de esta temporada, Las manos de Dios será representada en Nueva York en 1969 durante la Primera Temporada de Teatro Iberoamericano que se celebrará en esa ciudad.

He ahí, en términos deportivos que son los que están de moda, un punto más ganado en favor de nuestro teatro. No es quejándonos del olvido en que nos tienen como modificaremos las circunstancias, sino yendo al encuentro de los problemas y superándolos en el tablero como podemos demostrar si hay valores que deban ser reconocidos.